Habría agradecido una nota

Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
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Desde luego que el suicidio no es un acto individual. “Habría agradecido una nota”. Así de fuerte inicia uno de los libros más relevantes del año, “Reliquia” de Pol Guasch editado por Anagrama. Allí, el autor desnuda su persona tras el suicidio de su padre y cura profundas heridas. Ya tenía muchas ideas atoradas con esa lectura, además, con lo tanto que admiro a Hemingway, Virginia Wolff, Yukio Mishima o David Foster Wallace —escritores que se suicidaron—, y todavía más detonado por la noticia viral de Noelia, la ciudadana española, que encabezará la historia por ser la primera persona en ser asistida en su suicidio por depresión.

El suicidio es un tema complejo, tan espinoso como humano y con muchas aristas por donde verse; a tanto, me pregunto ¿es el suicidio un acto sumamente ególatra, o es el último mecanismo para salir de una enfermedad incurable de la psique y el alma?, ¿qué tantos pasos, qué tantas cosas se han dejado de hacer hasta llegar a esa decisión final de “liberación”?

Por más que lo digan sus defensores progres, mismos que centran su tesis en el individualismo dogmático, claro que el suicidio no es un acto individual, es un hecho que quieras o no, tiene una competencia en terceros. El sociólogo francés Emile Durkheim, delimita los tipos de suicidio: 1) Suicidio egoísta, cuando una persona se siente desconectada o aislada de su sociedad; 2) Suicidio altruista, por tener un fin mayor para aportar en algo en su sociedad, véase los motivos fanáticos-religiosos. 3) Suicidio anómico, cuando una persona se siente sin estructura o motivo en su vida.

El caso de Noelia, quien se suicidara el día de hoy asistida por el estado español, tiene su larga jornada remontada desde el 2024, y ha pasado por tribunales incluso europeos. Para algunos, esto representa una victoria para los derechos humanos, para otros es un síntoma más de la degradación de estado. ¿Cómo un Estado que ha fallado en su Welfare State no se da cuenta de que el suicidio es un signo de malestar social, de abandono de los derechos e instituciones, y aun así lo premia asistiéndote a suicidarte?

Cada suceso es único y especial. El contexto del suicidio de Hemingway no es el mismo al seppuku practicado por Mishima; o lo escrito en las cartas de Virginia Wolff tiene que ver con los 25 suicidios diarios en México; tampoco resulta igual lo sucedido en España con la asistencia del estado para un caso de depresión como el de Noelia. Cada persona es un mundo particular y es verdad que nadie escarmienta en cabeza y dolor ajeno. Es verdad que cada uno tiene las razones más profundas para actuar y todas son válidas y respetables, pero también es verdad que honestamente, nadie quiere morir. De joven me impactaba el sentido del honor ante la muerte de los samuráis con el seppuku. Ahora, creo que nadie quiere morir; creo que no hay honor ni dignidad en la muerte, solo desolación, polvo, silencio. Y siempre terceros. Hubo un libro que me impactó hace muchos años, “No esperamos volver vivos” que es una recopilación de cartas escritas por soldados kamikazes de Japón en la Segunda Guerra Mundial antes de inmolarse. Nadie quiere morir, no hay honor, todos tenemos el mismo miedo. Nunca, aquella puerta encontrará la certeza buscada; sin embargo, existen otras puertas más difíciles de cruzar: ante más dolor, más perdón; ante más soledad, dar más abrazos; ante tanta oscuridad, saber que mañana, quizá, habrá un rayo de luz. Ante el todo olvido, vida y más vida… creo que no se trata de ser valiente ante la muerte, se trata de ser valiente ante la vida.