MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Este día la derecha mexicana amaneció sintiéndose muy culta y más europea, mientras pierde terreno entre la gente que realmente decide las elecciones. Los Taboada, Cortés, Creel y esa nata fifi no entienden que al mexicano promedio no le significa nada la llegada de una española a tratar de educarnos. Ella es Isabel Díaz Ayuso.

Que Juan Miguel Zunzunegui sea un referente para el panismo es otra muestra de por qué la “oposición” está en decadencia. Ese “historiador” es una prostituta que escupe lo que el cheque firmado por Ricardo Salinas Pliego le dicte. Eso sí lo entendemos en todo México; ahí no hay mucho que analizar.

Lo que sí podemos y debemos puntualizar es que Tlaxcala resulta ser el espejo perfecto de esa fractura entre los amantes de la derecha que quisieron organizar una misa para Hernán Cortés. Aquí vivimos en un estado que históricamente eligió bien para sobrevivir, pero que la narrativa nacional convirtió en traidor eterno. Y la derecha, en lugar de romper ese marco, sigue metiendo las cuatro patas.

Aquí, donde los tlaxcaltecas seguimos cargando con el estigma de “malinchistas” por habernos aliado con Cortés contra el yugo mexica, que nos exprimía a sangre y fuego, este tipo de eventos —donde la alcaldesa panista de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo De la Vega, le entregó las Llaves de la Ciudad a Isabel Díaz Ayuso, acompañada de Nacho Cano y la esposa de Salinas Pliego aplaudiendo al conquistador— se sienten como una bofetada con guante blanco.

No porque la historia sea mentira, sino porque la izquierda ha convertido ese episodio en pecado original. Cada vez que la derecha levanta a Cortés como bandera, confirma el relato que la pinta como el partido de los “fifis”, los herederos de la conquista, los que prefieren lo extranjero y lo blanco frente al “pueblo verdadero”.

En Tlaxcala duele doble: es restregarle a la gente su propia identidad histórica como traición nacional. ¿Por qué no lo entienden así en Acción Nacional o en el PRI? Es fácil descifrarlo: porque no les conviene.

Y aquí viene el meollo del desgaste brutal de la derecha. Mientras la izquierda invoca a Zapata, Juárez, o Villa, la derecha mexicana se ha quedado, en gran medida, con el conquistador del siglo XVI como gran referente simbólico.

Cortés fue un genio militar y político, no lo sabemos—pero al menos eso nos presumen en el PAN—. Lo que sí es un hecho es que el mestizaje existe gracias al choque brutal y sanguinario que él encabezó.

La evangelización y el idioma común también. Pero para millones de mexicanos criados en el relato posrevolucionario, Cortés sigue siendo el invasor, el violador simbólico, el origen de todos los males. Levantarlo y aplaudirle es regalarle a Morena y a la 4T el monopolio del “nosotros los oprimidos” contra “ellos los conquistadores de siempre”.

Pero vamos a los hechos concretos, no sólo a los símbolos. La entrega de las Llaves de la delegación Cuauhtémoc, de Alesandra Rojo De la Vega a Isabel Díaz Ayuso no fue un gesto inocente: fue una ceremonia pagada con recursos públicos que superan los 2 millones de pesos entre montaje, seguridad, difusión y protocolo. Mientras esa misma alcaldía tiene baches, falta de agua y escuelas en mal estado.

Eso nos lleva directamente al caso de Maru Campos, gobernadora de Chihuahua por el PAN. Su caso no debe quedar en el olvido porque su administración es el espejo de esta misma lógica: presume viajes a España y encuentros con la derecha internacional, mientras en Ciudad Juárez sigue la violencia contra mujeres y el agua no llega a colonias enteras.

La derecha se ha desgastado porque parece incapaz de construir una narrativa que emocione más allá del libre mercado, el anti-izquierdismo y la Hispanidad. Mientras la izquierda vende victimismo, resentimiento y héroes populares que “se levantaron”, la derecha termina defendiendo a un tipo que llegó en barcos con ladrones y viruela.

Al final, estas ceremonias con Malinche, Ayuso y Cortés no unen: polarizan. Sirven para que la izquierda vuelva a gritar “malinchistas” y “vendepatrias”, y para que la derecha se sienta muy culta y muy europea mientras pierde terreno entre la gente que realmente decide las elecciones. Y mientras no aprendan la lección seguirán siendo el partido de las fotos, pero no el de las soluciones.