Ana Lilia Rivera Rivera ya no disimula, ni tiene por qué, ahora presume el músculo sin ningún tipo de rubor. Este martes se reunió con Alfonso Cepeda Salas, dirigente nacional del SNTE, y lo exhibió como aliado estratégico, porque sabe que para lo que viene necesita de esas estructuras.
El mensaje en redes fue claro: educación como pilar, reconocimiento a los maestros y “lo mejor está por venir”. En la reunión la acompañaron José Antonio Álvarez Lima, Cutberto Chávez de la Rosa y Teresa Meneses Morales; esa foto estaba lista para circular, todo sea por mostrar el músculo y así fue.
El acercamiento no es menor; Cepeda Salas sigue siendo, al menos en el papel, el líder moral del magisterio nacional. Mantiene su escaño en el Senado y la representación formal del sindicato más grande del país, incluso se dice que a nivel America latina sigue siendo algo para presumir.
Pero el papel es una cosa y el territorio otra; en Coahuila, su tierra natal, poco o nada aportó para evitar que el PRI retuviera la geografía en la golpiza que el tricolor le dio a la 4T. El liderazgo nacional de Cepeda no se tradujo en fuerza local real, esa contradicción viaja ahora a Tlaxcala de la mano de Rivera Rivera donde todos esperan que la realidad sea otra.
Tampoco es menor la compañía local; Cutberto Chávez de la Rosa carga una de las peores calificaciones en la Sección 31. Desde esa trinchera, según las propias quejas del magisterio, se perjudicó a los maestros más de lo que se les defendió y para muestra está Gwendolynee Amaro, ex titular de la delegación D-III-1, a la que Chávez De la Rosa entregó a Homero Meneses Hernández.
Teresa Meneses, secretaria general de la Sección 55 —la de los maestros estatales—, aún tiene pendiente demostrar qué puede gestionar realmente desde esa posición. Hasta ahora, el saldo es de expectativas más que de resultados, pero está a tiempo y eso le favorece porque es “recién llegada”.
Pese a esos lastres, la senadora Ana Lilia Rivera Rivera necesita exactamente esas imágenes, el 2027 no se gana solo con discurso de transformación, se gana proyectando fuerza en los gremios que todavía mueven estructura y voto. Uno de esos sin duda es el de los maestros que siempre han sido esa base electoral que todos quieren, aunque ya en el ejercicio del poder casi siempre acaban abandonando o castigando.
El SNTE, con todas sus grietas, sigue siendo un actor, Ana Lilia Rivera lo sabe y por eso se dejó querer; aparecer en esa foto con Cepeda, con Chávez y con Meneses tiene una finalidad y no necesariamente porque sean los mejores aliados posibles, sino porque son los que tiene a la mano para presumir músculo… es lo que hay.
La operación es transparente: se trata de convertir un encuentro protocolario en señal de poder, pero la pregunta que queda abierta no es si la foto se tomó, sino si ese músculo resistirá el escrutinio de quienes conocen de cerca a cada uno de los protagonistas, en política, a veces la imagen vale más que el historial, hasta que el historial cobra la factura.
Las 3 de Ley… 1- Extraña manera tienen los congresistas tlaxcaltecas de entender la soberanía. Los mismos que abrieron la puerta a Luis Antonio Ramírez Hernández para ser secretario de Gobierno sin ser nacido en Tlaxcala, son los que ayer celebraron la confirmación de la reforma que obliga a renunciar a cualquier otra nacionalidad para aspirar a la Presidencia o a una gubernatura.
2- En algo coincido con ellos: la propuesta no es un capricho xenófobo, sino una afirmación de que el poder político en México exige lealtad plena e indivisible. Quien pretenda gobernar un Estado o la República no puede tener un pie en otro país. La Constitución, al endurecer los artículos 82, 116 y 122, recuerda que la soberanía no se negocia ni se comparte.
3- La renuncia es un acto de coherencia. No basta con nacer mexicano: para ejercer el máximo poder público se exige un acto voluntario y explícito —renunciar a la otra nacionalidad—, y ese es un filtro de convicción. Pero a quienes no les importó mancillar o torcer la Constitución local y ahora celebran ser una de las entidades que “pusieron el pecho a las balas” para lograrla, hay que recordarles su entreguismo. Violentar la confianza de quienes los eligieron también es un acto de traición.


