La detención en Tlaxcala de al menos cinco personas de origen colombiano en los últimos dos meses, que poco trascendió en el escenario local, puede ser el hilo de la madeja que explique el fenómeno de la violencia que se ha incrementado en las últimas semanas en el estado.
Si revisamos los detalles de las aprehensiones que lograron efectivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), y que se difundieron en fichas informativas, encontraremos algunas coincidencias que supone estamos frente a una banda bien organizada de prestamistas centroamericanos.
Fue a mediados de marzo y la primera semana de abril, en diferentes hechos, cuando se registraron las detenciones de los colombianos en municipios como Chiautempan, Ixtacuixtla, Huamantla, Totolac y Xaloztoc.
En todos los casos, los extranjeros fueron detenidos cuando circulaban en motos y motonetas por estas demarcaciones violando el reglamento de tránsito o alterando el orden.
Otra coincidencia es que se trata de hombres y mujeres jóvenes cuya situación migratoria es irregular, es decir, estaban en nuestro país sin el permiso correspondiente del Instituto Nacional de Migración (INM).
Y uno de los aspectos más preocupantes es que “causalmente” todos los aprehendidos se dedicaban al préstamo de dinero a pequeños comerciantes bajo el esquema conocido como “gota a gota”, que no es otra cosa más que un crédito informal que, invariablemente, termina en una extorsión.
Los detalles de las detenciones quedaron documentados en notas de medios de comunicación y fichas informativas que la propia SSC difundió.
A Marlon N. lo detuvieron el 23 de marzo en Chiautempan en su moto por manejar imprudentemente y cuando revisaron sus papeles detectaron que contaba con un permiso de refugio que le impedía salir del estado de Puebla.
El mismo mes, a Heidy Dahiana N. la pararon elementos policiacos por no usar debidamente el casco mientras conducía una motocicleta en Santa Inés Texcuexcomac, Ixtacuixtla.
Recientemente, el 3 de abril cayeron Carlos Alberto N., Daniel Felipe N. y Francisco Javier N., en los municipios de Huamantla, Totolac y Xaloztoc. Los tres manejaban motocicletas cuando fueron detenidos.
¿No le parece demasiadas coincidencias en los casos? Todos de Colombia, todos detenidos en motocicletas, todos prestamistas y todos sin papeles en regla para estar en México.
Es evidente que existen grupos de delincuentes que operan de forma sistemática detrás de la presencia de colombianos en Tlaxcala o ¿Cómo se explica usted que a pesar de enfrentar una condición migratoria irregular cuentan con los recursos para recorrer en moto diferentes municipios del estado? o ¿De dónde sacan dinero para enfrentar los gastos que implica vivir en el extranjero?.
Muy ingenuo sería pensar que por decisión propia los centroamericanos eligieron como nuevo lugar de residencia Tlaxcala o como destino para pasar una temporada en México.
Los colombianos que fueron detenidos en el estado son enganchados en su país natal para venir a México, identificar zonas donde puedan operar y empezar a ofrecer créditos a pequeños comerciantes, sin mucho papeleo e intereses que deben pagar diariamente.
Los préstamos se vuelven impagables para los deudores, quienes prácticamente tienen que trabajar para cubrir la cuota diaria que pasan a cobrarle, precisamente, en motocicletas.
El préstamo termina en un cobro de piso, que puntualmente exigen los delincuentes. Cuando ya no se puede abonar a la deuda empieza la extorsión, amenazas y violencia que en muchos casos termina por aniquilar el pequeño negocio.
Si usted pone un poco de atención podrá observar a estos colombianos paseándose por colonias y comunidades de la capital, son inconfundibles, unos incluso portan orgullosos la playera de la selección colombiana y se la pasan visitando pollerías, tortillerías, taquerías, papelerías y tiendas de abarrotes donde nunca compran ningún producto.
Solo llegan y sin mediar palabra reciben el dinero de manos de los comerciantes, quienes ven sus ganancias mermadas por el pago del préstamo que adquirieron.
El asegurar que todos los hechos violentos que se suscitan en el estado son producto de los prestamistas colombianos, como lo afirmó Ramón Celaya Gamboa, secretario de Seguridad Ciudadana, puede ser falso y una exageración.
Para utilizar este argumento, Celaya Gamboa primero debe armar una estrategia para detener a los prestamistas en flagrancia cometiendo la extorsión o amenazando a los comerciantes, no por faltas menores al reglamento de tránsito.
Los esfuerzos en este momento deberían estar enfocados en un trabajo de inteligencia que permita la desarticulación de esta banda y su vinculación a los casos de extorsión que se presentan.
El momento que en materia de seguridad vive el estado me parece más complejo como para adjudicarlo a un grupo de sudamericanos que, finalmente, también terminan siendo víctimas de los grupos delictivos que los obligan a trabajar para ellos.
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