¿Quién puede exigir un reconocimiento por la creación del agua tibia o el hilo negro, acaso alguien tendría tal valor?, por extraño que parezca sí. Al menos eso sucedió con el ex titular de cultura en el gobierno del PRI, Willebaldo Herrera Téllez, el mismo que durante su gestión permitió la realización de una boda en las instalaciones del entonces Instituto Tlaxcalteca de Cultura. Y sin embargo nadie puede regatearle su labor.
El Olvido Institucional en los 500 Años de Tlaxcala: Cuando la cultura se convierte en víctima de la desatención
en el marco de los fastuosos festejos por los 500 años de la fundación de la Ciudad de Tlaxcala el gobierno estatal ha desplegado un amplio programa de actividades.
Desde la inauguración del Primer Festival Tlaxkallan 2025 hasta la emisión de un billete conmemorativo por la Lotería Nacional, pasando por la inscripción en letras doradas de la leyenda “Ciudad de Tlaxcala, 500 años” en el Congreso local, las celebraciones buscan exaltar el legado tlaxcalteca como “raíz de México”.
Sin embargo, tras el brillo de los eventos oficiales, emerge un malestar profundo en el ámbito cultural: la marginación sistemática de figuras clave que han forjado la identidad tlaxcalteca.
Este descontento no es un capricho aislado, sino el reflejo de errores graves en la ejecución de los actos celebrados por los gobiernos municipal y estatal, que priorizan la imagen política sobre la consulta a expertos, generando omisiones históricas, daños patrimoniales y un clima de exclusión que aleja a los verdaderos guardianes de la memoria colectiva.
Un caso emblemático es el del propio Herrera Téllez, historiador, escritor, periodista cultural y promotor incansable de la herencia tlaxcalteca, con más de 50 años de trayectoria y una prolífica producción de más de 40 libros, como él mismo presume.
Exdirector del Departamento de Cultura del municipio de Tlaxcala durante administraciones priistas —y posteriormente del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura (ITC) en gestiones estatales—, Herrera Téllez es reconocido -y así lo escribe en redes sociales- como el creador original y gestor pionero de los festejos anuales por la Fundación Histórica de la Ciudad de Tlaxcala.
En 2001, como titular cultural municipal, organizó el primer evento conmemorativo, redactó el Bando Municipal correspondiente y lo impulsó durante siete años consecutivos, integrando actividades literarias, teatrales, musicales, artesanales y pictóricas.
Además, fundó la Presea “Medalla Ciudad de Tlaxcala” —con testimonios documentales irrefutables— y el Bazar Cultural de fines de semana en la Plaza Xicoténcatl, una iniciativa que generó empleo para artesanos locales y revitalizó el centro histórico.
Su labor, lejos de buscar aplausos, se enmarcó en un compromiso cívico: “No soy ni aceptaré nunca ser vaca sagrada de la cultura y el arte”, como él mismo lo expresa.
Recientemente, en una carta abierta dirigida a la gobernadora Cuéllar Cisneros y difundida en redes sociales, Herrera Téllez levantó la voz contra su exclusión total de los discursos oficiales durante las celebraciones de octubre de 2025.
Ni invitado ni mencionado, pese a ser el “fundador y promotor genuino” de estos protocolos, el veterano cultural denunció una “omisión ominosa” que lo trata “como si fuera un forastero o un delincuente en mi propia tierra”.
Amenazó incluso con exiliarse de Tlaxcala si persiste esta indiferencia, priorizando su “integridad ética e intelectual” sobre cualquier homenaje. Su reclamo es elemental: no un banquete, sino el crédito moral y legal por su legado, en un gobierno que se autodenomina “humanista y democrático”.
Lo que podría haber sido un llamado a la reflexión se torció rápidamente en las redes, donde Herrera Téllez terminó exhibido por otra figura cultural.
Una artista e investigadora local, herida por desaciertos del pasado —como la distorsión de la biografía de Victoria Dorantes Sosa, la “Modelo de la Patria”, en conferencias donde él se presentó como biógrafo oficial sin verificar fuentes—, aprovechó la queja para recordarle su propio “desdén” hacia investigaciones ajenas durante su gestión como funcionario.
Utilizando un video de un alumno de un historiador rival para contradecir hallazgos, Herrera había menospreciado trabajos que cuestionaban versiones oficiales, repitiendo narrativas sesgadas por “turbios sentimientos” políticos.
Hoy, ironía del destino, él mismo padece el “abuso de autoridad” y la “ignorancia de su séquito” que critica: una exclusión que no lo distingue de otros creadores proscritos por un sistema que ve la cultura como “simulacro cosmético” para la promoción personal.
Este episodio ilustra los fallos profundos de los cerebros gubernamentales, tanto en el ayuntamiento como en el Palacio de Gobierno estatal. Al ignorar a historiadores e investigadores como Herrera Téllez —quienes han dedicado vidas enteras a fortalecer la “historia gloriosa de nuestra Tlaxcala”—, se cometen errores flagrantes que manchan el aniversario.
Baste citar la confusión sobre el año en curso durante un evento oficial, o el daño patrimonial a la estructura de la Plaza de Toros de Tlaxcala por intervenciones inadecuadas, o las lonas propagandísticas que desvirtúan sitios históricos.
Tales deslices no son casuales: surgen de un asesoramiento deficiente que prioriza lo efímero sobre lo riguroso, alienando a la comunidad cultural y erosionando la conciencia ciudadana que estos 500 años deberían forjar.
El malestar de figuras como Herrera Téllez, o de la artista que lo confrontó, trasciende rencillas personales; es un síntoma de un sistema que menosprecia “el esfuerzo del saber”.


