MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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En Morena Tlaxcala la formación política se volvió privilegio de facción. José Isabel Juárez Torres, dirigente de la Unión Campesina Democrática, lo dijo sin rodeos: los cursos presenciales de preparación partidista no se ofrecieron en igualdad de condiciones. 

Mientras simpatizantes del grupo de Alfonso Sánchez García tuvieron acceso, otros —especialmente quienes se identifican con el proyecto de Ana Lilia Rivera Rivera— quedaron fuera. No es un rumor de pasillo, es la denuncia de quien representa a un sector campesino que ya había cerrado filas con Rivera y que ahora vuelve a señalar lo mismo: la dirigencia estatal opera con preferencias.

Desde que Jaina Daniela Flores Meneses asumió la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal —después de la salida de Marcela González Castillo, el partido en Tlaxcala ha profundizado la fractura en lugar de cerrarla. Habla de unidad, pero evita reconocer abiertamente a Ana Lilia Rivera como coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, designación que ya tomó la dirigencia nacional. 

Respeta “las decisiones de las autoridades”, dice, pero no se reúne, no felicita con convicción y mantiene la distancia. Mientras tanto, las estructuras territoriales y los espacios de capacitación parecen seguir respondiendo a la lógica de un solo grupo. El que a ella la impuso.

La convocatoria para coordinadores municipales de Defensa de la Transformación, abierta del 8 al 18 de octubre, llega en ese clima. El partido invita a registrarse y a tomar los cursos virtuales como alternativa, pero el daño ya está hecho: quien tuvo acceso a la formación presencial acumula contactos, información y legitimidad simbólica que el virtual no iguala del todo. 

Y encima, la propia convocatoria permite que presidentes municipales en funciones se registren sin separarse del cargo: ventaja de estructura, de presencia y de recursos frente a quien no tiene el poder municipal. Exactamente lo que Juárez Torres cuestiona: reglas que no generan condiciones equitativas.

Esto no es un problema menor de logística. Es la contradicción abierta con los principios que Morena dice defender; el partido se construyó sobre la idea de inclusión, de militancia formada y de rechazo a las prácticas de exclusión por lealtades personales. 

Cuando la formación política se convierte en filtro de grupo, deja de ser herramienta de transformación y se transforma en instrumento de control y cuando la dirigencia estatal no es capaz de arbitrar con neutralidad —ni siquiera de reconocer formalmente a la coordinadora designada por el centro—, el mensaje hacia las bases es claro: el piso no es parejo.

La UCD y otros sectores ya lo advirtieron. Hay quienes presionan con programas, quienes convocan con listas de asistencia y quienes privilegian a los suyos en los espacios de preparación. Todo eso ocurre mientras se acerca el proceso municipal y mientras el partido nacional insiste en la unidad. 

En Tlaxcala, esa unidad sigue siendo discursiva, porque en los hechos, la dirigencia de Jaina Meneses ha sido incapaz de construir un espacio donde todos los grupos se sientan parte del mismo proyecto. La pregunta que queda en el aire no es retórica.

¿Morena en Tlaxcala garantizará condiciones iguales para todos los aspirantes o la formación política seguirá marcada por las preferencias de quienes disputan el control del partido? Porque si la respuesta es la segunda, entonces no solo se exhibe la inequidad: se confirma que, después del relevo en la dirigencia estatal, el movimiento perdió el sentido de lo que significa ser árbitro y se convirtió en parte interesada.

El plazo de los cursos virtuales vence el 18 de octubre, todavía hay tiempo de corregir, pero corregir exige más que abrir una plataforma digital. Exige transparencia en quiénes fueron invitados a los cursos presenciales, criterios públicos y una dirigencia que deje de operar como extensión de un grupo. 

De lo contrario, el proceso de coordinaciones municipales nacerá viciado y la legitimidad interna seguirá en entredicho. En política, la inequidad no se disfraza con discursos de unidad, se nota y en Tlaxcala, ya se nota demasiado.