La tragedia que enluta al magisterio de Tlaxcala tras el brutal homicidio del profesor José Manuel López Juárez, conocido entre sus colegas como “Josma”, ha sacado a la luz no solo la vulnerabilidad de los docentes en el ejercicio de su vocación, sino también la preocupante actitud reactiva de la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE-USET), encabezada por Homero Meneses Hernández.
Mientras el gremio docente, representado por las secciones 31 y 55 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), alza la voz con indignación y dolor, exigiendo justicia y medidas de seguridad inmediatas, la respuesta de Meneses parece más un intento desesperado por salvar su imagen que una muestra genuina de empatía y liderazgo.
El asesinato de José Manuel, hallado sin vida el 8 de julio con evidentes huellas de violencia en una barranca de San Pablo del Monte, ha cimbrado a la comunidad educativa. Las circunstancias del crimen, perpetrado presuntamente por un alumno de la Universidad Tecnológica de Tlaxcala (UTT), han desatado una ola de indignación que trasciende las aulas y se convierte en un grito colectivo por seguridad y justicia.
En este contexto, el magisterio no solo llora la pérdida de un colega ejemplar, sino que también denuncia la descomposición social y la falta de políticas públicas efectivas que garanticen un entorno seguro para quienes dedican su vida a formar ciudadanos. La falta de valores es evidente.
Sin embargo, la respuesta de la SEPE-USET, a través de su titular, Homero Meneses, llega tarde y con un tufo de oportunismo político. El anuncio de una iniciativa de reforma al Código Penal para incorporar agravantes por agresiones a docentes, aunque bien intencionada en apariencia, no deja de ser una medida reactiva que no aborda las causas de fondo ni responde a la urgencia del momento.
¿Dónde estaban estas propuestas cuando el magisterio llevaba años señalando la creciente inseguridad en las escuelas? ¿Por qué se espera a una tragedia de esta magnitud para actuar? La respuesta parece clara: Meneses, consciente de que su aspiración a una candidatura política se desvanece, busca ahora proyectar una imagen de sensibilidad que contrasta con su historial de tibieza frente a los problemas del gremio. Muchos maestros se lo han dicho en público y privado.
El magisterio, en voz de representantes como Giovanni Montalvo, ha sido claro: la violencia que hoy lamentan no es un hecho aislado, sino un reflejo de un fenómeno nacional que en Tlaxcala ha encontrado eco en la descomposición social, la impunidad y la falta de formación integral de los estudiantes. Los docentes no solo exigen justicia para José Manuel, sino también un protocolo de seguridad específico que les permita trabajar sin temor.
La movilización anunciada para el 14 de julio es una muestra de que el gremio no está dispuesto a esperar más promesas vacías ni a conformarse con iniciativas legislativas que, aunque necesarias, llegan como un paliativo tardío.
La postura de Meneses, lejos de transmitir solidaridad, parece un intento de apagar el incendio con un vaso de agua. Su discurso sobre reformas al Código Penal suena más a estrategia de control de daños que a un compromiso real con la seguridad del magisterio. Si la SEPE-USET realmente quisiera demostrar empatía, habría actuado de manera proactiva mucho antes, implementando medidas preventivas, fortaleciendo los entornos escolares y atendiendo las demandas de los docentes, que no son nuevas.
En cambio, la dependencia opta por reaccionar ante la presión mediática y sindical, dejando en evidencia una falta de visión y sensibilidad que indigna aún más a un gremio ya golpeado por el dolor. La tragedia de José Manuel no debe reducirse a un caso más en las estadísticas de la violencia. Es un recordatorio de que educar en México, y en Tlaxcala, se ha convertido en una labor de alto riesgo.
Los docentes no solo enfrentan los retos de formar a las nuevas generaciones en un contexto de precariedad, sino que ahora deben lidiar con el miedo a perder la vida. La SEPE-USET, en lugar de liderar con propuestas integrales que ataquen las raíces del problema, se limita a ofrecer parches legislativos que, aunque necesarios, no sustituyen la urgencia de políticas públicas preventivas y un compromiso real con el bienestar del magisterio.
El llamado del SNTE y de los docentes de Tlaxcala es claro: justicia para José Manuel, seguridad para el gremio y un alto a la indiferencia institucional. Homero Meneses tiene ante sí una oportunidad para demostrar que su liderazgo va más allá de las apariencias y las ambiciones políticas. Sin embargo, su historial y la tibieza de su respuesta actual sugieren que, para él, la tragedia de un maestro es solo un episodio más en una gestión que prioriza la imagen sobre la acción.
Los maestros tampoco olvidan que Homero Meneses los ha usado lo mismo para el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que para su propia campaña HM, que no son mÁs que las siglas con su nombre y apellido, disfrazada de Humanismo Mexicano.
Desde este espacio mis condolencias y toda la solidaridad con el magisterio tlaxcalteca que vuelve a estar de luto, vuelve a tener una tragedia, otra más, esta ocasión sufriendo la perdida de un compañero de formación, de carrera, la primera desgracia la tuvieron hace tres años con la llegada de Homero Meneses Hernández a la Secretaría de Educación Pública.
@martin_rodriguez.com

