Postular no es representar: el espejo que los partidos no quieren ver

NÉSTOR
NÉSTOR
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Las consultas del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) han destapado una verdad incómoda que los partidos políticos han preferido maquillar con discursos vacíos y fotografías cuidadosamente ensayadas: incluir no es representar, y las cuotas, en su forma actual, son un parche que no cicatriza la herida de la exclusión.

Los números no mienten. El 54.6% de las personas con discapacidad ignorara que existía una acción afirmativa para ellas en 2024 no es un dato menor: es la prueba irrefutable de que las cuotas se diseñan desde escritorios, no desde las necesidades reales. Peor aún, que el 61.2% no conozca a nadie electo bajo esa figura revela que estas candidaturas, cuando llegan al poder, se diluyen en el entramado burocrático hasta volverse irreconocibles.

Pero el golpe más duro a la clase política viene de las comunidades indígenas: el 91% exige documentos comunitarios para acreditar candidaturas. Es decir, la militancia partidista no basta. El “aval” del partido no pesa. Lo que importa es el reconocimiento de la asamblea, del territorio, del tejido social que el político de escritorio desconoce. Y ninguna mesa reconoció a la figura del “Gobernador Indígena” como autoridad legítima. ¿Cuántos partidos han impulsado a personajes sin arraigo solo para llenar una cuota? La respuesta está en esa desconfianza mayoritaria.

La comunidad LGBTTTIQA+ fue aún más contundente: 56.67% considera que las candidaturas no las representaron. Y aunque el 90% pide que las cuotas sigan, la mitad exige un replanteamiento integral. La demanda no es eliminar la acción afirmativa, sino evitar que sea usurpada por oportunistas que buscan el cargo sin compartir la lucha. El 93.33% quiere mecanismos de verificación, pero sin revictimización: no a exámenes médicos, no a entrevistas invasivas. ¿Podrán los partidos entender que la identidad no se demuestra con papeles ni se somete a la discrecionalidad de una comisión?

Las juventudes, por su parte, son un termómetro de la falla comunicacional: el 53.7% no sabía que existían cuotas para ellos. Y los tlaxcaltecas en el extranjero, el 76.32%. La información no llega, y cuando llega, no convence.

El problema de fondo es político, no técnico. Los partidos han tratado las acciones afirmativas como un requisito administrativo, no como una herramienta de transformación. Han colocado cuerpos diversos en las listas, pero han mantenido las estructuras de poder intactas. Han sumado rostros, pero han restado autonomía.

El consejero presidente del ITE, Manuel Ávila González, sostiene que la democracia se fortalece con participación en igualdad. Pero la igualdad no se decreta, se construye. Y para construirla, los partidos tendrán que aceptar que la curul no es el fin, sino el medio; que la representación no se acredita con una constancia, sino con un vínculo vivo con la comunidad; que la legitimidad no la otorga el instituto electoral, sino la base que ve en sus representantes un espejo, no una máscara.

Rumbo a 2027, el ITE tiene en sus manos diseñar acciones afirmativas que no sean un simple requisito, sino una verdadera palanca de poder. Pero el instituto solo puede poner reglas; la voluntad política debe venir de quienes hoy ocupan las cúpulas partidistas. La ciudadanía ya habló: ya no quiere candidaturas de adorno. Quiere poder real, no solo curul.

Los partidos tienen enfrente un espejo. El reflejo no es halagador. La pregunta es si tendrán el valor de mirarse y, más importante aún, de cambiar para realmente cumplir con los espacios para las comunidades, que a lo largo de los años han sido alejadas y discriminadas de los procesos de elecciones.