Hace poco más de 8 años, se publicó el ensayo de Roxane Gay que llevar por título el nombre de esta columna; se convirtió en un manifiesto a la deconstrucción permanente. Y aunque el título sigue más que vigente, hoy ya no significa lo mismo.
En México la desaparición forzada de personas, es un delito que va al alza y se invisibiliza y, en el caso de las mujeres se ciñe a un perfil de entre 15 y 19 años, algunas son localizadas sin vida y con huellas de violencia.
De acuerdo con, el informe “Violencia en México, 2015-2025: análisis de los datos y propuestas para la paz”, elaborado por México Evalúa, la cifra incrementó en un 213 %; hombres y mujeres de todos los grupos de edad.
Pero, predominan mujeres en infancia y adolescencia con fines de comercio sexual y feminicidio.
Retomar la estadística es duro, porque aunque los tiempos cambien, los indicadores no mejoran.
Hablar de ser un “buen” o “mal” feminista, es referirse al personaje público. Que no se relaciona con nuestra vida cotidiana, aunque ahí existe la violencia en diferentes capas.
Conmemorar el 8 de marzo, sirve para reflexionar sobre el activismo de estar y ser; en colectivo o en lo individual pero siempre en un proceso de renuncia y cambio.
Soltar los hábitos aprendidos, las costumbres heredadas y cambiar lo que sea necesario para estar incomodos, pero mejor.
Las marchas del 8M suelen politizarse, pero incluso las feministas y activistas olvidan que todas tenemos un papel en el argot, algunas como críticas del sistema, otras como funcionarias, representantes o servidoras, pero todas…
En la transliteración de Bob Dylan, todas tenemos a alguien a quien servir.
Esta línea no cumple la función de ser un juicio; sino, una contribución a la causa que también me representa.
La que le dio a mi abuela su primer voto a los 19 años, a mi madre el derecho de elegir su vida y a mí el privilegio de expresarme y vivir la mía.
Es necesario que las marchas se politicen con objetivos puntuales. No es navidad en marzo, pero sería un regalo extraordinario tener a las mujeres diputadas del congreso local marchando este domingo.
Tener a las diputadas comprometiéndose a legislar sobre el derecho a decidir, en lugar de huir de los micrófonos.
Sería igualmente maravilloso ver, que la segunda mujer que ocupa el ejecutivo del Estado también marcha. Sin tanquetas, sin vallas, sin muros y, sobre todo, que sabe el valor del agua y la reserva para suprimir incendios, no personas.
Conozco a las mujeres que estarán en la marcha el domingo. También a las que no y, a las que estarán en casa esperando a las suyas, cómo cada día, todas son increíbles, admirables.
Todas hacen algo en la política. Porque también la política nos ha hecho algo que se ha vuelto personal.
Sería único ver que, también otras y otros que son feministas de diferentes estilos y corrientes, confiesen que lo practican poco o nada. Y que eso no los excluye, pero sería grandioso que lo reconozcan.
Es un deseo, así empiezan las mejores historias.


