Ah, qué conmovedor resulta el amor patrio de Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas y Jorge Romero Herrera, dos líderes de la oposición que, la noche del Grito, probablemente se sintieron incapaces de gritar “¡Viva México libre, independiente y soberano!” con la misma soltura que el resto de los mexicanos.
¿La razón? Es difícil entonar con sinceridad un himno a la independencia cuando uno pasa buena parte del año pidiendo que Estados Unidos y tribunales europeos se metan hasta la cocina de la política mexicana.
Que coherencia tan exquisita: mientras la mayoría de la gente celebra el rechazo histórico a la dominación extranjera, ellos han convertido la denuncia del “narcoestado” en una gira internacional de lobby.
Moreno no se cansa de viajar a Washington para entregar carpetas al Departamento de Estado, al de Justicia y al del Tesoro pidiendo que declaren a Morena organización terrorista, sancionen consejeros del INE y, de paso, den una manita a la soberanía nacional. “La joven democracia” necesita de apoyo extranjero, insiste.
Romero, por su parte, prefirió llevar el caso ante la Corte Penal Internacional, para que desde Europa se investigue lo que, según él, las instituciones mexicanas no pueden o no quieren investigar. Qué nobleza: tanto les importa el territorio nacional que solo lo defienden… cuando están fuera de él.
Es casi tierno porque después de décadas en que PRI y PAN gobernaron el país (y durante las cuales el crimen organizado no precisamente se dedicó a vender dulces), ahora descubren que la solución está en pedir a los gringos y a los europeos que vengan a “salvarnos”.
Como si el Grito de Independencia fuera un trámite burocrático que se puede gritar con más fuerza desde un hotel en Washington o desde Europa.
Ellos no tienen problema con el trabajo de territorio… siempre y cuando ese territorio no sea el mexicano y la denuncia se haga en inglés, alemán o en francés.
Así que no es que “no puedan” dar el Grito, es que hacerlo con la boca llena de peticiones de intervención extranjera les quedaría un poco… incómodo.
Sería como celebrar la independencia mientras se le entrega la llave de la casa al vecino del norte mientras le quitan las botas y refrescan sus pies con un poco de la saliva, si es que les sobra después de salir de una entrevista con Carlos Alazraki. Nacionalismo puro.
Las tres de ley… Entre los dos jóvenes que cayeron al Zahuapan, los comentarios sobre la vestimenta de quien realizó su último grito de independencia como gobernante, o las burlas por el pozole que nos presumió Covarrubias, no se que me generó más preguntas; el hecho es que a los primeros los rescataron, a la segunda ya la estamos despidiendo y al tercero nada podrá hacer que dejemos de padecerlo… toca aguantar

