Otro activista asesinado, ¿cuántos más, 4T?

Martín Rodríguez Hernández/INNOMBRABLE
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El pasado domingo, la comunidad de San Cristóbal de las Casas se despertó con la trágica noticia del asesinato del padre Marcelo Pérez Pérez, un sacerdote tzotzil que dedicó su vida a la construcción de la paz en una región marcada durante siglos por la violencia y la desigualdad, aunque en los últimos años ha desbordado a las autoridades municipales y estatales.

El gobernador morenista Rutilio Escandón es el ejemplo paradigmático de la incompetencia, la ineficiencia y la corrupción que está devorando desde dentro al partidazo.

El problema es que se está llevando entre las patas a la gente, por más que se trate de maquillar las cifras de la delincuencia o inflar mágicamente de una semana a la siguiente las cantidades de recursos destinadas para reforzar a las corporaciones policiacas.

En el caso del sacerdote y activista chiapaneco, su muerte, a manos de sicarios que lo interceptaron tras oficiar una misa en el barrio de Cuxtitali en San Cristóbal de las Casas, arranca de tajo a un líder comunitario y un defensor incansable de los derechos de los pueblos indígenas.

El padre Marcelo no era un sacerdote ajeno a la realidad que lo rodeaba. Conocía de primera mano los desafíos que enfrentan las comunidades indígenas en Chiapas: la pobreza, la marginación, el conflicto por la tierra y la presencia del crimen organizado.

En lugar de refugiarse en la comodidad de la Iglesia, optó por caminar junto a su pueblo, acompañándolo en sus luchas y alzando la voz por aquellos que no podían hacerlo.

Su labor como mediador en conflictos locales, buscando siempre el diálogo y la reconciliación, le valió el respeto y la admiración de propios y extraños.

Desde 2014 se había convertido en un líder de la resistencia contra el crimen organizado, denunciando el tráfico de drogas y la infiltración de grupos criminales en las comunidades indígenas.

Su asesinato es una muestra brutal que evidencia la fragilidad de la paz social en Chiapas y la vulnerabilidad de aquellos que se atreven a defenderla.

La violencia que se vive en la región, alimentada por la impunidad y la falta de oportunidades, ha cobrado la vida de líderes sociales, defensores de derechos humanos y, ahora, de un sacerdote que solo buscaba el bienestar de su comunidad.

Ante este crimen atroz, nadie puede quedarse callado. La cada vez más fallida FGR valora atraer el caso, aunque eso no es garantía de que se resuelva y se detenga a los asesinos.

En la mañanera de este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido que el caso no quedará impune y que se llevará a cabo una investigación exhaustiva para encontrar a los responsables.

Sin embargo, la historia reciente muestra que las promesas de justicia a menudo se quedan en palabras vacías. La violencia en Chiapas ha aumentado en los últimos años, y la impunidad sigue siendo la norma.

En todo caso, es necesario que se redoblen los esfuerzos para garantizar la seguridad de los líderes comunitarios y defensores de derechos humanos en Chiapas, y en el resto del país, quienes arriesgan su vida por construir un futuro más justo y equitativo.

La muerte del padre Marcelo deja un tremendo vacío, pero también un legado de lucha y esperanza. Que su muerte no sea en vano.

Las tres de ley… 1- Ana Lilia Rivera Rivera, senadora de Tlaxcala, ha dicho en voz alta que el sectarismo no es lo suyo y que desde que llegó a esa posición se mantiene cercana al pueblo.

La muestra de su peso y del trabajo en el campo es la reelección de la que hoy es protagonista y que la pone en la antesala a la gubernatura del 2027, quizá por eso sus adversarios la quieran estigmatizar y generar una imagen de inalcanzable y cerrada. Saben que su capacidad y alcance es mayor.

2- Pedro Molina es un joven político del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que dejó ese cascarón para iniciar su chamba en solitario, sin el lastre de un grupo que piensa una cosa pero hace otra.

Al PRI se le van todos los días unos, y al siguiente otros que, como él, al menos avisan de su renuncia. ¿A dónde se sumará?, por lo pronto a éste cuerpo de analistas que desde ayer le dimos la bienvenida.

3-Ahora que Jaquelín Ordóñez generó la carcajada generalizada por su aspiración para encabezar la Comisión Nacional de Derechos Humanos muchos nos preguntamos qué la hace pensar que logrará allá, lo que aquí ha dejado de hacer por incapacidad, negligencia o por ser parte de la familia real. Por el bien de todos que esa locura solo quede en su cabeza.

Desde este espacio un abrazo fraternal a Francisco Mixcoatl, ex titular de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) por la irreparable pérdida de su señora madre. Descanse en paz.

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