Pedro Haces Barba es un empresario vinculado al voto corporativo, a la fiesta brava y al sector que poco ve por los trabajadores, con todo y que presuma ser un representante de la clase obrera. Eso lo saben al interior de la 4 T a la que por cierto sigue sin afiliarse, por razones que sólo él conoce.
Sin embargo ha intentado defenderse de su sombra, haciendo un sparring en contra de sus propias declaraciones y antecedentes que son la tarjeta de presentación que le antecede en cada acto. En Tlaxcala también hay damnificados, uno de ellos su “gallo” Raymundo Vázquez Conchas.
Tras el escándalo que ahora le atribuye a la diputada Brenda Espinoza, declarando al Heraldo: “yo no tengo nada que ver con ella”, Pedro Haces gana espacios en los medios para no perder vigencia de cara al 2027 y al 2030.
El señalamiento contra del empresario taurino no es menor: se le acusa de pretender descontar los prestamos a los trabajadores a través de su nómina.
Suponiendo, sin conceder, que la iniciativa atribuida a Pedro Haces Barba, líder sindical mexicano, de cobrar deudas a trabajadores mediante descuentos directos desde la nómina sea mentira, habría que apuntar algunas de las consecuencias legales, sociales y laborales que esto acarrearía. Más allá del desgaste político del líder obrero.
En las Consecuencias legales habría que revisar la violación a la Ley Federal del Trabajo, pues establece que los descuentos salariales únicamente están permitidos en casos específicos (como pensiones alimenticias, pago de créditos sindicales autorizados por escrito, o deudas con el IMSS).
Si los descuentos no cumplen estos requisitos, serían “ilegales” y podrían denunciarse ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) o los tribunales laborales.
Si los descuentos se aplican sin consentimiento por escrito del trabajador o exceden el 30% del salario mínimo, se consideraría una violación de acuerdo al Art. 110, fracción VI.
Pero eso no sería todo pues también habría responsabilidad patronal; si la empresa permite estos descuentos sin justificación legal, podría enfrentar multas, demandas laborales e incluso la obligación de reintegrar los montos retenidos. Y regresar dinero es algo que a todos duele, pero más a los empresarios.
Y aunque sabemos que el impacto en los trabajadores no es algo que quite el sueño a los dueños de los negocios, no podemos dejar de lado la vulnerabilidad económica que esto implicaría pues al reducir el salario afectaría la capacidad de los trabajadores para cubrir necesidades básicas (alimentación, vivienda, educación), especialmente si los montos son altos o arbitrarios. El golpe es a la familia, no solamente al trabajador, y eso debe interpretarse así.
Ahora piense usted en el supuesto de que los descuentos se vinculen a deudas con el sindicato o la empresa; aquí podría existir un ambiente de “chantaje laboral”, donde los trabajadores se sientan obligados a aceptar condiciones abusivas para conservar su empleo. No digo que exista en este caso en particular, pero supuestos hay muchos y el abuso del patrón sería una posibilidad.
Cuando Pedro Haces se ofende, como ayer lo evidenció en la entrevista ofrecida al Heraldo, de verdad nos muestra la poca credibilidad que tiene, pues aunque se diga sorprendido por las acusaciones en su contra nadie podrá negar que es un personaje que usa y exprime a sus agremiados para conseguir reflector, posiciones y beneficios.
Nadie me lo cuenta, el día que Claudia Sheinbaum Pardo ofreció su primer mitin como presidenta de la república, ahí estaba Pedro Haces Barba, hasta el frente con secretarios y otros diputados federales. Sus agremiados a los que tanto ama estuvieron más de 5 horas de pie cargando la bandera con el nombre de su sindicato y vitoreando el nombre de quien dice representarlos. Fueron usados para hacer bulto, yo lo ví.
Por eso nadie le cree al líder sindical que sea ajeno a promover este tipo de prácticas en contra de sus trabajadores, porque perder legitimidad no es algo que le preocupe; incluso si el sindicato avala descuentos no autorizados, más allá de que podría interpretarse como un acto de “colusión con el patrón” que podría derivar en la cancelación del registro sindical, o a la intervención de autoridades, Haces Barba sabe que en el acuerdo político la puede librar.
Y si los trabajadores afectados deciden irse, porque evidentemente podrían buscar otros sindicatos o renunciar a la afiliación, debilitando la base del sindicato liderado por Haces, eso también es una de las 5000 cosas que le importan tres hectáreas de excremento. Su poder ya está más allá del bien y del mal y para muestra la curul que ostenta.
Para el nuevo Fidel Velázquez Sánchez, todas las protestas, huelgas o demandas colectivas contra el sindicato o la empresa le parecen poco y si ahora mismo ha salido a defenderse de los malintencionados no es porque le preocupe su estatus al interior de San Lázaro, él aprovecha los momentos para hacerse visible y seguir impulsando a sus candidatos de cara al 2027.
Y ante todo esto han sido dos mujeres las que han salido al quite para afirmar que esta iniciativa, que generaría un precedente peligroso de explotación laboral, erosionando derechos fundamentales, simplemente no pasará y en caso de encontrar eco en las cámaras sería vetado por la titular del poder ejecutivo en México.
Así lo han dicho Claudia Sheinbaum Pardo y Ana Lilia Rivera Rivera, una es la primera mujer en llegar a la presidencia de la República de México, la segunda fue la primera mujer en ocupar la presidencia de la mesa directiva en el senado, también la primera tlaxcalteca en hacerlo y por si fuera poco la primera hija de campesinos en llegar a esa posición. Sólo por eso sostengo que la defensa de los trabajadores está en buenas manos.

