En “Al Chile”, Delfino Suárez Piedras, precandidato de Movimiento Ciudadano (MC) a la gubernatura de Tlaxcala 2027, fue tajante: las candidaturas independientes son un “tapaojos” del sistema, inviables en la realidad.
Con experiencia como alcalde de Tetla, diputado local y candidato independiente en 2021 (donde logró registro pero no triunfo), Suárez relató: “La gente decía ‘qué bueno que eres independiente, ya estamos hartos de partidos’… Sí, pero perdí”.
Lo dice con un dejo de nostalgia y quizá de reproche a quienes hoy tienen a Sheinbaum en un 70% de aprobación.
Sin spots, estructura, ni equidad, la reforma de 2012 simula apertura sin victorias reales —en Tlaxcala, requisitos onerosos y éxitos nulos lo confirman. De ahí su regreso al partidismo naranja.
Aunque tampoco duda en reprochar que MC -durante la estadía de Refugio Rivas Corona- lleva 13 años en Tlaxcala (desde Convergencia). Suárez insiste: “jamás le dieron proyección”; solo con Danae Figueroa al frente y respaldo de Máynez, “se ve diferente”.
El denominado “changuito” admite carencias estructurales frente a PRI o Morena, pero apuesta por casas naranjas, trabajo en comunidades marginadas y narrativa de “alternativa”, aunque rechaza ser oposición, lo que huele a coqueteo con el poder tal y como se le ha cuestionado a nivel nacional.
En un estado de alianzas familiares o amistosas, MC vira hacia perfiles empresariales. Y sin embargo Suárez defiende afiliaciones por convicción, no obligadas (crítica velada al oficialismo), y minimiza padrones: “no importan si son forzados”, dijo durante la entrevista.
Tajantemente el changuito sostiene que prefiere “patrones” de crecimiento vía marketing y aliados visibles —para ello están Julio Hernández, Mariana Jiménez, Gregorio Cervantes—, concentrados en el Distrito 1 federal.
¿Alcanzará para 2027? -se le preguntó- a lo que Suárez promete: “Me verán como gobernador”. Y sin embargo en la mesa coincidimos que si la estrategia se limita a un bastión (distrito 1 federal) y pluris impuestos, el “partido nuevo”, en tablero viejo podría despertar en una diputación, una simple curul, no en Palacio de gobierno.
El tiempo dirá si su escepticismo sobre las independientes se convierte en la fuerza que impulse a un partido “nuevo”, con gallos jugados y con líderes que parecen no tomar con seriedad la salida de su diputada plurinominal, Sandra Aguilar Vega, como tampoco valoran la llegada de una diputada federal como lo es Mariana Jiménez Zamora. Su respuesta en torno a ellas parece despectiva. ¿Suena bien esa fórmula?


