Que Vicente Fox haya felicitado al viejo PRI por superar su larga lista de fraudes electorales y perfeccionarlos en la reciente elección de Coahuila es más que suficiente para entender que este proceso deja varias lecturas. La mayoría negativas y de pena ajena.
“Felicidades PRI, como en los viejos tiempos. Me da gusto verlos renacer con tanta fuerza. Ahora sí, como el ave fénix. Que sea para bien de México, de nuestra democracia, de la libertad y de la transparencia”, escribió Fox en su cuenta de X.
Con eso, más de uno reaccionó de manera negativa: el texto no es sino la confirmación de que el PRIAN existía desde hace mucho, solo se mantenía oculto.
Y ese amasiato entre PAN y PRI impidió que el tricolor celebrara en grande. ¿Ni modo de mofarse del partido que en el año 2000 les permitió tomarse unas vacaciones, solo para regresar 12 años después a seguir robando?
Una cosa fue no cumplirle las posiciones políticas acordadas en la elección de 2023, de la mano del ahora gobernador de Coahuila, y otra muy distinta hacer leña del árbol caído.
O quizá sea porque Alejandro Moreno Cárdenas sabe que no ganó: solo compró, y a un precio muy alto, el congreso de los Moreira.
Lo peor es que la elección del fin de semana dejó más heridos que aliados. Ni Movimiento Ciudadano (MC) ni el PAN alcanzaron el mínimo requerido para conservar su registro, y de ese modo dejarán las prerrogativas y los escaños locales para otros miembros de la fauna política.
La noticia ha generado sorpresa entre algunos militantes y dirigentes del PAN y MC que, al menos en Tlaxcala, han hecho mutis. Son los mismos que durante la campaña aseguraban contar con un amplio respaldo ciudadano.
Sin embargo, las urnas parecen haber tenido otros datos. De confirmarse los resultados finales, ambos partidos pasarían de prometer ser una alternativa política a convertirse en una anécdota electoral. Un chiste mal contado por sus dirigentes nacionales.
Mientras avanzan los cómputos oficiales, PAN y MC observan cómo el porcentaje necesario para sobrevivir políticamente se aleja más rápido que sus votantes el día de la elección.
Esta elección nos deja otra lección, esta vez para los miembros de Morena, que han visto con pena que sus enviados a coordinar no suman y solo estaban a expensas de lo que AMLO y Sheinbaum significaban en la boleta.
¿O acaso usted cree que Carlos Zurita o Armando Contreras aportan algo a la tropa local de Tlaxcala, que sí trabaja electoralmente? Gente como ellos viene de turismo. No le demos vueltas.
De no ser porque Tlaxcala tiene una vocación obradorista que le ha permitido el segundo lugar en votación, solo por debajo de Tabasco (la tierra de Andrés Manuel), sin duda muchos de los actuales diputados y presidentes tendrían la misma suerte que hoy enfrentan los morenistas en Coahuila.
Que esta elección representa un primer tropiezo político para la recién electa presidenta estatal de Morena, Ariadna Montiel, al tratarse de una de las primeras pruebas bajo la nueva etapa organizativa del partido. Es mentira
Ella llegó con la mesa puesta, nada podía hacer, pero sin duda esta experiencia le dará mayor argumento para no permitir imposiciones de personajes que dividen al interior de Morena.
¿Que si hubo irregularidades y compra de votos? ¿A quién le sorprende eso? Más sorprendido estoy de ver cómo el exceso de confianza ha puesto en su justa realidad a los morenistas que se creían invencibles.
El PRI solo obedeció a sus más añejos instintos, y Morena ya demostró que no tiene la madurez ni la capacidad para ganar como sucedió en 2018. Les urgía una muestra de realidad.
Reiterar que el PRI ganó por comprar votos es desviar la atención de lo central. Porque en 2018 también el PRI intentó comprar votos, y en ese momento la gente le demostró que sabe jugar igual que ellos: aceptó su dinero, pero votó por quien quiso.
Y en esta ocasión, cobraron y votaron por el PRI para mostrar un voto de castigo a Morena. Así de fácil.
Coahuila ya está perdida. Ahora les resta el 2027 y el 2030, un momento en el que pueden borrar del mapa nacional al PRI y al PAN, como ya lo hicieron con el PRD.
Pero eso dependerá de que Morena no acepte imposiciones, no se venda y no ponga candidatos inflados. De no ser así, Coahuila será apenas una muestra de lo que le espera al país de cara al 2030. “Como en los viejos tiempos”.



