MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
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La Fiscalía General de Justicia del Estado de Tlaxcala —esa misma institución que dirige Ernestina Carro Roldán y que, según la percepción ciudadana, sigue buscando resultados con la misma eficacia con la que uno busca agua en el desierto— ya investiga las imágenes que circularon en redes sobre el presunto uso de un espacio de Casa de Gobierno para manipular propaganda electoral en el proceso interno de Morena.

Así lo anunció, con la solemnidad de quien cree que basta con decirlo para creerlo, el secretario de Gobierno Luis Antonio Ramírez Hernández, ese oriundo de Morelos que llegó a Tlaxcala a explicarnos cómo se gobierna… desde fuera.

Después de colocar los bandos solemnes de las fiestas patrias, Ramírez Hernández explicó que las pesquisas de la FGJE se basan en “investigaciones internas” previas. Claro, esas mismas investigaciones internas que, por misteriosa coincidencia, siempre terminan coincidiendo con la versión que más conviene a Palacio.

Y, como era de esperarse, invocó la secrecía del proceso para reservarse mayores comentarios: nada como el silencio oficial cuando los metadatos amenazan con hablar más alto que cualquier declaración o boletín.

El secretario reiteró —con esa convicción que solo tienen quienes no tienen que rendir cuentas reales— que el gobierno no intervendrá en los procesos internos de los partidos.

Una declaración tan creíble como afirmar que en Tlaxcala no existe el clientelismo o que no obligan a los burócratas a trabajar a favor de un personaje con los apellidos de un ex gobernador.

También admitió, entre dientes, que las declaraciones del vocero Antonio Martínez Velázquez fueron “precipitadas”. Qué generoso. Martínez se equivocó en público; Ramírez y compañía se equivocan en privado y luego lo llaman “investigación”.

Sobre si la controversia pone en riesgo el cargo del vocero, Ramírez Hernández respondió con la clásica fórmula de gabinete: todos están sujetos a evaluación constante… pero, por ahora, no habrá cambios ni sanciones.

Traducción libre: mientras la titular del Ejecutivo no diga lo contrario, aquí no pasa nada. La misma lógica que aplica cuando la credibilidad se agota y solo queda el nado sincronizado.

Y hablando de nado sincronizado, resulta imposible no mencionar a Marcela González Castillo, la ex líder de Morena que, junto con Ramírez, parece haber encontrado en esta crisis la oportunidad perfecta para demostrar que dos “externos” pueden coordinarse mejor que muchos locales… al menos para apagar fuegos mediáticos.

La pregunta que nadie en el poder quiere contestar es simple: ¿qué se puede esperar de una fiscalía que no mejora la percepción ciudadana ni entrega resultados, ahora que le toca investigar algo que involucra directamente a Casa de Gobierno? ¿Y qué pasará el día que alguien presente las fotografías o videos originales con sus metadatos intactos y demuestre que la versión oficial no es más que un intento torpe de desvirtuar la realidad?

Porque los policías y trabajadores que ya confirmaron los hechos en redes y en entrevistas “en corto” no desaparecen con un comunicado.

Y, según el diputado con licencia Raymundo Vázquez Conchas, tanto Citlalli Hernández como Ariadna Montiel ya conocen de viva voz la versión real de lo que ocurre en Tlaxcala. ¿Alguien cree realmente que la oficina de enlace con la federación no le ha pasado el reporte a Rosa Icela Rodríguez?

Lo único que queda claro es que la desesperación, disfrazada de estrategia, perdió la partida y eso se confirmará en breve porque pasado el informe de gobierno, y probablemente antes del 10 de este mes, se conocerán los coordinadores que eventualmente se convertirán en abanderados de Morena.

Antonio Martínez (MARVEL), con su “error precipitado”, logró algo que la voracidad política había fracturado: poner hombro con hombro a Luis Antonio Ramírez Hernández y a Marcela González Castillo. Un dúo de exteriores que ahora pretende vendernos credibilidad mientras los metadatos esperan su turno.

No hace falta creerles, es más ni a mí me crea; mejor revise la publicación de Jorge Mejía (https://www.facebook.com/share/p/19M8RJaQq8/?mibextid=wwXIfr). Si las imágenes originales no bastan, ahí están los metadatos para terminar de enterrar lo poco que queda de la narrativa oficial.

En política, como en la vida, los datos duros —y los metadatos— suelen ser más elocuentes que cualquier secretario de Gobierno, cualquier ex dirigente y cualquier fiscalía que promete investigar… otra vez, lo que todos sabemos si existió.