En medio de los reacomodos rumbo a 2027, Tlaxcala volvió a dar una lección de cómo se mueven las piezas en el ajedrez del poder local. Puras familias, puros acuerdos y poco talento.
El pasado mes de junio, el diputado federal Raymundo Vázquez Conchas solicitó licencia indefinida para lanzarse de lleno a la disputa interna de Morena por la coordinación estatal. En su lugar, asumió sin mayor ruido Óscar Lobatón Corona, su suplente en la fórmula de 2024.
Hasta aquí, un trámite institucional. El problema —o la señal más clara— radica en quién es Lobatón: el esposo de Fanny Margarita Amador Montes, actual presidenta del Tribunal Superior de Justicia del Estado (TSJE). Un matrimonio que hoy ocupa dos de los espacios más sensibles del poder en Tlaxcala: el Judicial estatal y una curul federal.
No es casualidad. Lobatón no llega como un externo ni como un cuadro emergente. Tiene trayectoria como consejero electoral del ITE y, en 2016, fungió como representante del PRD ante el órgano electoral, exigiendo recuento de votos en la reñida elección que Cuéllar perdió ante Marco Antonio Mena Rodriguez.
Aquel operador opositor de entonces es hoy pieza clave del oficialismo morenista y lejos de representar una “renovación” o una llegada a contracorriente, la dupla Lobatón-Amador encarna la continuidad de un estilo: la concentración de poder en redes familiares y lealtades políticas cercanas al gobierno actual.
Mientras Morena habla en sus discursos de combatir privilegios y separar poderes, en Tlaxcala se consolida un esquema donde el Judicial y el Legislativo federal quedan vinculados por lazos conyugales y alineación partidista.
Los tlaxcaltecas ya hemos visto esta película. Cada vez que surge un movimiento similar, los mismos cuestionamientos reaparecen en redes y medios locales: ¿dónde queda la autonomía del Poder Judicial cuando su máxima autoridad comparte proyecto político y vida familiar con un legislador federal del bloque gobernante?
Lobatón asume la diputación en un momento estratégico. Vázquez Conchas se va a “pelear” la coordinación morenista, mientras el gobierno estatal busca mantener el control de las instituciones clave para perpetuarse en Palacio de Gobierno.
El resultado visible es una bancada tlaxcalteca en San Lázaro que sigue respondiendo a la misma órbita, pues aunque una sea presidenta del poder judicial no tiene peso, autoridad, ni posibilidad de actuar en independencia. ¿Alguien piensa lo contrario?
Para una buena parte de la opinión pública tlaxcalteca, esto no genera entusiasmo ni sorpresa, sino resignación y desconfianza.
Se refuerza la idea de que, más allá de siglas y discursos transformadores, en Tlaxcala siguen mandando los mismos círculos.
Familias que acumulan cargos, operadores que transitan cómodamente de la oposición al oficialismo y una separación de poderes que, en los hechos, luce más teórica que real.
No se trata de descalificar perfiles individuales. Lobatón tiene experiencia electoral y Amador Montes ha ocupado responsabilidades judiciales -sin mayor proyección- eso sí hay que decirlo. Pero la lealtad ciega de uno y la sumisión de la otra los han encumbrado.
O acaso no es cierto que Fanny Amador llegó a la presidencia del Poder Judicial sin la bendición de la titular del Poder Ejecutivo y eso le generó que en sus primeros meses al frente del TSJE fuera un cero a la izquierda y que su relación se compuso cuando se inclinó para decir: usted manda jefa y yo obedezco
Eso se sabe de sobra porque la palomeada para ser la nueva presidenta en la renovación del “nuevo poder judicial” era Mildred Murbartian, y gracias a los votos logrados por el grupo de Oscar Lobatón, José Luis Flores, Juan Manuel Lemus y otros inconformes fue como Fanny se colocó en la primera posición, ganando así esa alta encomienda.
Entonces el problema estructural es otro: la falta de contrapesos reales y la tendencia a concentrar poder en lugar de diversificarlo y eso es malo para todos porque no se crean equilibrios reales y perfiles con mejor preparación nunca llegarán
Mientras Tlaxcala se prepara para definir su próximo gobernador, movimientos como este sirven de termómetro. Revelan que la disputa real no es entre proyectos distintos, sino entre facciones del mismo sistema que se reparten o pelean las instituciones. Algo como lo hecho entre Alejandro Morenoy Marko Cortez con las notarías.
Y el ciudadano común, como siempre, observa desde la tribuna preguntándose si alguna vez llegará el turno de la verdadera renovación. Sobre todo aquellos que impulsan la fundación y el crecimiento de algún proyecto, pero acaba siendo relegado por falta de apellido y alcurnia
Ahora el matrimonio tiene la oportunidad de demostrar que el poder se ejerce con separación real de funciones. Por ahora, el binomio Lobatón-Amador envía un mensaje distinto: aquí el poder se hereda, se comparte en familia y se consolida.
Lo que ayer criticaron hoy lo encaran, y lo mismo que ayer escupieron ahora lo celebran. Entonces la elección del 2027 será entre esas fracciones cupulares- familiares y toca ver a donde dirigen sus canicas.
Porque esas canicas, que pueden ser pocas o muchas, ahora hacen más ruido y no por su peso real, sino por el membrete que cada uno presume y todo visto desde es cristal nos indica una cosa: Hay poco talento, pero el dinero público y el hueso tiene un peso que hace atractivo a cualquiera.


