El recuento histórico nos muestra que, la celebración de los onomásticos era un evento fastuoso, dónde contaban con juegos, banquetes y espectáculos públicos. Tal como lo fue para los emperadores de Roma o los Faraones, pero ahora en Tlaxcala, el ombligo de México.
Aunque la noticia global es el abatimiento de “El Mencho”, criminal internacionalmente perseguido; hay noticias que no debemos dejar pasar. Porque el acontecimiento reciente nos enseña más sobre nosotros mismos que, incluso la historia misma que hemos dejado pasar.
Este sábado, Casa Tlaxcala fue abierta con horarios definidos por tandas de asistentes provenientes de secretarías, dependencias ediles, funcionarios y servidores de toda clase. Con filas que llegaban a tener cientos de metros de alcance y, acompañados de regalos lujosos adquiridos expresamente para demostrar su afecto a la festejada.
Pero ¿Por qué hablar de esto si el mundo está ardiendo? Incluso cuándo Nerón celebraba, el pueblo también ardía y se moría de hambre, y pese a los más de dos mil años de distancia, nada cambia, solo de adapta. La dolorosa situación que atraviesa el país y el abandono en el que se encuentra el Estado, se intensifica ante la vanidad de este tipo de eventos; ni las giras en las regiones, replica exacta de la mecánica de la Presidenta Claudia, ni el aumento presupuestal descarado para programas sociales en Tlaxcala han logrado acompasar el descontento.
Esto no es político, es un vistazo al clasismo y el servilismo de la clase política que rumbo al 2027 intenta seguirle el paso al desfile y su plataforma partidista predilecta.
El misterio continúa porque, aunque el pecado sea evidente y ocurra ante la vista de los tlaxcaltecas, no existe indignación que denuncie la opulencia; y tampoco discurso que denuncie la austeridad como palabra extraviada del vocabulario de los emisarios del régimen cuatroteísta.
La historia mexicana es tan cíclica que se recicla, en familias, apellidos, tradiciones y rupturas que heredan las mismas permanencias: el familiarismo y el compadrazgo, instituciones que nos muestra los interesados que están en reproducir el mismo ecosistema con otros colores y otro nombre.
Para empezar a ser partido hay que ser gobierno, y para ser gobierno hay que dejar que la crítica viva. Por ello, este punto de énfasis: todo lo que vivimos ya ha ocurrido al menos una vez. Aquí pasamos por alto la violencia porque no es mucha, si lo comparamos con el resto del país, pero… ¿También dejaremos pasar a este ser que anda primero con cuatro, luego con dos, y después con tres patas y que se vuelve más débil según tenga más patas? Sino lo respondemos ahora, será algo que las generaciones que vienen también aprenderán, pero no responderán porque se habrán convertido en más lo mismo.


