Teódulo Rómulo: mil veces sus cenizas

MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
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Lo que Teódulo Rómulo hizo el pasado 26 de abril fue quemar en público no solo una de sus obras, sino décadas de indiferencia institucional vestida de presupuesto, uno muy raquítico por cierto.

Frente al Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), el pintor prendió fuego a parte de su propia creación y dejó en el suelo cenizas que valen más que toda la partida cultural que este gobierno ha destinado a quienes viven del pincel, la imaginación y otro tipo de expresiones.

El acto fue claro: una protesta contra el abandono federal y estatal. Pero la secretaria de Cultura, Karen Villeda, respondió con el manual básico del funcionario atrapado en evidencia: minimizar y desviar.

“La actual administración ha invertido más que las anteriores”, declaró, y remató: “Teódulo ha sido uno de los artistas más apoyados”.

La frase no solo es falsa con los recortes al Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tlaxcala (FECAT) —cuyo último ejercicio presupuestal apenas alcanzó para 3 proyectos, según datos filtrados en redes sociales— sino que además revela el cinismo de una funcionaria que llegó al cargo gracias a su buena suerte y que presumió en sus perfiles (hoy depurados) un odio visceral hacia todo lo que olía a morena. Esa es la que ahora defiende con uñas y dientes (pero de dientes hacia afuera).

Quienes la conocen en el ámbito cultural tlaxcalteca recuerdan sus publicaciones borradas: allí llamaba “nacos” a los seguidores de la 4T y se mofaba de las políticas sociales del presidente.

Hay quien una vez tomado el cargo le recordó a Villeda el documento que firmó, junto con otros “intelectuales”, donde criticaba abiertamente las políticas implementadas por el líder de la 4T.

Ese papel fue firmado por otros distinguidos eruditos de la talla de Roger Bartra, la familia Krauze, la familia Aguilar Camín, Denise Dresser, Jorge Castañeda G. entre tantas otras figuras del mismo nivel.

Hoy, esa misma “voz critica” se viste de funcionaria para decir que “todo está bien”. En un tuit rescatado por el colectivo Tlaxcala Crítica (y que Villeda eliminó a las horas), se lee: “El arte no es militancia, es poesía”.

Bonito. Pero la poesía no paga renta, y menos en un estado donde el presupuesto para cultura en 2025 apenas supera los 12 millones de pesos —una limosna comparada con los cientos de millones que se gastó el gobierno estatal en la feria, en obras intrascendentes y en eventos que nomás para la foto han servido.

La respuesta de Villeda provocó más indignación que alivio. Encasillar la quema como un “performance” o “autodestrucción creativa” es un truco viejo: despolitizar la protesta para que quepa en un Instagram bonito. Pero el gesto de Rómulo fue crudo, real, sin filtro. Y la secretaria, lejos de escuchar, contestó con el mismo discurso tecnocrático que ella decía odiar antes de tener una silla que le fue heredada, que no se ganó.

Mientras tanto, los artistas de a pie —los que no exponen en el MAT ni tienen retrospectiva— sobreviven con ferias de trueque y venta de artesanías recicladas. Varios han denunciado en la página de Facebook Cultura Tlaxcala: Entre el olvido y la corrupción que no reciben respuesta a sus solicitudes de apoyo desde hace 14 meses. “Karen nunca nos recibe, pero sí se toma fotos con los extranjeros que visitan el museo”, escribió un grabador anónimo.

Y esta misma cascada de criticas recibió Villeda de parte de varios directivos en un desayuno que la mandataría ofrecio a los medios de comunicación. Ahí previo al café, durante el café y en la sobre mesa, todos hablaron lo que Villeda ha dejado de hacer a favor de la cultura. No más, no menos, solo contaron la verdad.

Lo que Villeda no entiende —o finge no entender— es que Rómulo no habló por él mismo. Habló por un gremio que se siente humillado. El acto frente al MAT no fue un berrinche.

Fue el espejo de una secretaria que prefiere que le quemen incienso antes que el diálogo, y que piensa que tener rastas y fumarse un cigarro de salvia la convierte en intelectual de izquierda. Pobre Tlaxcala: le tocó bailar con la más fea, y la fea ahora quiere venderle el baile como vanguardia.

Las tres de ley… 1- los cambios que se avecinan en la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE) y la Unidad de Servicios Educativos del Estado de Tlaxcala (USET) son evidentes.

2- El cochinito ya está lo suficientemente gordo como para irse a la fiesta, y parece que la fiesta es la elección a la diputación federal, escaño que suena difícil para quien ayer decía ser idóneo a dirigir el estado, desde la titularidad del ejecutivo.

3- Antes de que concluya el ciclo escolar, o máximo al concluir el último día de clases, esas oficinas estrenarán capataz, y es probable que el más formado en la izquierda llegue a suceder en el cargo al más conflictivo de los funcionarios.

Omar Cuatianquiz Ávila tiene una madrina poderosa en la figura de Luisa María Alcalde y si su formación se mantiene, y no se prostituye como sucedió con Homero Meneses, su llegada será una buena noticia para el magisterio estatal.