Hace unos días Tlaxcala vivió un momento de expectativa y posterior desilusión ante el anuncio de una posible visita del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
Lo que se presentó como un evento clave para fortalecer la coordinación en materia de seguridad terminó en una “cancelación oficial”, atribuida a “fallas logísticas” entre el gobierno estatal y el equipo federal.
Todo fue mentira. Más allá de la cancelación en sí, que según “reportes oficiales” ocurrió alrededor del 17 de febrero de 2026, el episodio dejó preguntas abiertas sobre cómo se manejan las expectativas públicas en un tema tan sensible como la seguridad.
Circuló información en redes y algunos medios sobre una posible mesa de trabajo con alcaldes, eventos en el C5i y hasta una campaña de posicionamiento mediático. De todo lo anterior, la campaña mediática es lo único que se confirmó y finalmente se canceló cuando comenzaron a brotar las mentiras que involucraban a una funcionaria de tercer nivel de la SSPC que intentó sacar provecho de su posición.
Sin embargo, no existe registro oficial de que García Harfuch tuviera esa visita en su agenda federal, ni de que a través de su oficina se planeara una estrategia de comunicación masiva con fines de prevención. La noticia hubiera sido compartida en la Mañanera del Pueblo, como normalmente lo hace Omar García Harfuch cuando va a visitar alguna entidad.
Por eso es que la mentira quedó al descubierto involucrando a funcionarios de nuestro estado y también de la federación, que pretendían hacer un negocio con cargo a los tlaxcaltecas. A eso se redujo todo a un negocio.
Es comprensible la ilusión de la ciudadanía tlaxcalteca: el secretario ha impulsado operativos que han dado resultados visibles en el estado en las últimas semanas, con detenciones que debilitan estructuras delincuenciales.
Y ciertamente Tlaxcala no es un territorio menor en la estrategia nacional de seguridad; al contrario, la coordinación federal-estatal ha sido constante y efectiva en varios frentes. Pero pese a lo anterior, Tlaxcala jamás ha estado en la agenda de Harfuch y sin embargo se intentó vender esa idea, ¿para qué?
Por eso cuando las expectativas se inflan sin base sólida, surgen especulaciones. ¿Quiénes alimentaron los rumores iniciales? ¿Por qué se difundieron versiones de un evento que nunca estuvo confirmado ni en la agenda de Harfuch? Y, sobre todo, ¿qué papel jugaron algunos funcionarios o colaboradores en la difusión de información no verificada, incluyendo posibles trascendidos en medios nacionales para justificar la no realización?
En el gobierno estatal, la cancelación generó silencio inicial en instancias como la Secretaría de Gobierno, a cargo de Luis Antonio Ramírez Hernández, lo que abrió espacio a interpretaciones diversas.
Lo positivo es que la estrategia federal no depende de visitas puntuales: los resultados en detenciones y aseguramientos hablan por sí solos.
Lo preocupante es que, en el afán de capitalizar el prestigio de figuras nacionales como la de Harfuch, se generen expectativas que luego se desinflan, enterrando la confianza ciudadana.
En la entidad todavía esperamos que las autoridades estatales y federales comuniquen con precisión agendas, avances y limitaciones. La seguridad es un tema serio, no un espacio para especulaciones o intentos de posicionamiento personal o para hacer negocios al amparo del Estado.
Si hubo errores en la comunicación o en la gestión de expectativas, lo mejor es reconocerlos y corregir el rumbo, pero lejos de eso se recurrió a medios nacionales para justificar la cancelación de una visita que jamás sería realizada, que fue mentira y que pretendía vender humo.
Al final, lo que cuenta son los hechos: la paz en nuestras calles, la reducción de la incidencia delictiva y la confianza en las instituciones. Pero esa misma confianza se pierde cuando trabajadores de tercer nivel, pese a ser despedidos, intentan lucrar con la seguridad que deberían privilegiar.
Por ahora nadie podrá negar que Tlaxcala sigue siendo visto como un espacio prolífico para el negocio fácil, en el que diputados federales como Antonio López Ruiz, de Puebla y representante del Partido del Trabajo, intenta colocar a sus amistades para ver si a través de ellas se genera un intercambio que le genere divisas al miembro del PT.
Afortunadamente el negocio y la mentira cayeron, pero no sin antes dejar damnificados. La principal baja es Paulina Flores, una ex colaboradora de la SSPC originaria del norte del país, quien fue separada de su cargo tras ser descubierta por sus propios directivos. Ocupó el nombre de Omar García para intentar vender servicios que son -o eran- ajenos a sus funciones.
¿El motivo? Algo así como haber intentado usar su posición para montar un esquema de asesoría en medios que pretendía involucrar el nombre del secretario Omar García Harfuch en un negocio con Tlaxcala. Así de cínicos.
Fuentes al interior de la dependencia federal confirmaron que fue la rápida intervención de los mandos de la SSPC lo que frenó el fraude. Ahí están las benditas redes sociales donde abundan historias similares que se generaron en otras entidades.
La duda ahora es local: si la federación actuó con celeridad, ¿por qué en Tlaxcala no hay investigaciones contra los funcionarios estatales que, se presume, estaban dispuestos a cerrar el trato?
Es un hecho que alguien se hubiera hecho un poco más rico si las autoridades federales no se hubieran percatado de este fraudulento esquema.
¿Acaso el negocio sólo se frustró por el control federal, y no por la integridad de nuestras autoridades locales? ¿En Tlaxcala cuándo habrá consecuencias para los que intentan hacer negocio con cargo al erario? ¿Habrá sanciones o sólo Flores habrá perdido la confianza, el cargo y el negocio?
@martin_rodriguez.com #omargarciaharfuch jamás tuvo #eventos #programados en #Tlaxcala y esa #mentira le costó el cargo a una funcionaria de último nivel en la SSPC ¿y en Tlaxcala aquién se sancionó por tan absurda mentira?
Las tres de ley… 1- La visita de Marco Antonio Solís “El Buki” a Tlaxcala pasó desapercibida, quizá por lo costoso del boleto o por la falta de difusión que se tuvo para este acto.
2- Los que acabaron disfrutaron el espectáculo fueron funcionarios, políticos y empresarios, pero también aquellos que aprovecharon que las primeras filas lucían vacías y que los propios organizadores en su desesperación -por mostrar un espacio abarrotado- optaron por permitir que los boletos más baratos se colocaran en la zona VIP.
3- El artista no desmereció, finalmente es un icono para la música regional, pero quizá a partir de este desafortunado momento en la vida artística de Tlaxcala se pensará dos veces antes de traer este tipo de artistas a un foro tan difícil de llenar como es el Tlahuicole.
Los Coyotes no llenan, la inauguración de la Olimpiada Nacional evidentemente no lo hizo y el Buki tampoco lo logró. Parece que el recién nacido Carlos Rivera puede seguir presumiendo de haber sido en único que logró llenar ese recinto futbolístico.

