- Tras palpable rompimiento del PT y PVEM con MORENA por diferencias con reforma electoral, Noroña arrecia a Ana Lilia Rivera y observa la viabilidad de su candidatura con o sin el respaldo del morenismo.
La reforma electoral de la presidenta Sheinbaum le ha supuesto un frente de batalla que quizá no nace en el mejor momento; el poder que ha concentrado MORENA cimentado por Andrés Manuel López Obrador le hizo obtener una mayoría calificada, gran parte de gobiernos estatales e incluso un dominio en el poder judicial. La economía estancada y la tensión con Estados Unidos deberían ser prioridad en la agenda de los mexicanos y sus políticos, y el tiempo de la propuesta electoral, expone y estira los acuerdos ya articulados entre aliados y los propios interiores de MORENA. Las respuestas a lo anterior son tajantes: un cuasi-rompimiento con el PT y el PVEM que le niegan, incluso ni en vendimia cara, la aprobación de las iniciativas electorales.
Si bien es cierto, no se conoce los alcances reales de lo propuesto por Claudia Sheinbaum, las filtraciones sugieren cuestiones como la eliminación de los pluris, la reducción de partida y prerrogativas a los partidos o las reglas de repartición de las listas de candidaturas, entre otras; siendo la presidenta una mujer de cualidades natas y aventajadas en la política, demostrado ya en la impoluta reducción de las embestidas de Trump, ¿cuál pudiera ser el verdadero fondo de querer revolver el río en este momento?, ¿es únicamente sobre la concentración del poder en MORENA y el desplazamiento de partidos chantajes o antisistema —como los nombra Sartori—, cuestionando además, su verdadera productividad? He allí el rompimiento con PT y los bisagras niños verdes, siempre hábiles e inteligentes en leer a quien levantar la mano. El hecho de cuestionar su productividad, invitándolos a votar contra ellos mismos antes de las intermedias, es muy osado, sobre todo por lo temprano en su mandato.
Esa liga estirada ya dio el primer tirón que mueve el tablero político de Tlaxcala. Es sabido que la disputa dentro MORENA es férrea pues consiguiéndose la candidatura determina una probabilidad altísima de lograr la gubernatura. Por contextualizar, los nombres barajados son: Josefina Rodríguez —aunque de perfil natural por su valía, se prevé despresurizada por su alta función y fiabilidad en el gabinete presidencial además de tener la enorme encomienda de recibir al turismo en el mundial de fútbol—, Alfonso Sánchez —candidato propuesto por el gobierno estatal para suceder el sexenio y políticas de la gobernadora Lorena Cuéllar—, Ana Lilia Rivera —senadora con trabajos solidos y muy recorridos en la base del morenismo— y Oscar Flores Jiménez —Secretario de Finanzas de Estado de México y responsable de las finanzas de la SEP en el sexenio federal pasado, tecnócrata probo y preparado, discreto y escondido de las grandes masas pero de la absoluta confianza de AMLO y figura clave en lo que llaman la Cuarta Transformación—.
Decía un torero, Iván Fandiño, el miedo busca, el valor espera; la muy rápida confrontación entre Alfonso Sánchez y Ana Lilia Rivera, y la prevista despresurización por continuar en el gabinete presidencial de Josefina, ha desgastado a los dos que competían y ha catapultado al único que inteligentísimamente ha respetado los tiempos electorales: Oscar Flores. Tras esto, empieza a ver claridad en el panorama; si es hombre será él, si es mujer será Ana Lilia. Pero ¿qué hay tras las declaraciones de Gerardo Fernández Noroña?, ¿qué pasa si no resulta ser Ana Lilia a quien ya le respaldó? ¿eso fue una oferta para ofrecer la candidatura (si fuera el caso de no lograrse en su partido) por el PT sin coalición con MORENA, tras lo que pareciera ser un rompimiento nacional y prueba de fuerza e las intermedias?, o, ¿es deducción privilegiada al estar negociando la aprobación de la reforma electoral con presidencia? La clave será ver si transitará o no la reforma de la presidenta Claudia Sheinbaum, pues ello nos susurrará los posibles acuerdos cupulares y negociaciones. Se verá en junio. O antes.

