En un momento en que México avanza hacia una transformación digital impulsada desde el gobierno federal, Tlaxcala tiene una oportunidad única para dar un salto cualitativo en su desarrollo.
Antonio Martínez Velázquez, coordinador de Comunicación Social del gobierno estatal, podría convertirse en un puente clave para ello, gracias a su cercanía con José Antonio Peña Merino, el arquitecto de la exitosa digitalización de servicios en la Ciudad de México durante la gestión de Claudia Sheinbaum como jefa de Gobierno.
Peña Merino (también conocido como Pepe Merino), quien hoy dirige la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones a nivel nacional, demostró en la CDMX cómo es posible simplificar trámites, crear identificaciones digitales únicas (como la Llave CDMX) y hacer que los portales gubernamentales sean accesibles y funcionales.
En Tlaxcala, donde los discursos oficiales insisten en la modernización electrónica de servicios, la realidad es distinta: ingresar a los sitios web del gobierno estatal sigue siendo una odisea para muchos ciudadanos, y concluir un trámite en línea, un lujo reservado para quienes cuentan con conexión estable y habilidades digitales. Súmele que varios de ellos son verdaderos crucigramas.
Esta brecha no es solo técnica; es estructural y profundiza desigualdades pues incluso los jóvenes de la misma generación difícilmente pueden hablar de igualdad cuando unos y otros viven con diferentes realidades entre ellos mismos.
Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024 del INEGI, el 73.6% de los hogares mexicanos tiene acceso a internet, pero las disparidades entre entidades son marcadas.
Líderes como Ciudad de México, Sonora y Nuevo León superan el 83%, mientras que estados como Chiapas (50.7%), Oaxaca (55.5%) y Guerrero (58.9%) quedan rezagados.
Tlaxcala, aunque no figura en los últimos lugares, enfrenta retos similares en zonas rurales y comunidades vulnerables, donde la conectividad limitada frena el acceso a educación en línea, telemedicina, oportunidades laborales remotas y servicios gubernamentales básicos.
El Índice de Desarrollo Digital Estatal (IDDE) 2025 del Centro México Digital destaca que Tlaxcala ha registrado avances recientes gracias a políticas focalizadas, posicionándose mejor que entidades vecinas en adopción tecnológica.
Sin embargo, persisten desafíos en infraestructura, asequibilidad y alfabetización digital, especialmente en municipios alejados donde el costo de un dispositivo o un plan de datos representa una carga significativa para familias de bajos ingresos.
Esta desigualdad no es menor: en un país donde más de 100 millones de personas usan internet (83.1% de la población mayor de 6 años, según ENDUTIH 2024), la exclusión digital condena a sectores enteros a quedarse atrás.
En Tlaxcala, impacta directamente a estudiantes que dependen de clases híbridas, pequeños emprendedores que podrían vender en plataformas digitales y ciudadanos que buscan agilizar trámites sin desplazamientos costosos y largos.
A pesar de los avances nacionales —como el crecimiento en hogares con dispositivos inteligentes conectados (de 7.7 millones en 2023 a 10.2 millones en 2024)— y los esfuerzos locales en seguridad, salud e infraestructura bajo la administración local actual, la conectividad sigue siendo un pendiente.
Los discursos sobre modernización suenan huecos cuando los portales oficiales fallan o son inaccesibles para quienes más los necesitan.
Aquí radica la oportunidad: con el respaldo federal en transformación digital y la experiencia de Peña Merino —quien conoce las debilidades de cada entidad—, Tlaxcala podría priorizar la expansión de infraestructura en zonas rurales, la capacitación digital masiva y la verdadera simplificación de servicios en línea.
Antonio Martínez, con su posición estratégica y redes, podría impulsar esta agenda desde la comunicación gubernamental, promoviendo no solo anuncios, sino resultados tangibles.
Cerrar la brecha digital no es un lujo; es una deuda con la igualdad de oportunidades. En 2026, cuando concluya el sexenio estatal, Tlaxcala podría mirarse al espejo y ver un estado conectado, eficiente y justo.
O seguir estancado en promesas. El regalo más importante que el gobierno podría dar a los tlaxcaltecas es actuar ahora, con visión y determinación, para que la tecnología sirva a todos, no solo a unos cuantos que nacieron entre pañales de seda y banda ancha.



