La intención de los organismos autónomos ha sido, desde su comienzo, una contención a los excesos presidenciales. El expresidente Vicente Fox padeció la creación del Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública (INAI), a pesar de que en su momento impulsó su creación cuando aspiraba a la Presidencia de la República.
El problema de este tipo de organismos es que no se cree en su imparcialidad, en su neutralidad. Desde la oposición se les critican resoluciones a modo del gobierno en turno, y desde el gobierno se le reprueban sentencias favorables a la oposición.
En un sentido democrático, a este tipo de organismos debe entendérseles por sus resoluciones a partir de lo jurídico, no de lo político. Pero no ha sido así: las filias y fobias de los actores políticos no paran de descalificarlos desde trincheras acomodaticias. Y eso, al paso de los años, los ha desgastado.
Es el caso actual con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien los ha descalificado con el argumento de que sirven a los intereses del capitalismo, de los de arriba. Pero todo tiene, sin embargo, un origen: la desconfianza. Y la desconfianza tiene su origen: la repartición de posiciones.
Eso fue lo que sucedió en los recientes tiempos neoliberales cuando los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional se repartían las posiciones de los órganos autónomos. En eso también contibuyó el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Pero esos tiempos se acabaron en la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador, quien ha criticado la repartición de cargos mediante conveniencias políticas reflejadas en votaciones provenientes del Congreso de la Unión.
Con esa repartición de cargos, quienes hoy conforman la alianza PAN-PRI-PRD han quedado al descubierto: entregaron a los organismos autónomos al vaivén de conveniencias políticas que hoy son rechazadas por la sociedad.
Con ese antecedente, hoy se debate en la Cámara de Senadores la designación de más de más de un centenar de cargos en organismos autónomos.
Se pensaba que en diciembre pasado, con el regreso de Ricardo Monreal Ávila al Senado de la República, esas designaciones quedarían destrabadas, pero no ha sido así. El caso más reciente fue la designación de Lenia Batres Guadarrama como ministra de la SCJN, que llegó ahí por la designación directa del presidente Andrés Manuel López Obrador, no de la Cámara de Senadores.
Hoy en día, más de un centenar de nombramientos están pendientes en diversas instituciones, esperando el consenso de al menos tres cuartes partes de los votos de un total de 128 senadores. Uno de esos organismos es el Tribunal Electoral de Tlaxcala (TET).
El gandallismo con el que en su momento se condujeron PAN, PRI y PRD para conformar los organismos autónomos, está echando a perder su actual conformación. No es Morena, es la desconfianza. En esa circunstancia, es mejor esperar mejores tiempos de consenso, aunque éstos estén fuera del proceso electoral ya en marcha.
PAN, PRI y PRD buscan tener mayoría en los nombramientos para integrar los organismos autónomos, pero no la tienen ni lo tendrán. Esa es la realidad actual de lo que dicen las encuestas electorales.
La ciudadanía, que al igual que las instituciones esperan su conformación completa, no deben olvidar que éstas últimas no han dejado de funcionar. Siguen su camino rumbo a la elección del próximo 2 de junio y ahí es donde pueden encontrar la luz. Dejemos al tiempo, entonces, un mejor momento de integración, no el “agandalle delincuencial” con el que se pretende actuar.
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