Hay dolores que no se miden en horas ni en carpetas, se miden en la voz de una madre que todavía recuerda, con precisión quirúrgica, la última llamada y los últimos minutos que interactuó con su hija, así como recordará cada mentira que le dijeron la madrugada en que su hija dejó de existir.
Araceli no llegó a pedir limosna mediática a MR Noticias, vino a exigir lo mínimo que un Estado que presume de justicia debería entregar sin que nadie lo ruegue: verdad, investigación seria y clasificación correcta del delito.
Karina no era “una más”, fue una joven que todos los días regresaba a casa, que hacía ejercicio, que trabajaba, que no llegaba borracha ni drogada. Su madre lo repite con la rabia de quien conoce a su hija mejor que cualquier perito: “Mi hija no era alcohólica, no era drogadicta. Era una niña ejemplar”.
Y sin embargo, en pocas horas pasó de contestar el teléfono con voz clara a aparecer con los brazos y el abdomen morados, irreconocible, “como si llevara más de tres días de muerta” cuando apenas habían pasado horas. Esa transformación no es un accidente. Es una herida abierta que la Fiscalía General de Justicia del Estado parece preferir dejar en la amnesia colectiva.
La carpeta está incompleta, faltan estudios y lo peor es que está en Nativitas y la familia pide —con toda razón— que la trasladen a la mesa de feminicidios de Tlaxcala. El abogado ya revisó lo que hay y confirma lo evidente: no está lista.
Mientras tanto, la clasificación sigue siendo homicidio y no feminicidio, como si el cuerpo de una mujer joven, morado, irreconocible y abandonado en manos de quien debía cuidarla no bastara para activar el protocolo más básico… como si las madres tuvieran que convertir su duelo en trámite burocrático para que alguien se dignara a mover un dedo.
La Fiscalía no es la única que calla, pero ya hay un escrito dirigido a la gobernadora solicitando audiencia y sigue sin respuesta. El silencio institucional se vuelve cómplice cuando se suma al de una fiscalía que, como bien se dijo en la entrevista, parece haber llegado solo a calentar el asiento.
Mientras tanto, las familias temen, por eso la señora Araceli lo dijo sin rodeos: tienen miedo de que algo les pase. Cuando una madre tiene que pedir protección al mismo tiempo que pide justicia, el mensaje es claro: el Estado no solo no investiga; tampoco protege.
No es ni se trata de un caso aislado, al menos en estos casos parece tratarse de un patrón. Carpetas que duermen el sueño de los justos, estudios que nunca llegan, clasificaciones que se resisten a nombrar el feminicidio por lo que es.
Redes sociales llenas de juicios fáciles de quienes nunca han tenido que identificar el cuerpo de su hija y una fiscalía que, una y otra vez, obliga a las madres a convertirse en investigadoras, abogadas y activistas porque las instituciones prefieren la comodidad de la inacción.
La justicia no puede seguir siendo un trámite que se archiva mientras las madres gritan, si la Fiscalía no mueve la carpeta, si no completa los estudios y si no clasifica correctamente, entonces no solo están fallando a una familia; están confirmando, una vez más, que en Tlaxcala el dolor de las mujeres sigue siendo negociable.
Las tres de ley… 1- Ana Lilia Rivera Rivera ya es la coordinadora oficial, pero la dirigencia estatal de Jaina Meneses y el gobierno siguen sin reconocerla de lleno, lo que mantiene abierta la fractura entre “morenistas de base” y “lorenistas”.
2. Un cambio en el Consejo Estatal sería la señal definitiva de que la decisión nacional se impone y le daría a Rivera control real de la estructura partidista rumbo a 2027.
3. Lo que está en juego es la unidad: sin alineación, el partido llega dividido a la elección; con ella, se ordena la maquinaria y se fortalece el proyecto de transformación en Tlaxcala. Parece que pronto tendremos noticias de estos cambios.

