MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Política hipotecaria

En Tlaxcala la política lleva décadas teniendo sabor a linaje. Sánchez Piedras, Paredes Rangel, Ortiz Ortiz, Sánchez Anaya, Cisneros Fernández, González Zarur, todos apellidos que se turnan el poder como quien reparte una herencia familiar.

Gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales, presidencias municipales: todo queda en casa o en el reducido club de familias que desde antes de que existiera Morena ya decidían quién comía y quién aplaudía de pie.

Esas dinastías no gobiernan solas: gobiernan con deuda. Deben favores al PRI que las parió, al PAN que las adoptó cuando convenía, a los constructores que financian campañas, a los líderes sindicales que entregan votos a cambio de notarías y plazas.

Deben tanto que, aunque cambien de partido, nunca cambian de prácticas. Y en medio de ese mapa de apellidos intocables aparece Ana Lilia Rivera Rivera.

La de Calpulalpan es una mujer que no lleva sangre azul tlaxcalteca, que no es hija, sobrina, nuera, nieta, ni ahijada de ningún exgobernador.

Que no debe una sola plaza, un solo contrato, un solo favor a las familias que han tratado al estado como hacienda privada.

Ella representa exactamente lo contrario: la política sin hipoteca, sin ataduras y sobre todo sin lastres que mañana significan una herencia maldita.

Me lo dijo en entrevista: Lleva 29 años en la lucha sin haber pedido permiso a ninguna cúpula tradicional. Formó Morena en los tiempos en que hacerlo significaba ser perseguido, difamado y abandonado por los propios compañeros que luego correrían a refugiarse al PRI o al PAN cuando esos colores olían a victoria.

No tiene compromisos con los viejos poderes porque nunca los necesitó para llegar donde está. Por eso los rumores de veto le resbalan y le indignan al mismo tiempo.

Rivera Rivera sabe que detrás de cada “trascendido” hay un interés de quienes no soportan que alguien sin apellido de abolengo dispute el trono que siempre consideraron propio. Que consideran herencia familiar.

En Tlaxcala, elegir a Ana Lilia en 2027 no sería solo elegir a una candidata; sería romper el molde. Sería decirle a las dinastías que su tiempo se acabó.

Sería demostrar que en este estado también puede gobernar alguien que no debe nada a nadie más que al pueblo que la vio nacer y crecer entre sus comunidades.

Cuando una persona llega al poder sin deber favores, gobierna mirando hacia adelante en lugar de pagar facturas del pasado y eso asusta a los de siempre.

Cambiar el rumbo de las familias y linajes es lo que Tlaxcala necesita: una gobernante libre de cadenas familiares, libre de deudas con los viejos dueños del estado, que conozca y entienda las necesidades.

Unidad sí, pero unidad del pueblo, no de los apellidos que siempre han mandado. Esos que posan para la foto pero que jamás se han unido para beneficiar a Tlaxcala.

Veto no, sobre todo veto a quienes creen que Tlaxcala sigue siendo su finca particular y han hecho de la administración una agencia de colocación para hijos, sobrinos, cuñados y ahijados.

Ana Lilia Rivera no representa una corriente, representa la posibilidad histórica de que, por primera vez, Tlaxcala sea gobernado por alguien que no lleva el poder en los genes ni en la cartera de compromisos.

Y eso, en este estado, sería una revolución pacífica con sabor a justicia largamente esperada incluso por quienes hoy cobran del erario y defienden los discursos pero solo por la conveniencia que les representa una continuidad laboral. En el fondo esperan que la elección llegue para mostrar reciprocidad a sus “amos”.

La máxima autoridad ya dio el permiso que Ana Lilia esperaba, como me lo dijo antier en entrevista. Claudia Sheinbaum les pidió salir al campo, a las redes, a defender lo que en las entidades no se hace ni por parte de los congresistas, ni por los supuestos aliados sembrados en distintos espacios.

Por eso el llamado que reitera Ana Lilia a Oscar Flores Jiménez, Silvano Garay Ulloa, Dulce María Silva Hernández, Irma Yordana Garay y a todos aquellos que sientan fervor, no por la nostalgia del pasado sino por el futuro que podría ser.

Aunque en el fondo reconoce que en cada uno de ellos hay un candidato natural, sabe que al conocerse el nombre de la fémina -si el género así lo determina- tendrá un aliado más y que, en caso de que el abanderado sea varón, ya se habrá avanzado en la configuración de un nuevo frente al que podría sumarse. Los tambores ya sonaron.

Las tres de ley… 1- La confrontación de ideas que una joven estudiante tuvo ayer con la mandataria Lorena Cuéllar Cisneros, le permitió a la titular del ejecutivo convertir un escándalo en una auténtica audiencia pública donde las ideas se privilegiaran

2- Contrario a lo que muchos pensarían, Cuéllar Cisneros mostró estatura, temple, madurez y un manejo de sí misma que hace meses hubiera sido impensable. No sé qué le pasó, quizá dejó de escuchar asesorías que la descolocaron de la realidad, pero sea lo que sea fue para bien.

3- Al final la estudiante acabó en un diálogo que se tornó en invitación de la propia Cuéllar a la inauguración del próximo C2, la cita será con quien minutos antes había desmentido sus cifras y discursos de estabilidad en materia de seguridad. El diálogo y la mesura que siempre había mostrado ayer la invadió y le dejó una nueva amistad y un escándalo menos.