MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Que bello espectáculo el de la moralidad en Tlaxcala. La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, salió al quite: “¡No se vale presionar! Invitación sí, obligación no. Mándenme su cartita a Sara Torres y yo, en persona, velaré por su sagrada libertad”.

¡Qué conmovedor! Uno casi llora de la emoción. Sobre todo cuando el coro de fondo, ese que incluye burócratas del “7 de Mayo”, alcaldes poco convencidos y trabajadores del estado, canta otra tonada: “Trae tus diez personas a la marcha, firma por el delfín o ya veremos qué pasa con tu plaza, tu bono y tu tranquilidad existencial”.

Es impresionante la capacidad de la mandataria para distinguir entre presión mala (la de Blanca Águila pidiendo apoyo para Ana Lilia Rivera Rivera) y la invitación entusiasta (la que sale de las oficinas de gobierno y del municipio capitalino cuando se trata de alinear voluntades para el proyecto sucesorio).

Una es escandalosa y amerita cartita acusatoria certificada. La otra es simplemente “trabajo en equipo” y “unidad por Tlaxcala”.

La doble moral aquí no es un defecto, es un arte. Es casi performance. Porque cuando se trata de sindicatos afines o de empleados públicos que deben mostrar gratitud eterna por seguir cobrando, la coerción se disfraza de “compromiso revolucionario”.

Pero ay del sindicato que presiona en la dirección equivocada: entonces sí, sale la defensora de los derechos humanos laborales con capa y todo.

“La gente es libre”, dice la gobernadora. Claro, libre siempre y cuando esa libertad coincida con lo que conviene en Palacio. Libre de elegir… entre apoyar o explicar por qué no apoyas. Libre de decidir… siempre que la decisión sea la correcta.

Es la libertad estilo tlaxcalteca 2026: con supervisión cercana y recordatorio frecuente de que “nadie va a ser removido” (guiño, guiño).

Mientras tanto, en las redes y en los pasillos, los trabajadores comentan con sorna: “Sí, claro, mándame la cartita… para que quede registro de quién se quejó”.

Porque aquí hasta la denuncia tiene que ser institucionalizada, con copia de conocimiento y testigos, no vaya a ser que alguien se tome muy en serio eso de la “tranquilidad”.

Ciudadana Gobernadora, le creemos. Por supuesto que le creemos. Usted es la primera sorprendida de que existan presiones en su gobierno. De hecho, probablemente ya mandó investigar quién filtró que se estaba presionando.

Porque en Tlaxcala la única presión permitida es la atmosférica, y de preferencia la que viene de arriba hacia abajo, bien dirigida y con objetivo electoral claro.

Total, para eso están las cartitas. Para que todo quede muy bonito en el expediente. Y para que siga brillando, impoluta, la doble moral que tanto caracteriza a esta administración: “No se vale presionar… cuando no somos nosotros los que presionamos”. Amén. Y que venga la siguiente cartita.

Las tres de ley… 1- En Apizaco la libertad de expresión ya tiene nuevo nombre: “acoso”. Según la regidora de Morena, un periodista que se acerca a pedir una entrevista es un acosador. Qué nivel de análisis de la oriunda de Zacatelco, Leticia Atempa Díaz.

2- Mañana cualquier ciudadano que pida cuentas en una sesión de cabildo también será “hostigador emocional”. ¡Qué avance democrático!. Pronto van a necesitar un permiso por escrito firmado por notario para poder hacer una pregunta.

3- La policía municipal ya no persigue delincuentes, ahora protege sentimientos En lugar de andar tras los malos, ahora los elementos actúan de guardaespaldas emocionales de la regidora. ¿Asaltos? ¿Robos? ¿Corrupción? Eso puede esperar. Lo urgente era defender a la funcionaria de… un reportero con micrófono. Prioridades, señores, prioridades.