El tiro por la culata: Monsiváis vs la derecha

MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
Comparte esta nota

En pleno mes del Orgullo, cuando la comunidad LGBTIQ+ sigue conquistando espacios a pesar de resistencias históricas, la derecha mexicana decidió sacar del archivo un supuesto testimonio de hace 25 años.

Edmundo Cázares, de El Universal, refriteó una nota antigua sobre Carlos Monsiváis con el claro objetivo de salpicar a Andrés Manuel López Obrador.

La jugada era burda: asociar al presidente con la homosexualidad del escritor para “desprestigiarlo”. El resultado ha sido exactamente el contrario: una exhibición de desesperación, torpeza y homofobia descarada que ha terminado fortaleciendo la narrativa de que, frente a Morena, la oposición solo tiene lodo y prejuicios.

La intentona tenía varios ingredientes previsibles. Primero, atacar a una figura que ya no puede defenderse. Segundo, sexualizar la política para generar morbo. Tercero, contar con la amplificación entusiasta del panismo, la “nata priista” y personajes como Diego Fernández de Cevallos, quien en su momento se refirió al escritor como “joterete”.

Todo muy coherente con la máxima que el propio Monsiváis dejó registrada: “Esta es la mejor derecha porque es estúpida, arrogante, atrasada y represiva”.

Pero el plan se desmoronó rápido. La familia de Monsiváis emitió una carta contundente desmintiendo los hechos más graves: AMLO no vivió nueve meses en la casa del escritor con su madre, se conocieron casi 20 años después de la fecha que se menciona y el párrafo atribuido al intelectual (“Pasé deliciosas y divertidas noches con él. López Obrador, por dinero, era capaz de hacer lo que fuera”) no corresponde ni a su estilo literario ni a su ética. Exigieron pruebas o disculpas y se reservaron acciones legales.

A esto se sumaron irregularidades periodísticas que rayan en lo escandaloso: Cázares admitió que todavía busca el audio original entre casi mil casetes, la transcripción pasó de máquina de escribir a computadora sin revisión reciente y no existe cápsula de video ni evidencia física que respalde la nota.

Sabina Berman lo dijo con claridad: era “imposible” y obedecía a motivaciones homofóbicas, sabiendo que la derecha siempre ha intentado usar la vida íntima de Monsiváis para descalificarlo como intelectual.

El Universal tuvo que salir con un comunicado tibio, incapaz de apagar el incendio. Mientras tanto, analistas y conductores destacaron el timing en pleno mes del Orgullo, la ausencia de corroboración y el evidente interés en enlodar.

Voces apuntan incluso a la orquestación más amplia, con Ricardo Salinas Pliego participando activamente en la difusión.

El verdadero mensaje que dejaron tras esta operación fallida revela varias cosas sobre el estado actual de la oposición: primero la falta de argumentos políticos serios.Ante los logros y la consolidación del proyecto de la Cuarta Transformación, recurren a chismes de hace un cuarto de siglo.

Homofobia instrumental, pues usan  la orientación sexual como arma sin importarles dañar la memoria de un gigante de las letras mexicanas ni el avance de derechos de la comunidad LGBTIQ+.

La desconexión absoluta en la que viven porque creyeron que “sacar el clóset” iba a mover la aguja de la opinión pública. En cambio, generaron rechazo, solidaridad con Monsiváis y recordatorios de que la izquierda mexicana ha sido históricamente más inclusiva que esa derecha “cristiana” de manual.

Carlos Monsiváis fue mucho más que su vida íntima. Fue un cronista implacable de las derechas autoritarias y represivas. Pretender usarlo como ariete contra López Obrador solo demuestra lo perdidos que están.

No tienen proyecto, no tienen discurso, no tienen moral. Solo les queda el barro y la difamación.

Y el barro, como se vio esta vez, termina manchando más a quien lo lanza, así como aquel señor que en su afán de quemar con su café al conductor del vehículo de al lado, acaba quemándose por ignorar la física elemental.

La derecha mexicana sigue sin entender que México ya cambió. Y que cada vez que intenta estas bajezas, solo consigue recordárselo al pueblo. Ellos no viven en el closet, son odiadores, abiertamente y sin reservas.