El conflicto que estalló esta semana en la Secretaría de Salud de Estado (SESA) fue el escenario perfecto para que Blanca Águila Lima despertara del letargo en el que se encontraba mientras simulo ser aliada del actual gobierno.
Como en sus mejores tiempos donde gozaba del amparo del poder, la diputada local movilizó a la base trabajadora agremiada a la sección 27 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (Sntsa) para realizar protestas y manifestaciones en unidades y hospitales.
En un principio, los empleados exigían la destitución del director administrativo de la SESA, Gilberto Mendoza a quien acusan de incurrir en actos de hostigamiento laborar y ejercer violencia verbal, entre otras irregularidades. Y vaya que hay sobrada razón contra el patán que despachaba en esa oficina.
Si bien la demanda de los trabajadores está justificada, también es un hecho, que el actuar de Blanca Águila es sistemático.
No es nuevo que la eterna lideresa del Sntsa utilice la dirección administrativa de la SESA para ejercer presión a las autoridades y remover a quien no responda a sus intereses o represente un obstáculo para ella.
Águila Lima sabe perfectamente que hacerse del control de esta posición le permite, prácticamente, manejar a toda la dependencia y acceder a recursos millonarios que recibe la SESA cada año.
El buscar destituir al director administrativo es una estrategia recurrente, que al menos en tres administraciones pasadas le ha dado resultado. Así logró que removieran a Mario Hernández, Guadalupe Zamora y al propio Julio Cesar Meneses.
El problema se agravó cuando, aun conociendo estos antecedentes, el actual gobierno y el titular de la SESA, Rigoberto Zamudio Meneses, toleraron que Blanca Águila hiciera lo que quisiera al interior de la secretaría. ¿No hay nadie que le ponga un alto a los excesos de “Blanquita”?
El primer error de la administración estatal fue creer en la palabra de un personaje como Águila Lima, quien para simular su lealtad al proyecto de Lorena Cuéllar, decidió que el contingente de la sección 27 del Sntsa no marchara el Día del Trabajo porque “no existían demandas por resolver todas se atendían”, dijo a inicios de mes, ¿se acuerdan?.
Su zalamería llegó a tal grado que el día del cumpleaños de la mandataria estatal contrató un mariachi para que entonaran las mañanitas en su honor. Sin embargo, el conflicto reciente evidenció la fragilidad de su palabra, en algo no le cumplieron y por eso volvió a sacar las uñas.
A la menor provocación decidió desconocer los acuerdos que ella misma presumía con sus cercanos, acuerdos que había pactado con la administración estatal a cambio de no ser removida como diputada local pues sabe que existe -o al menos existía- un documento que se presentaría por la fracción parlamentaria de Morena en la LXIV legislatura que la alejaría de su curul y mientras se defendiera en los tribunales, estaría fuera de esa beca legislativa.
Y en medio de este caos ¿Usted ha visto al secretario de Salud, Rigoberto Zamudio Meneses salir a dar la cara y explicar que sucede? No, claro que no.
La única aportación de Zamudio Meneses para resolver el conflicto es un lamentable video que circula en redes sociales, donde se le ve iracundo en un pasillo del Hospital de Huamantla gritarle a una trabajadora que le reclamaba la falta de insumos para desempeñar su función.
El nivel del pediatra poblano solo le alcanza para resolver las cosas a gritos. La falta de argumentos del funcionario es más que evidente.
Y para colmo, su propio equipo le está dando la espalda, existen versiones al interior de la SESA de que la subsecretaria de salud, Celina Castañeda, quien llegó de la Ciudad de México con su respectiva gente ya rompió con Rigoberto Zamudio y actualmente están enfrentados.
Esta situación, fue aprovechada por la “colmilluda” Blanca Águila quien no dudo en aliarse con Celina Castañeda para desestabilizar la dependencia.
Dicen en los pasillos de SESA que Zamudio Meneses está en la “tablita” y este nuevo conflicto lo expone nuevamente como incapaz de atender las demandas de los trabajadores. Esto quizá explique su reacción de gritar para imponer sus argumentos.
Créame que lo que menos le importa a Blanca Águila es si el personal cuenta con insumos para trabajar, tampoco le importa si se respeta el acuerdo de otorgar un día de descanso al personal de enfermería por el Día de la Enfermera, tampoco le interesa si alcanzan o no los platillos en el festejo del Día de la Madre y el Padre que se celebrará este viernes.
Los 27 puntos que exigen los trabajadores en su pliego petitorio son solo el pretexto que Blanca Águila va utilizar para intentar recobrar el poder que algún día ostento. le urge legitimidad y reflector.
La pasividad de la administración estatal para tolerar las acciones de la diputada priista y la prepotencia de Rigoberto Zamudio para enfrentar la crisis, son la combinación perfecta para que Blanca Águila tome un segundo aire.
El rompimiento con el gobierno que tácitamente ha expresado estos días puede ser una factura que pague caro en el futuro inmediato, pero mientras, la leona despertó. Lo que estamos viviendo ya lo conocemos, es la misma gata, nada más revolcada.
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