La noche del pasado martes, en el entronque Santa Ana-Ocotlán, una patrulla de la Policía Estatal con placas TL-201A-6 embistió varios vehículos particulares. Por motivos que nadie ha explicado con claridad, los tripulantes de la unidad oficial fueron extraídos del lugar de inmediato.
El saldo es concreto y doloroso: uno de los conductores resultó con fractura nasal, avulsión del pulgar derecho, esguince cervical de tercer grado, hematoma subgaleal y contusiones en tórax y abdomen. Dos unidades particulares quedaron en pérdida total. Hasta aquí los hechos duros, lo que sigue es la narrativa que se construyó después.
El secretario de Seguridad Ciudadana, Alberto Martín Perea Marrufo, salió a Diálogo Circular a explicar que la patrulla iba en servicio, atendiendo un reporte de personas armadas que resultó falso, y que circulaba con luces y sirena. Quiero pensar que él, como buena parte de la ciudadanía, cree lo que le informan sus subordinados, aunque también cabe la posibilidad de que esté siendo engañado.
Añadió, como dato de color, que alrededor del 40 por ciento de los reportes que llegan al C5 son falsos, pero que de todas formas hay que verificarlos. La versión oficial es clara: emergencia, urgencia, torretas prendidas y responsabilidad diluida en la estadística de llamadas falsas.
El problema es que esa versión no coincide con lo que dicen los testigos, el video y, sobre todo, la declaración del doctor Marco Pérez, uno de los afectados, quien habló con MR Noticias para el programa “al chile” que se transmite de lunes a viernes de 13:00 a 14:00 horas por plataformas digitales.
Según ese testimonio, la patrulla no llevaba las torretas encendidas al momento del impacto: las activaron después; los elementos “se hicieron los heridos”, se retiraron de inmediato en ambulancia al Hospital San Martín y, lo más grave, nunca presentaron formalmente al conductor de la unidad. Ojo: es el parte de uno de los afectados.
En el lugar quedó un uniformado que no reaccionaba y no mostraba heridas visibles; parecía anestesiado por “otra causa”. A los conductores civiles se les envió a Vialidad a esperar el peritaje para deslindar responsabilidades económicas. El trato, como casi siempre, fue diferenciado.
El afectado fue claro: no hay acuerdos, no hay negociación bajo la mesa, no hay el clásico “ya está resuelto”. Solo hay un conductor de patrulla que desapareció del escenario y una versión oficial que insiste en que todo ocurrió en cumplimiento del deber.
La pregunta no es si el 40 por ciento de los reportes son falsos, la verdadera pregunta es por qué, cuando una unidad oficial causa daños graves a civiles, el conductor no se presenta, los elementos se evacúan sin formalidades y la narrativa oficial se construye antes de que el peritaje siquiera empiece a hablar.
Si realmente iban a atender un reporte de personas armadas con luces y sirena, ¿por qué los testigos y el video dicen lo contrario? Si no había estado etílico, ¿por qué la sospecha se sostiene con tanta fuerza entre quienes estuvieron en el lugar y por qué se hizo lo imposible para que no hubiera certeza de que el elemento no estuviera intoxicado?
Perea Marrufo puede repetir cuantas veces quiera que los elementos deben atender emergencias con prontitud, nadie discute eso. Lo que se discute es la veracidad de la información que se difunde cuando los hechos sobre el terreno apuntan en otra dirección.
Una cosa es atender un reporte falso; otra, muy distinta, es chocar, desaparecer al conductor y luego salir a explicar que todo fue en servicio. Falacias, nada más.
La versión oficial y la de los afectados no pueden ser las dos verdaderas al mismo tiempo. Mientras el conductor de la patrulla no sea presentado y el peritaje no hable con claridad, la duda razonable no es un capricho periodístico: es el mínimo de sentido común.
Por ahora, uno de los agraviados tiene fractura, perdió su vehículo y arrastra golpes y contusiones, pero al menos sigue con vida. En otro escenario, con cadáveres y pérdidas más allá de las materiales, ¿cuál hubiera sido el pretexto para excusar a los elementos que se quedaron dormidos en su unidad?. Perea puede decir misa, pero las imágenes y los hechos dicen la verdad.
