Luis Antonio Ramírez Hernández, el morelense que obligó a modificar la Constitución Política de Tlaxcala solo para poder ocupar la Secretaría de Gobierno, volvió a demostrar que está becado en un cargo para el que nunca se preparó.
Históricamente, la Secretaría de Gobierno había sido ocupada por figuras con trayectoria política real, sensibilidad social y profundo conocimiento del tejido tlaxcalteca. Con Ramírez Hernández esa tradición se rompió pues desde su llegada, el puesto se ha devaluado visiblemente.
Pocos lo dicen en voz alta, pero muchos lo murmuran: el grave conflicto en la Universidad Tecnológica de Tlaxcala (UTT) se ha agudizado por la cerrazón de la administración estatal para abrir canales reales de diálogo.
El principal opositor a una negociación genuina ha sido el propio Ramírez Hernández, quien, según versiones de participantes en la mesa de seguridad, antepone rencores personales y cálculos políticos antes que facilitar información útil a la titular del Ejecutivo. Le miente y tuerce la información
Mientras voces sensatas han sugerido que la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros dialogue directamente con los agraviados, Ramírez Hernández ha impuesto una ruta dura: confrontación, “correr a todos” y recontratación selectiva solo de quienes se plieguen.
Su “sesuda” estrategia ya logró un paro indefinido que mantiene tomada la universidad en El Carmen Xalpatlahuaya, Huamantla.
El siguiente escalón, advierten, podría ser un choque físico entre grupos afines y opositores al rector Lenin Calva Pérez, a quienes se ha llamado a “defender su trabajo” recuperando el campus “a cualquier costo”.
Los trabajadores administrativos, docentes y ahora también estudiantes denuncian una larga lista de agravios: despidos injustificados, violaciones al contrato colectivo, retrasos en pagos y prestaciones, falta de seguridad social, ausencia de planes de jubilación dignos, deterioro de la infraestructura y un claro rezago académico.
Se acusa directamente al rector Lenin Calva Pérez y a su equipo, incluyendo al director administrativo Daniel Herrera Carvajal, de intransigencia, malos tratos y falta de resultados.
Especial molestia genera la directora de Vinculación, Mariana Rodríguez Olguín, señalada por presunto nepotismo al ser hija de un alto funcionario estatal, sin que su perfil demuestre capacidad para el cargo.
En las últimas horas el paro continúa sin solución a la vista. El gobierno estatal reitera que apuesta por el diálogo, pero rechaza condicionar cualquier negociación a la destitución inmediata del rector.
Mientras tanto, los inconformes mantienen las instalaciones cerradas y las marchas, exigiendo perfiles calificados y atención real a sus demandas.
Qué ironía tan tlaxcalteca: un secretario de Gobierno que llegó gracias a un cambio constitucional exprés, ahora le recomienda a otros “correr a todos y recontratar solo a los leales”.
Porque nada dice más de “mérito y preparación” que modificar la ley para caber tú, junto con los tuyos y luego bloquear el diálogo para que nadie más quepa. ¡Maestro de la congruencia!

