De qué sirve comprar espacios para presumir imágenes donde se observa a los alcaldes de Tlaxcala, presuntamente sumándose a una corriente política, cuando en los hechos esas mismas demarcaciones definen su posición en actos ciento por ciento comunitarios en favor de una candidata distinta a la vía oficial.
Eso sucedió este fin de semana en San Pedro Tlalcuapan, en Chiautempan. Una noche que supuestamente era para luces navideñas y villancicos, la senadora Ana Lilia Rivera Rivera se convirtió en la estrella indiscutible del tradicional festival “Navidad al Pie de la Montaña”, dejando en evidencia que, mientras algunos alcaldes de Tlaxcala se arrodillan ante las reuniones con el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García –que brilla más en encuestas que en territorio–, el pueblo prefiere a quien realmente pisa el lodo y enciende árboles en comunidades olvidadas.
Invitada como madrina por las autoridades locales, Rivera encabezó el encendido del árbol navideño el sábado 13 de diciembre, ante cientos de originarios y visitantes que llenaron el zócalo de esta comunidad al pie de la Malintzin.
El desfile, con su colorido náhuatl y luces que iluminan decenas de casas hospitalarias, fue el escenario perfecto para que la senadora deseara “felicidad y prosperidad” a las familias tlaxcaltecas, en un mensaje que sonó a campaña anticipada… porque, ¿quién no lo haría cuando las encuestas la colocan como la favorita indiscutible para la gubernatura en 2027?
Acompañada por el presidente de comunidad Saúl Rosales Meléndez, el secretario del ayuntamiento, Olaf Flores Olayo y el médico Fernando León Nava –ese que algunos suena como posible candidato independiente–, Rivera brilló en una festividad que lleva 25 años uniendo a la gente real, no a los burócratas de salón.
Pero el toque político no faltó: algunos asistentes dedicaron motivos navideños al fallecido alcalde Carlos Manzo –confundido aquí con un homónimo local, pero el “tufo de disidencia” que perciben ciertos observadores huele a rebelión contra el centralismo capitalino–.
¿Arraigo popular o advertencia sutil? Mientras los presidentes municipales se obligan a fotografiarse con Sánchez García en sus exclusivos cónclaves de la Asociación de Autoridades Municipales –donde presumen “unidad” y coordinación–, en Tlalcuapan el pueblo convoca a quien lidera las encuestas: Ana Lilia, la que gana partidas sin necesitar reflectores prestados.
Al final, la Navidad al pie de la montaña iluminó una verdad incómoda para los alcaldes atados al capitalino: el pueblo no se convence con reuniones elitistas ni poses en la burguesía política.
Prefiere a quien enciende luces en las comunidades, comparte con los de abajo y, de paso, se perfila como la próxima inquilina de Palacio de Gobierno… si el género lo permite.
