Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
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  • ¿Por qué es grave la invasión y secuestro de Maduro ordenada por Trump? Porqué es una acción imperialista, unilateral, sin el respaldo del Congreso, porqué viola la Carta de las Naciones Unidas y no tiene respeto alguno a los derechos humanos; podría incluso considerarse un acto y un crimen de guerra.

Desde mi honda precariedad en la materia, haré una breve opinión sobre lo sucedido en Venezuela con el secuestro (disfrazado de detención) de Nicolas Maduro ejecutado por Estados Unidos (o Trump, digámoslo mejor).

Es necesario para ello, rememorar el caso de Humberto Álvarez Machain, médico mexicano secuestrado —en Guadalajara para ser llevado a jurisdicción estadunidense— por policías mexicanos en colaboración con la DEA por su presunta participación en el asesinato de ‘Kiki’ Camarena; a todas luces, para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento en derechos humanos resulta una grave vulneración al principio universal del debido proceso, además de ser una ofensa al Estado de derecho y al orden jurídico internacional.

La Corte Federal de Distrito de los Ángeles conoció del caso; la defensa de Machain pidió que se declarara la incompetencia por violar el Tratado de Extradición vigente; ellos, siempre inteligentísimos quisieron defender su pretensión penal con una doctrina jurídica: male captus, bene detentus. Es decir, una detención injusta, no tiene por qué influenciar malamente en un juicio legitimo. El suceso escaló hasta que la Corte de Apelaciones dictaminó que el secuestro violento de un mexicano en su territorio por agentes estadounidenses sin el consentimiento de autoridades mexicanas violaba el Tratado de Extradición vigente; se ordenó la revocación de la acusación al médico mexicano. Aun con la salvedad de la Corte de Apelaciones, la Suprema Corte decidió finalmente establecer en su jurisprudencia el secuestro como medio legitimo para la aprehensión de supuestos delincuentes. Male captus, bene detentus. El precedente sentó graves supuestos para el orden jurídico entre naciones, sobre todo desde la confrontación de Estados Unidos en contra del narcotráfico abierta por George W. Bush. Hace no mucho, vimos un suceso similar con la puesta en jurisdicción del Mayo Zambada.

Llegamos con un poco más de contexto para entender el secuestro de Maduro; múltiples juristas y la gran mayoría de académicos, resaltan la gravedad de estos sucesos. No debe ser el secuestro un sustento de un juicio aparentemente parcial, ya que, sin importar la nacionalidad, ese suceso quebranta todo concepto de Estado de derecho. Seguimos. La construcción de un orden jurídico internacional ha sido una tarea ardua que ha costado guerras y vidas, y si bien ha sido tenue en su aplicación y eficacia, ha servido para entrelazar el respeto entre naciones; debemos rememorarnos al final de la Segunda Guerra Mundial para vislumbrar la consolidación de nuevas instituciones, normas y tratados, basados en derechos humanos, que guiaran a la mayoría de los países en una supra ordenación constitucional a la par de sus ordenamientos domésticos.

Luego entonces, ¿por qué es grave la invasión y secuestro de Maduro ordenada por Trump? Porqué es una acción imperialista, unilateral, sin el respaldo del Congreso, porqué viola la Carta de las Naciones Unidas y no tiene respeto alguno a los derechos humanos; podría incluso considerarse un acto y un crimen de guerra; lo sentencia correctamente el recién electo alcalde de Nueva York (y a partir de ahora, el más visible contrapeso de Trump) Zohran Mamdani: “Atacar unilateralmente a una nación soberana es un acto de guerra y una violación del derecho federal e internacional”. Además, ustedes se pueden preguntar, ¿cuál será el límite, quienes serán los siguientes?, ¿con que moralidad pueden avocarse a sentenciar lo sucedido con Rusia y Ucrania, o lo que puede suceder con China y Taiwán? No debería confundir el inicio del presente (el secuestro de Maduro para juzgarlo por narcoterrorismo) con la verdad oculta de la invasión: las reservas petroleras venezolanas. Resulta enternecedor ver opiniones exaltadas afirmando que lo sucedido es en pos de la democratización y liberación del pueblo de Venezuela; sí claro, como lo fueron las invasiones en Afganistán, Irak y Libia (ahora, seguramente, democracias ejemplares). Si el suceso fuera bondadoso o basado en un ideal demócrata, ¿por qué no se activó la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional?

La verdad es que el mundo entero está siendo pisoteado y con ganas de ser saqueado por los poderosos, pareciera que la soberanía solo existiera en las tres grandes potencias, EUA, Rusia y China. El derecho internacional muere ante la pasividad de las naciones y pareciera diluirse lo más preciado de ellas, la soberanía y la libre autodeterminación. Tan grave fue el asunto que alguna de las declaraciones más sensatas vino de Mariane Le Pen, líder de la extrema derecha en Francia: “La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, poder o continente. Es inviolable y sagrada”.

No cabe duda de que Trump es un tirano, tan peligroso como lo es Putin o el criminal prófugo de la CPI Netanyahu. Solamente que nos venden la moto: algunos son dictadores legales y otros ilegales. 2026 y seguimos en tiempos colonialistas; porque pareciera que la carrera emprendida por Estados Unidos es no sujetarse a las leyes ni tratados, ni a nada; solo a los intereses de su “dictador legal” como lo llamara perfectamente Martín Caparrós en su recién columna en El País. Finalmente, me permitiré recomendar una lectura provechosa que sirvió para titular esta columna: “Secuestrar para juzgar”, del gran jurista Manuel González Oropeza, libro que hace tiempo me fuera regalado por otro gran jurista, este, tlaxcalteca: Hugo García Domínguez; y también, otro libro provechoso y de fácil acceso para estos tiempos de tiranos con máscaras demócratas, “Como mueren las democracias” de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.