Ni llegaron todas, ni las que llegaron son congruentes. Eso me dijo la activista Liz Andrea Flores Montoya, integrante de Mujeres Organizadas de Tlaxcala, Colectivo CyberPink y la Red de Acompañantes de Tlaxcala, refiriéndose a las migrantes, indígenas, de clases marginadas o con discapacidad, que enfrentan barreras adicionales por raza, etnia, clase social o idioma de cara al 8 M.
A pesar de rumores difundidos en días recientes que sugerían su cancelación, diversas colectivas feministas confirmaron que sí habrá marcha este domingo 8 de marzo en la capital tlaxcalteca, en conmemoración del Día Internacional de las Mujeres.
La feminista enfatizó esto en una entrevista realizada por quien esto escribe y añadió que la movilización busca visibilizar la persistencia de diversas formas de violencia contra mujeres, niñas y adolescentes, así como reafirmar el derecho a la libre protesta y expresión en el espacio público.
En Tlaxcala, la exigencia se centra en una vida libre de violencias en todos los ámbitos —laboral, familiar, digital, institucional— y en conquistar derechos como el acceso al aborto seguro y la salud integral.
Flores Montoya lamentó que, pese a avances simbólicos como la llegada de la primera mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, persiste una falta de congruencia: “No llegan todas las mujeres”, dijo.
En cuanto a garantías de seguridad, recordó episodios pasados de represión —como el uso de mangueras contra manifestantes en el primer año de la administración actual— y criticó el endurecimiento del aparato represivo actual, con vallas metálicas y presencia policial masiva, en lugar de diálogo real con las organizadoras.
Sin embargo, destacó que las colectivas han fortalecido mecanismos de autocuidado colectivo: “Mientras yo me cuido, cuido a las demás”, promoviendo cadenas de apoyo mutuo entre asistentes.
Uno de los puntos más destacados de la charla no podía ser otro que el llamado a los medios de comunicación y periodistas que cubran la marcha. Montoya insistió en la necesidad de generar respeto mutuo y empatía, reconociendo que la prensa debería ser aliada en la difusión de las demandas feministas.
En este contexto hizo una serie de recomendaciones concretas para evitar vulneraciones:
- Presentarse claramente: compartir nombre y medio de comunicación.
- Respetar la privacidad: no grabar ni fotografiar rostros completos de las manifestantes (solo desde los ojos hacia arriba, si es necesario).
- Evitar capturar detalles identificatorios: tatuajes, cicatrices, color de cabello o marcas particulares que puedan llevar a identificaciones y consecuencias laborales, como despidos por asistir a la protesta. Eso ha sucedido, me compartió.
- Priorizar la prudencia en coberturas: especialmente en momentos de tensión o acciones directas, para no agravar la exposición de las participantes, muchas de las cuales viven situaciones de violencia personal.
La activista recordó casos pasados donde periodistas sufrieron agresiones y subrayó que tanto manifestantes como comunicadores deben salvaguardar la integridad física, emocional y digital de todas las involucradas. El 8 M es un momento en el que se debe prestar especial atención, por la catarsis que se vive en este espacio.
La joven activista no dudo en a las actividades que iniciarán desde las 10:00 horas y se extenderán hasta las 20:00 horas. Recordó que hay al menos dos puntos principales de salida:
Uno de ellos con el contingente tradicional: desde el asta bandera en la Virgen, rumbo al Zócalo, con festival y actividades adicionales. El otro contingente alternativo que parte desde la Anti Monumenta (también llamada “Glorieta de las Mujeres Tlaxcaltecas”, ubicado junto a Plaza Vértice), a las 15:30 horas, con recorrido por el centro y regreso al mismo punto para más actividades.
Este acto convoca a niñas y adolescentes a sumarse acompañadas de amigas, familiares o hijas, y a consultar convocatorias en redes de grupos como Mujeres Organizadas de Tlaxcala, Colectivo CyberPink y la Red de Acompañantes.
Estos espacios no solo son de protesta, sino de encuentro, sororidad y construcción colectiva para una sociedad más justa y libre de violencias, dijo Montoya mientras recordaba que los “puntos seguros” que han sido implementados en lugares como el Museo Miguel N. Lira representa una conquista y una muestra del respaldo de las mujeres que dirigen estos espacios.
Yo recordé que fue Antonio Martínez Velázquez, otrora titular de la secretaría de Cultura, quien había impulsado esas área comunes en una fecha de tal trascendencia; sea como sea esas zonas cumplen una especial función y en algo coincidimos: son espacios de la gente, para la gente.



