MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Una vez más Claudia Sheinbaum vuelve a pisar donde Andrés Manuel López Obrador se detuvo a observar.

Este jueves la Fiscalía detuvo a Ángel Aguirre Rivero, el exgobernador de Guerrero que gobernaba cuando desaparecieron los 43 de Ayotzinapa.

Lo acusan de ordenar que desaparecieran las grabaciones que mostraban cómo la policía detuvo el autobús de los normalistas. Testigos protegidos, reanálisis del expediente, orden de aprehensión cumplimentada.

El segundo exfuncionario de alto rango que cae en el caso, después de Murillo Karam y eso no es poca cosa

AMLO convirtió Ayotzinapa en bandera, creó comisiones, cuestionó la “verdad histórica”, detuvo al exprocurador y señaló al Ejército. Pero ahí se quedó.

Nunca tocó a un gobernador. Sheinbaum, en cambio, entrega el cuerpo físico de uno de los implicados. No el discurso: el resultado.

El caso no es ajeno para Tlaxcala pues entre las víctimas y los dolientes hay nombres que cruzan fronteras estatales, uno de ellos, un joven huamantleco que formó parte de ese dolor colectivo, recuerda que Ayotzinapa no fue solo una tragedia guerrerense

Lo que sucedió fue un golpe al normalismo rural de todo el país, a familias que mandaron a sus hijos a formarse como maestros y terminaron buscando entre escombros y mentiras.

Ese dato local no es anécdota. Es la prueba de que la impunidad de 2014 alcanzó más lejos de lo que muchos quieren admitir.

Mientras tanto, la oposición mira hacia otro lado, con silencio total y ni una crítica seria, ni una exigencia de transparencia, ni una pregunta incómoda sobre los testigos protegidos o sobre por qué los padres de los 43 se enteraron por los medios.

Prefieren no tocar el tema, como si el pasado no les perteneciera también. El costo de ese silencio es evidente: le regalan el relato completo al oficialismo y Sheinbaum lo capitaliza sin esfuerzo.

Por ahora, el patrón se confirma: Sheinbaum vuelve a dar un paso más allá de donde AMLO se detuvo. Un resultado concreto en un expediente simbólico.

La oposición, al guardar silencio, deja pasar la oportunidad de disputar el relato; Ayotzinapa sigue siendo una herida abierta, una detención de alto perfil la mantiene viva, pero no la cierra aunque ese paso ya se dio y nadie, ni AMLO quiso darlo