La muerte invisible: veladores sin protección

MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
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Otra vez la sangre en una escuela. Artaván N., de aproximadamente 38 años, fue asesinado a puñaladas en la Telesecundaria “Vicente Guerrero”, ubicada en Alpotzonga, comunidad del municipio de Ixtacuixtla.

Su cuerpo fue encontrado al iniciar las actividades escolares. No se trató de un accidente: fue un ataque violento mientras cumplía su labor de custodiar el plantel.

Artaván no era un docente ni un directivo. Era un velador, un intendente, uno de esos trabajadores invisibles que llegan antes que todos y se van después que todos, cuidando las instalaciones educativas con el sueldo justo para sobrevivir y, en muchos casos, sin las mínimas garantías de seguridad.

Su muerte no es un hecho aislado en la estadística de la violencia tlaxcalteca, pero sí es emblemática de la indiferencia sistemática hacia el personal de apoyo y asistencia a la educación (PAAE).

Desde hace años, la Delegación D-III-1 del SNTE Sección 31 ha denunciado la precariedad de sus condiciones laborales. Gwendolinee Amaro Ramírez, ex delegada de este sector, ha sido voz recurrente en las protestas: reducción de prestaciones, recortes al “beneficio único anual”, desaparición de apoyos históricos como despensas, bonos y obsequios de fin de año, y la falta de respuesta real por parte de la SEPE-USET y la dirigencia sindical.

Un velador que pidió mantener el anonimato por temor a represalias describió la realidad diaria de sus compañeros: “Trabajamos muchas veces solos, especialmente en turnos nocturnos o de madrugada, en planteles con iluminación deficiente y sin cámaras que funcionen.

Nos dicen que cuidemos las escuelas, pero nadie nos cuida a nosotros. Las prestaciones han bajado año con año, el salario apenas alcanza y si pasa algo, quedas a tu suerte”.

Este testimonio refleja el sentir de muchos en el sector: jornadas extenuantes, percepciones salariales estancadas o mermadas, ausencia de protocolos mínimos de seguridad —cámaras operativas, botones de pánico, acompañamiento o equipo básico— y la sensación constante de vulnerabilidad, sobre todo en municipios como Ixtacuixtla, donde se han concentrado varios hechos violentos.

Mientras las autoridades presumen avances en cobertura educativa, los guardianes nocturnos siguen siendo tratados como muebles.

Se les exige lealtad y presencia, pero se les niega protección y dignidad laboral. Las protestas de la D-III-1 han sido ignoradas o minimizadas en más de una ocasión, incluso con ceses de liderazgos incómodos como el de la propia Amaro.

Este asesinato debe servir como punto de quiebre. No basta con que la Fiscalía investigue. Es urgente que el gobierno estatal, la SEPE-USET y el SNTE asuman su responsabilidad

Primero implementando protocolos reales de seguridad para el personal de apoyo, especialmente en zonas de riesgo.

Detener la erosión de prestaciones y garantizar salarios dignos que reflejen el riesgo; escuchar y resolver las demandas históricas de la D-III-1 y y paralelamente transparentar recursos para el personal no docente.

Los veladores como Artaván no piden aplausos. Solo piden lo mínimo: no ser abandonados mientras cuidan el futuro de nuestros hijos.

La muerte de uno de ellos mancha a toda la estructura educativa que los ignora. Ya es hora de que dejen de ser invisibles.