Martín Rodríguez/INNOMBRABLE
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El próximo domingo Tlaxcala recibirá la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador. No será una gira de trabajo cualquiera porque vendrá a hacer entrega de templos que fueron remodelados a raíz de los dañados que éstos recibieron durante los sismos de 2017 y de 2019, varios de los cuales tuvieron que cerrar sus puertas a la ciudadanía, por el tema de seguridad de las familias ante la posibilidad de cualquier derrumbe.

La visita presidencial está contemplada como parte de la entrega de certificados a las obras terminadas dentro del “Programa Nacional de Reconstrucción en Materia Cultural”, que impulsó la titular de la Secretaría de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, coordinadora de este proyecto a nivel nacional.

De Tlaxcala se trasladará a Puebla por la tarde para revisar avances del Plan Nacional de Reconstrucción en esa entidad federativa. Allá pernoctará para después, en la mañana del siguiente día, realice su acostumbrada conferencia mañanera desde ese territorio.

Es importante saber que Tlaxcala ya no estaba contemplada para ser visitada en lo que resta del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, que concluirá su mandato el 1 de octubre de este año. Sin embargo, Antonio Martínez Velázquez, secretario de Cultura en Tlaxcala, y la propia Frausto Guerrero, generaron las condiciones para que el líder moral de la Cuarta Transformación estuviera en Tlaxcala.

Aunque no se sabe el lugar en el que entregará los certificados, es un hecho que participarán en el acto algunas figuras de la política estatal, pero también los propios albañiles y trabajadores constructores que con su labor permitieron el rescate de los inmuebles, cuya inversión se estima en más de 40 millones de pesos.

La importancia de la visita presidencial del próximo domingo no es exclusivamente por el resultado de la apertura de los templos, que, por supuesto, será para el disfrute por parte de visitantes locales y extranjeros.

Lo es también por el significado económico que representará para Tlaxcala, pues es sabido que el turismo religioso es generación de importantes recursos para habitantes de diversas comunidades y municipios del estado.

Existen trabajos de investigación nacionales e internacionales que ubican a Tlaxcala como un destino turístico por ser sede de una edificación declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como lo es el templo de San Francisco.

Y si bien es cierto que la capital del estado de Tlaxcala es donde se recibe el mayor impacto de turistas y visitantes, bien se conoce que existe un área de influencia con los municipios de Chiautempan, Apetatitlán, Tlaltelulco, Totolac, Panotla, Tepeyanco, Xilonxoxtla y Contla de Juan Cuamatzi, además de ser enlace de las zonas urbanas de Apizaco, Huamantla, Tlaxco, Nativitas, Calpulalpan y Zacatelco. Es decir, que prácticamente influye en todo el ámbito estatal.

La recuperación de los templos religiosos significa mucho para Tlaxcala, sin embargo, los gobiernos estatal y municipales también deben poner su parte a través de un plan integral de servicios básicos, que incluye la seguridad de los visitantes, infraestructura, reordenamiento vial y de comercio. No todo corresponde al gobierno federal.

Ahora bien, la visita de López Obrador a Tlaxcala tiene implicaciones políticas, no sólo por la confirmación de la presencia de la senadora Beatriz Paredes Rangel, sino también por la realización de la marcha denominada “Por la Defensa de la Democracia”, en la que participarán organizaciones “sociales” con clara vinculación a partidos políticos.

Lo deseen o no las personas organizadoras, la marcha se verá opacada en Tlaxcala por la visita del presidente de la República. Una marcha que, hay que decirlo, busca defender privilegios de tiempos pasados que es necesario erradicar de tajo con una reforma constitucional, que ya ha sido planteada por López Obrador.

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