MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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¿Hacía falta un escándalo para que la Procuraduría de Protección al Ambiente de Tlaxcala (PROPAET) se pusiera a trabajar?; si con cada escándalo sucediera lo mismo, hace mucho que Tlaxcala y sus instituciones estarían en el máximo de su capacidad, porque no pasa una semana sin que algún actor local sea la burla en redes y medios locales… aunque Iván García se voló la barda.

Sin embargo la suspensión de la textilera de Apetatitlán -que fue sancionada para demostrar que si se chambea desde la oficina creada por el titular de la Segob. para uno de sus cuates- constituye un paso. Pequeño, tardío y sospechosamente oportuno, después de que Reforma destapara el estilo de vida de Iván García Juárez, titular de la PROPAET que no es de origen tlaxcalteca y que llegó con su padrino político Luis Antonio Ramírez Hernández, hoy secretario de gobierno.

Apenas dos días después la misma PROPAET que él encabeza “descubrió”, tras una oleada de denuncias ciudadanas difundidas en redes sociales, que una empresa textilera de Apetatitlán descargaba aguas residuales con colorantes a la red de drenaje y teñía de rojo el río Zahuapan. ¡¡gracias Reforma, los pusiste a chambear!!

Antes que de inmediato se organizó una inspección relámpago donde participaron la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento, la Secretaría de Seguridad Ciudadana y el Ayuntamiento de Apetatitlán; se rastrearon colectores en Tlatempan, Belén Atzitzimititlán y San Esteban Tizatlán.

Y ahora sí, todas las autoridades constataron que el establecimiento carecía de la documentación ambiental requerida y no contaba con planta de tratamiento de aguas residuales, por eso le impuso, como medida de seguridad, la suspensión temporal de actividades a la par que anunciaba un procedimiento administrativo que podría derivar en una multa de al menos tres millones de pesos.

Obvio se emitieron comunicados oficiales, se circularon fotografías y se repitió el discurso de “tolerancia cero”. Como por arte de magia, el procurador que presume austeridad y protección ambiental encontró de pronto el ánimo, el personal y la voluntad política para actuar, todo justo cuando el escándalo mediático lo tenía en la mira y cuando necesitaba demostrar, ante la opinión pública, que sí estaba cobrando por una tarea.

A diferencia de él, los nacidos en Tlaxcala sabemos que no es la primera vez que el Zahuapan se tiñe de colores: habitantes de Papalotla, Mazatecochco, Tlatempan y otras comunidades del sur y del centro de Tlaxcala lo han denunciado durante años. El agua aparece roja, rosa, verde o azul según el colorante del día, pero él se vino a enterar apenas.

De las más de cien plantas de tratamiento construidas alrededor del río, apenas un puñado opera de manera real y constante. Empresas textiles, lavanderías de mezclilla y otras industrias continúan funcionando con permisos incompletos o nulos y sin embargo las sanciones históricas de la PROPAET han sido modestas: apenas veintitrés en lo que va de dos mil veintiséis, por un monto total inferior a los dos millones de pesos.

La suspensión de esta textilera no es, por sí sola, una mala noticia, cualquier sanción a quien contamina debe celebrarse, pero el problema radica en el patrón. La autoridad ambiental de Tlaxcala parece reaccionar solo cuando el escándalo personal o la presión en redes sociales se vuelve insostenible; cuando el río se pone rojo y las cámaras apuntan, cuando el titular necesita justificar, de manera visible, el sueldo que percibe y el cargo que ocupa.

García Juárez ha hablado de “tolerancia cero”, de programas de autorregulación con la industria textil y de avances en Tepetitla, donde algunas mezclilleras ya tratan sus aguas y por eso todo suena correcto desde los boletines de prensa, sin embargo, la ciudadanía del sur de Tlaxcala sigue viendo aguas de colores, sigue oliendo los efluentes tóxicos y sigue preguntándose cuándo llegarán las inspecciones sistemáticas, no las de emergencia mediática para rescatar al titular.

¿Cuántas otras textileras operan sin planta de tratamiento? ¿Cuántas descargas clandestinas existen en las barrancas de Papalotla y Mazatecochco? ¿Cuándo se publicarán, con nombres, montos y plazos reales, los resultados de esas inspecciones? O acaso el negocio radica en ocultar esa información.

Lo que Tlaxcala exige no es otra acción de relaciones públicas después de un reportaje, necesita una autoridad ambiental que inspeccione de oficio, que sancione con rigor, que publique resultados transparentes y que no espere a que el río se ponga rojo, ni a que el titular aparezca en escandalo nacional para empezar a trabajar de verdad. Por favor ya ponganse a chambear.