Raymundo y sus ¿Libros robados?

MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
Comparte esta nota

El pasado fin de semana, el Teatro Xicohténcatl en Tlaxcala fue escenario de una peculiar celebración. El diputado federal Raymundo Vázquez Conchas, bajo el pretexto de soplar las velitas de su cumpleaños, organizó una comilona que tuvo más de show político que de festejo familiar.

Y como invitado estelar, nada menos que su coordinador en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, quien no desaprovechó la oportunidad para dejarse apapachar y, de paso, repartir ejemplares de su libro Constitución del Pueblo de México, su Actualidad y Trayectoria.

Todo muy bonito, muy emotivo, hasta que uno rasca un poco la superficie y encuentra el tufo de la irregularidad.

Porque, queridos lectores, esos libros que Monreal y Vázquez entregaron con sonrisa de campaña no son cualquier cosa. Son parte de un escándalo que lleva cocinándose desde hace años y que la periodista Daniela Barragán destapó con precisión quirúrgica el 16 de febrero de 2023 en SinEmbargo.

Según su investigación, el exsenador Monreal Ávila usó millones de pesos del Senado de la República para comprar y editar sus propias obras, algunas a precios inflados, y —agárrense— autorizando las transacciones con firmas falsificadas.

Sí, falsificadas. Así lo denunció el senador Higinio Martínez, quien en entrevista dejó claro: “Ésa no es mi firma. Alguien la falsificó”. Un delito en toda regla que, hasta hoy, sigue sin responsables claros.

La trama es digna de una telenovela. En los últimos dos años de su periodo como senador, Monreal solicitó al Senado adquirir 12 mil 300 ejemplares de sus libros, por los que se pagaron 4 millones 290 mil 993 pesos.

Los contratos, disponibles en la Plataforma Nacional de Transparencia, son casi idénticos: un machote que cambia de título y fecha, pero siempre con las mismas firmas, incluyendo la apócrifa de Martínez.

Entre los títulos están Las grandes reformas para el cambio de régimen (950 mil pesos por 3 mil copias), Inversión y Comercio para la Región América del Norte (650 mil pesos por otros 3 mil), y el más reciente, Errar es humano, rectificar es política, donde el Senado desembolsó 2 millones de pesos por mil ejemplares en noviembre de 2022.

¿El detalle? Ese libro, que supuestamente enriquecería el acervo del Senado, se vende por 350 pesos afuera del recinto o se regala en giras como la de Tlaxcala. Negocio redondo.

Y no nos olvidemos del reparto estelar. Alejandro Armenta, hoy gobernador de Puebla y entonces presidente del Senado, aparece en el entramado como quien pudo haber dado luz verde a estas operaciones. José Manuel del Río Virgen, fiel escudero de Monreal, también tuvo su cameo al firmar la solicitud de Errar es humano con una justificación tan vaga que parece escrita en una servilleta: “Apoyar el trabajo legislativo”.

Claro, porque nada dice “trabajo legislativo” como regalar libros en eventos de precampaña. Higinio Martínez, por su parte, se lavó las manos. No pidió investigar a Monreal directamente, pero sí exigió a la Contraloría y a la Secretaría de Asuntos Administrativos que revisaran los contratos. “Podría haber un delito”, dijo, y dejó la bomba servida.

Dos años después, seguimos sin respuestas. Los libros, eso sí, siguen circulando como pan caliente en actos como el de Tlaxcala, donde Vázquez Conchas y Monreal presumieron su alianza rumbo a la sucesión gubernamental de 2027.

Raymundo, el menos culpable según algunos, debería saber que cargar con esos libros es cargar con su historia. Porque, aunque él no falsificó las firmas si es dueño del silencio cómplice, de un esquema que huele a abuso de poder y desvío de recursos.

Y Ricardo, el cerebro detrás de esta editorial tan peculiar, sigue pavoneándose como si el Senado fuera su imprenta personal.

Así que, mientras los libros se reparten y las ambiciones crecen, la pregunta sigue en el aire: ¿quién falsificó las firmas? ¿Quién se benefició de los millones? Por ahora, lo único claro es que en este festín de irregularidades, el pueblo paga la cuenta y los políticos se llevan los aplausos mientras sueñan con una sucesión donde solo son utilizados como distractores.

De la comida de Raymundo en su rancho muchos dicen que fueron más los diputados federales los que vinieron, que las figuras locales las que quisieron ser vistos con él. Parece que su desmarque con la familia en el poder ya le cobró la factura y muchos han optado por pintar su raya