MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Con la formalización de la salida de Marcela González Castillo de la dirigencia estatal de Morena, el partido cierra un capítulo marcado por tensiones internas y abre otro que, por ahora, huele más a continuidad que a renovación.

En su comunicado de despedida, González agradeció el trabajo colectivo, presumió un partido “fuerte, organizado y unido” y dio la bienvenida a Jaina Daniela Flores Meneses, quien asume interinamente la presidencia del Comité Ejecutivo Estatal conforme al estatuto. Palabras pulidas, institucionalidad impecable y, sobre todo, un mensaje claro: aquí no hay ruptura, hay trámite.

El fondo es conocido: la insostenibilidad política de encabezar el partido mientras su esposo, el alcalde con licencia de la capital, Alfonso Sánchez García, aspira a la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación rumbo a 2027.

Críticas previas de militantes y dirigentes (Raymundo Vázquez, Edvino Delgado y otros) ya señalaban riesgos de favoritismo, actos anticipados y uso de la estructura partidista. Morena, que a nivel nacional presume su cruzada contra el nepotismo, no podía permitirse mantener esa imagen en Tlaxcala.

González optó por salir —tarde para algunos, ordenada para otros— y deja el cargo a Jaina Daniela Flores, una militante de trayectoria interna que ha pasado por Finanzas y la Secretaría General. No es Ariadna Montiel ni Citlali Hernández, no trae el peso ni el perfil disruptor para una reestructuración profunda.

Es, en esencia, la opción estatutaria: alguien que garantiza que la máquina no se detenga mientras se resuelven las definiciones reales de poder y por lo tanto nadie tiene certeza, ni confianza, en que Morena Tlaxcala modifique su línea para poyar, desde la dirigencia, el sueño de Sánchez García.

Jaina Daniela representa continuidad operativa: organización territorial, trabajo de base y preparación del terreno electoral. No hay señales de una purga, renovación de cuadros ni confrontación con los grupos de poder locales. Es un interinato diseñado para estabilizar, no para transformar y mucho menos equilibrar.

Morena Tlaxcala sigue cargando sus problemas históricos: tensiones entre corrientes, señalamientos de favoritismos y la dificultad de proyectar un “nuevo comienzo” cuando las mismas figuras y dinastías locales siguen en el centro del juego. La salida de Marcela resuelve un conflicto de interés evidente, pero no resuelve los desafíos estructurales del partido en el estado.

El verdadero termómetro llegará con la definición de la Coordinación Estatal. Ahí se verá si Morena Tlaxcala apuesta por oxigenar liderazgos o ratifica el statu quo con otro barniz de unidad.

Mientras tanto, Jaina Daniela Flores Meneses cumple el papel: mantiene el barco a flote. En política, a veces el cambio más profundo es el que no se nota… o el que simplemente no llega.

Lo dicho, Jaina Daniela Flores tendrá que ganarse el respeto de la base y demostrar que no está cubriendo el espacio donde alguien más seguirá mandando. Su caso no es como el de Citlalli Hernández o Ariadna Montiel, que llegaron con la idea de limpiar y tomar el control de un partido venido a menos, el caso de Tlaxcala es de simple continuidad, continuismo y sumisión.