Después de Juárez: él; después de AMLO: ella

MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Este día mientras cientos de jóvenes se preparan para acudir a su primer día de clases, otros no tan jóvenes se alistan con la misma emoción para acudir a rendir protesta como miembros del Poder Judicial en México. El Nuevo Poder Judicial.

La historia del país este día se modificará y tal como sucedió aquel 2018, ya nada volverá a ser igual, por más que el PRI y el PAN quieran decir lo contrario.

Nuestra pequeña gran tierra será testigo de un momento que reverberará en los anales de su historia.

No es solo el primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, la primera presidenta de México después de 200 años, sino el bautizo de un Poder Judicial renovado, electo por el pueblo, un hecho que sacude los cimientos de un sistema que, durante décadas, se enquistó en privilegios y se alejó de la gente.

Aquí, en la cuna de la mexicanidad, donde Xicohténcatl forjó alianzas y resistencias, este 1 de septiembre de 2025 hay un grito de justicia y esperanza. Sí, con todo y esa reunión a la que muchos fueron con el pecho sano, pero acabaron siendo exhibidos, quizá como parte de su novatada. Simplemente no era momento de acudir.

Pero volvamos al punto. Por segunda vez en dos siglos, un indígena ocupará un lugar en la Corte, un eco de nuestra raíz profunda, de los otomíes y nahuas que aún resuenan en los mercados de Chiautempan, Tlaxcala, Apizaco y las fiestas de Huamantla.

La reforma judicial, que los profetas del desastre tildaron de “atrocidad”, no ha traído caos ni barbarie. Al contrario, Tlaxcala ve nacer una justicia más cercana, con jueces que no solo interpretan la ley, sino que entienden el dolor y el anhelo de nuestra gente.

Y mientras, en la capital del país, Claudia Sheinbaum rinde su primer informe ante un Congreso con mayoría transformadora, aquí en Tlaxcala sentimos el pulso de esa victoria.

Hace un año, la derecha vaticinaba el apocalipsis: recesión, desempleo, inflación desbocada, inversiones en fuga y una dictadura que, decían, nos arrastraría a la ruina. Casi lo mismo que decían de Obrador y miren que bien enderezó el barco.

Pero la realidad, terca como mula, los desmintió. La economía no se derrumbó: la inversión extranjera directa bate récords, con maquiladoras creciendo en Calpulalpan y parques industriales en Tlaxcala

La inflación está domada, el desempleo es de los más bajos en décadas, y el peso, como toro de Huamantla, se mantiene firme. Las reservas del Banco de México son un colchón sólido, y proyectos como el Tren Maya, que conecta al sureste, abren caminos para nuestro país.

El dato que más resuena en nuestras comunidades, desde los telares de Contla hasta las ferias de Zacatelco, es el del INEGI: 13.4 millones de mexicanos menos en la pobreza, casi 2 millones fuera de la miseria extrema.

En Tlaxcala, donde la pobreza ha sido un yugo histórico, esto no es solo un número: es el niño que ahora come tres veces al día, la madre que accede a medicinas, el artesano que vende más en el tianguis. Es el legado de López Obrador, que Sheinbaum abraza y multiplica, haciendo eco en cada calle empedrada de nuestra patria chica.

No todo es miel sobre hojuelas. La inseguridad sigue siendo la espina en el zapato. Los crímenes de alto impacto, amplificados por medios que parecen gozar del miedo, alimentan la percepción de que el delito nos desborda. Y desde el norte, Trump ladra, llamando “terroristas” a los cárteles mientras ignora a los millones de adictos que sostienen su mercado.

Hoy, mientras el nuevo Congreso de la Unión inicia con Laura Itzel Castillo al frente del Senado, en Tlaxcala miramos con curiosidad la pugna por la Cámara de Diputados. El PAN propone nombres que parecen sacados de un drama de hace 20 años: Margarita Zavala, Germán Martínez, Federico Döring, todos ligados al desafuero de AMLO. ¡Vaya ironía!

En nuestra tierra, donde la memoria es larga como los murales de Cacaxtla, no olvidamos esas batallas. Y aunque no sabemos aún quién presidirá, el solo hecho de que Tlaxcala tenga voz en ese Congreso renovado es un triunfo.

Sheinbaum, desde Palacio Nacional, hablará de un México digno, que negocia con Trump sin arrodillarse, que impulsa el Plan México para tejer autosuficiencia, que fortalece a Pemex y CFE para que nuestra energía no dependa de extranjeros.

En Tlaxcala, esto se traduce en más electrificación para comunidades como Ixtenco y en apoyo a los pequeños productores que sostienen nuestra economía. La ruptura con AMLO que la derecha exige es un delirio de quienes no entienden el alma de este movimiento. En Tlaxcala, la gente sabe de lealtades y difícilmente se traiciona a quienes les han devuelto la esperanza.

Este 1 de septiembre, Tlaxcala no solo celebra un informe o una toma de protesta, celebra un amanecer donde el pueblo elige a sus jueces, donde una mujer lidera con ciencia y corazón, donde la pobreza retrocede y la justicia avanza. Los agoreros de la catástrofe se equivocaron otra vez.