MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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En la política tlaxcalteca las facturas como las deudas políticas son para cobrarse. Y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en la entidad parece haber abierto el libro de pasivos con tinta indeleble.

Su mensaje es claro y cada vez menos discreto: “Con Alfonso Sánchez García no vamos”. Si el alcalde capitalino surge como el abanderado de Morena para la gubernatura de 2027, los verdes prefieren ir solos antes que repetir una alianza que, desde su perspectiva, ha estado marcada por deslealtad y hostilidad.

Jaime Piñón Valdivia, exdiputado local, líder moral del PVEM en Tlaxcala y figura con sólido acercamiento a la élite nacional del partido, lo expone sin rodeos.

No se trata de un capricho personal contra Sánchez García, sino de una decisión estratégica de reciprocidad: “amor con amor se paga”, repite citando el manual de los fundadores de la 4T.

La dirigencia nacional ha instruido evaluar las alianzas estado por estado, midiendo el trato recibido en cada entidad. En Tlaxcala, el saldo es negativo.

Los argumentos de Piñón Valdivia son varios y pesan: Primero, el intento —atribuido al entorno del gobierno estatal y al círculo cercano de Sánchez García— por desaparecer al PVEM de la geografía política local.

Operaciones que habrían buscado debilitar sus estructuras, presionar a presidentes municipales y regidores, e incluso forzar salidas de cuadros clave.

Segundo, el trato dispensado a figuras como el propio Piñón Valdivia y otros liderazgos históricos.

Recuerda la salida forzada de militantes importantes y la intervención directa —según su versión— de Marcela González Castillo, presidenta del Comité Ejecutivo Estatal de Morena y esposa del alcalde capitalino, para que diputados como Maribel León Cruz y Jaciel González Herrera abandonaran las filas verdes.

Este argumento, desde mi particular punto de vista, es un absurdo: los señalados no tienen 3 años ni pueden ser obligados o tentados para traicionar si no es porque ellos mismos lo hubieran decidido.

Tercero, los intentos de despojo interno. Personajes como Sergio González Hernández y Mariano González Aguirre habrían sido utilizados, desde el entorno morenista, para disputarle el control de la estafeta a Piñón dentro del partido. Querían desaparecerlo.

Cuarto, acciones concretas del presente: litigios electorales promovidos por el PVEM contra Sánchez García, que podrían complicar su camino y la instrucción tajante a alcaldes, regidores y presidentes de comunidad del Verde: cero activismo a favor del edil capitalino. Y eso es visible.

Piñón enfatiza que no es un asunto personal contra Alfonso Sánchez, sino contra las maniobras que se atribuyen a su esposa desde el gobierno y el partido. “Las operaciones hostiles del gobierno local contra nuestros liderazgos determinan el rechazo a cualquier entendimiento político a nivel estatal”, afirmó en entrevista con quién esto escribe.

Esta postura no surge en el vacío. A nivel nacional, el PVEM ha mostrado que no está dispuesto a aceptar “migajas” ni decisiones unilaterales.

En entidades como San Luis Potosí ya se habla abiertamente de reciprocidad y de ir solos donde el partido considere que ha sido maltratado.

Tlaxcala no es la excepción; es un caso más donde las tensiones locales amenazan con fragmentar el viejo formato “Juntos Hacemos Historia”. Para el Verde tlaxcalteca, romper o condicionar la alianza no es un riesgo, sino un acto de dignidad política.

Prefieren negociar con cualquiera de los perfiles de Morena, pero si el candidato es Sánchez García, la puerta se cierra con candado.

Y lo hacen con la certeza de que cuentan con respaldo nacional: Piñón Valdivia no es un operador local aislado; es un cuadro que mantiene puentes directos con la cúpula del tucán, lo que le permite alinear la línea estatal con la estrategia federal de evaluar caso por caso.

Rumbo a 2027, Morena, PT y PVEM siguen firmando declaratorias de unidad a nivel nacional, pero en los corredores tlaxcaltecas la temperatura sube.

El proyecto sucesorio en Tlaxcala, través del edil capitalino, enfrentan ahora no solo competencia interna, sino la factura de un aliado que se siente agraviado.

En política, como en la vida, las deudas se pagan. Y el PVEM de Tlaxcala, con Jaime Piñón Valdivia al frente de su memoria institucional, parece decidido a cobrarla. La reciprocidad, dicen, es ley.