La Zozobra De Los Ensayos Que Están Por Escribir

eduardo-lozano
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  • Julián López Y Madrid Firman La Paz En Su Despedida Venteña.

«Mañana en la batalla piensa en mí y caiga tu espada sin filo. ¡Desespera y muere!» William Shakespeare: Ricardo III (Acto V, Escena III).

“Viene pidiendo poetas”, así titularon una congraciada crónica taurina; fue escrita para Curro Romero y qué razón. Pero, al caso, porque hoy se despidió de Madrid uno de los toreros más importantes de la historia: Julián López “El Juli” (¿cómo se puede escribir sin cursilerías de alguien que siempre ha estado?). Y Julián, aquel niño crecido y mutado en Historia, se va de la tauromaquia 25 años después, con el cuerpo estragado de tirar del carro, con lágrimas y sangre derramada, orejas y fincas, y, sobre todo, se está yendo, no pidiendo poetas, sino, pidiendo ensayistas y tratadistas taurómacos que escriban para los anales históricos, y entender así, el ayer, el hoy y el mañana, de lo qué es torear, su evolución y lo tanto que el madrileño ha permeado en este tinglado. Es así: no ha existido alguien tan influyente para el arte de Cúchares desde Joselito el Gallo. Y qué poco lo ven.

Eran las 20:15 en Madrid —las 12:25 de su amado México del que no pudo despedirse (Julián no existiría sin México, y México aunque ya no existe, no existirá sin Julián)—, cuando sonaban los acordes (más melancólicos que nunca) de ‘Puerta Grande’, y mezclados con alaridos humanos en una estampa de años ya enterrados, la afición inundó el albero venteño para sacar a hombros a un hombre al que se le adivinaba en el ceño obligado por esa dureza y raza característica a soportar en sus adentros las lágrimas que le urgían salir. Fue en el quinto, aunque ya se le vio de vena desde el segundo, cuando Julián López ‘El Juli’ conquistó a lo vomitorios más férreos de su carrera; lidiando a Faraón, un taco de toro, animal que siguió todos los lineamientos de su encaste en los primeros tercios y rompió hasta que su matador cogió la pañosa (¿tengo que decir que fue una cátedra?): convenció al que fue brusco y recto en sus primeras embestidas (lo tiró a base de toques bruscos para fijarle), y a base de sabiduría torera, cosechó lo mejor de sus adentros. Las tandas por la derecha fueron forzadas y sustentadas en la personalidad reconocible de Julián; vino un cambiado de mano lento, dolido como una ranchera que convenció a una plaza en su mayoría cariñosa desde el inicio con él. Con la izquierda, el burel se desfondó por completo y siempre le costó más hilar embestidas, pero el coleta, apretó para llegar a los tendidos. En el culmen de la pasión se fue por el acero, y la estocada, enterrada en el sitio perfecto de la muerte, hizo entregarse al astracanado al puntillero. Y cayeron dos orejas, ¿justas para lo que representa Madrid? Quizá no. Pero las orejas son retazos de animal muerto y en ocasiones especiales pasan a segundo plano. Carajo, ¡qué se va ‘El Juli’! Su primero, apretó y lo lanceó hasta la boca del riego. Dos medias. Un recorte; galleó para llevarlo al jamelgo: quitó por chicuelinas combinadas con tijerillas. En la muleta lo cuidó y hubo buenos muletazos. El presidente no concedió la petición de oreja tras la estocada entera.

José Ignacio Uceda Leal brindó a Julián. Sacó al primer toro de la tarde ganándole terreno a dos manos y dibujó una trincherilla carísima en su etiqueta, luego, en la primera tanda citó de largo aprovechando la inercia de un toro con gran condición, pero justo de poder. El maestro, con su concepto lleno de pureza, asentó sus altas piernas una vez más por el derecho y después por el izquierdo: siempre pulcro, siempre técnico, siempre catedrático. No pasó más. Lo mató bajo y el toro se fue al desolladero con palmas las mismas que saludó Uceda en el tercio. Su segundo no sirvió y abrevió.

Tomas Rufo lanceó a cámara lenta a su primero —tercero de la lidia ordinaria—, pero se desfondó y no duró en el tercio final; eternizó para mandarlo al caldaso. Con el cierra plaza, un animal con clase, se gustó en los redondos y mostró su tan conocida calidad al interpretar el toreo. Cortó una oreja.

Y después de la batalla de tantos años, sin vida y sin descanso, entregado en cuerpo y alma a un animal, Julián López deja el toreo y se entrega a los ensayistas. Quizá mañana, tras el último suspiro de Sevilla, pueda descansar. Pueda vivir. Mañana y en los días venideros, los que se quedan en la batalla, tendrán que pensar en él y en todo lo que deja regado por los alberos: que 25 años con la presión pisándote el cuello, se escriben fácil.

Madrid, ESPAÑA.

30 de septiembre de 2023.

Plaza de Toros de Las Ventas. Primera de la feria de otoño. Lleno de ‘No hay billetes’.

6 TOROS DE EL PUERTO DE SAN LORENZO (1°, 4°, 5° y 6°) Y LA VENTANA DEL PUERTO (2° y 3°), bien presentados y armoniosos en su conjunto. Sin ser una corrida excepcional, permitió el lucimiento de sus matadores. Enclasada pero falta de poder. Sobresalió el toro lidiado en primer lugar.

Uceda Leal (obispo y plata): saludos en el tercio y silencio.

Julián López ‘El Juli’ (berenjena y oro): saludos en el tercio y dos orejas.

Tomás Rufo (nazareno y oro): silencio y oreja.

INCIDENCIAS: Julián López ‘El Juli’ salió a hombros.

*Fotografía: cortesía Plaza1.