La presencia de Alfonso Sánchez García en el 45 aniversario luctuoso del exgobernador Emilio Sánchez Piedras no es un acto aislado y para muchos significa su destape real en uno de los municipios más importantes de la entidad.
Pero, antes de ser aspirante, ¿cuántas veces recuerdan los tlaxcaltecas al presidente municipal capitalino madrugando en este tipo de ceremonias?. Horas después Ana Lilia Rivera estuvo en el mismo municipio, pero a diferencia del acto político ella estuvo con un millar de personas, entre ellas algunos funcionarios municipales.
Este par de actos desnuda la esencia de ambas estrategias, una cimentada en la élite y las familias que dicen mandar y la segunda de cerca con la nata social que ha generado una inercia que ha hecho que, incluso miembros de los cabildos, se sumen a la mujer que es vista como enemiga pública del estado y pese a ello logra una comunión natural.
Nadie puede criticar al equipo de trabajo de Sánchez Garcia, a su esposa Marcela González Castillo—líder estatal de Morena— ni a la propia familia de Sánchez Piedras por intentar posicionar, como ya se hace con el dinero del estado y burócratas obligados, lo que en más de cuatro años no han logrado por méritos propios.
Sin embargo, tampoco pretendan que los tlaxcaltecas ignoren el fondo de estas apariciones. No se trató de un genuino interés por preservar la memoria de Emilio Sánchez Piedras, sino de volver a estar en el centro de la atención en un evento que, hasta hace unos años, reunía a lo más destacado de la política local.
Este año las cosas cambiaron. Ni la gobernadora, ni la presidenta del Poder Judicial acudieron; ambas enviaron representantes sin la investidura ni el peso específico necesario, lo que deslució un acto que para los apizquenses tiene una connotación especial.
Más allá de que la presea 2026 se entregó al compadre, amigo y confidente del exgobernador Mariano González Zarur, y del cronista Mario Bojalil Bojalil, el acto del sábado resultó insignificante para la comunidad. Los contendientes por la distinción —Héctor Maldonado y Teresa Meneses— presentan un amplio margen de diferencia en sus trayectorias y eso se notó.
Basta escuchar los videos en vivo de la presentación del padre del exconsejero jurídico de Mariano González Zarur (quien después también sería premiado con la presidencia del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Héctor Maldonado Bonilla).
Al tomar la palabra, el homenajeado ratificó lo que aquí ya se señaló en un texto anterior: presumió que su vida está hecha en Puebla, recordó sus afectos con Bojalil y remató con un repaso de sus vínculos partidistas. Todo ello terminó por desmerecer el acto que nació en el trienio de Alex Ortiz Zamora, para reconocer a personajes de la vida cultural y social de Apizaco.
El desmayo de cuatro jóvenes durante la ceremonia tampoco abonó al brillo de este acto. La atención se desvió hacia los alumnos de secundaria que, citados a temprana hora, terminaron desvaneciéndose durante los aburridos discursos del alcalde de Apizaco, del cronista Bojalil y de Sánchez García. La pena fue tal que, tras el cuarto caído, los directivos optaron por retirar a los estudiantes.
Llamó la atención que en este evento ya no se repartieran las playeras clonadas de la Selección con la leyenda “Alfonso 2027”. No creo que haya sido por escrúpulos de derechos de autor o temor a decomisos, más bien, parece consecuencia del ruido generado tras la inauguración de la Copa del Mundo, cuando su equipo y otros funcionarios presumieron la prenda que Sánchez García después desconocería.
Del evento sabatino destacó la presencia de Salvador Santos Cedillo, quien acudió para dejarse ver y mantenerse vigente en las encuestas rumbo a la diputación federal. Tampoco pasó desapercibida la llegada de Alejandro Aguilar, el petista que navega en todas las aguas y al que seguramente veremos en la sucesión.
Pablo Badillo, Reyes Ruiz, Orlando Santacruz, Fernando León y otros aspirantes hicieron lo propio: colocarse frente al reflector. Todos sueñan (y suenan) rumbo a la elección del próximo año. Que nadie piense que van por sumarse a Alfonso Sánchez; muchos de ellos tienen rutas distintas y así lo ha hecho saber.
Las tres de ley:
- Ana Lilia Rivera Rivera no acudió al evento de Emilio Sánchez Piedras, pero sí estuvo en Apizaco en una reunión que convocó a más de mil personas, encabezada por el regidor Arnulfo Alba Sánchez y el presidente de comunidad Daniel Hernández.
- Otro que ha comenzado a hacer ruido y levantar la mano, también desde Apizaco, es Juan Pablo Morales Rico, el secretario del ayuntamiento. Ayer encabezó el evento del Día del Padre: el sector empresarial y comercial del municipio rielero extraña ese perfil que se acomoda y mimetiza con lo que consideran debería volver a gobernarlos. Las encuestas no lo ven mal, aunque él aún no confirma ni descarta su aspiración.
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El presidente municipal Javier Rivera Bonilla ha advertido a sus colaboradores que, quien haga proselitismo en horario laboral será dado de baja. Bien haría en aplicarse el cuento. Para nadie es secreto que su activismo está del lado de su homólogo de Tlaxcala capital. Por eso los golpes de pecho suenan más a amenaza que a verdadera preocupación por evitar la fuga de recursos públicos.


