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Tuvo que venir a Tlaxcala la dirigente nacional de MORENA para instruir a algunas/os presidentes/as municipales que debían implementar “El día del Pueblo” que les obligará a salir de sus oficinas y acercarse a la ciudadanía para escuchar de manera directa las problemáticas y necesidades.

Sus palabras fueron un recordatorio de que la política debe tener como objetivo transformar la vida de las personas. Pero esa transformación sólo es posible cuando las decisiones se nutren del pulso real de la sociedad, no desde la comodidad de la oficina de quienes detentan del poder.

Por eso es tan significativa la propuesta de MORENA de instituir un “Día del Pueblo”: un día a la semana para que las autoridades salgan de sus oficinas y escuchen directamente a quienes representan y quienes les otorgaron la confianza del voto para colocarles en sitio en el que se encuentran.

Enojo
La propuesta emerge de una realidad que algunas o algunos políticos se han percatado cuando salen a las calles y escuchan los reclamos e insultos de una ciudadanía que se siente defraudada y muy lejana a sus autoridades.

Las promesas desproporcionadas de quienes llegaron a las presidencias municipales, gracias a sus discursos, hoy se topan con una ciudadanía que reclama que hay oídos sordos a demandas cotidianas.

El partido sabe que la mayor fortaleza del movimiento se sustenta en la base social, en esas y esos ciudadanos que le han apostado a una forma distinta de hacer política.

El riesgo
La dirigencia sabe que hay riesgos, que vivimos tiempos donde la ciudadanía exige gobiernos más cercanos, más humanos y más responsables. Se trata de desmontar el esquema tradicional del poder vertical, donde las instituciones parecen inaccesibles, para construir una nueva relación basada en la escucha activa, la empatía y la acción compartida.

Que un funcionario o funcionaria deje la comodidad de su escritorio para sentarse a escuchar a una madre jefa de familia, a un joven que busca empleo, a una comunidad que defiende su territorio, no es un gesto populista, es una práctica democrática profunda.

Un “Día del Pueblo” tiene el potencial de abrir esos micrófonos. Pero para que no se quede en un acto simbólico o superficial, debe ser acompañado por tres acciones claves: compromiso, seguimiento y transformación. De otra manera, se corre el riesgo de que su cumplimiento se dé como mero trámite frente a una exigencia partidista. En mera simulación.

Primero, el compromiso de realmente estar presentes, de mirar a los ojos, de no interrumpir, de no prometer lo que no se va a cumplir. Segundo, el seguimiento, porque escuchar, sin dar respuesta, es una forma sutil de ignorar. Y tercero, la transformación, que implica traducir esas voces en propuestas que cambien realidades.

Ojalá que este “Día del Pueblo” se convierta en una escuela de ciudadanía y una práctica habitual del poder. Porque cuando quienes están al frente de las instituciones escuchan, la democracia respira. Y cuando las decisiones se toman de la mano del pueblo, la justicia deja de ser promesa para convertirse en realidad.

Pero ya veremos cómo lo implementan

A pie de página

Las piezas se mueven en el ajedrez, es decir, nada está escrito respecto al quien le tocara jugar para la gubernatura en el 2027: hombre o mujer. Quien lo decidirá, afirmó la dirigente de MORENA, será la ciudadanía.

El contenido de esta columna es responsabilidad única y exclusiva de quien la escribe y no responde, necesariamente, al enfoque editorial de este medio.