MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Para quien aún tenía dudas sobre las simpatías de Norma Piña, la decisión de la Corte de aceptar la protesta del PAN de Marko Cortés contra la supuesta sobrerrepresentación de Morena en la Cámara de Diputados acaba por disipar todas las dudas.

La ministra Piña sigue alineándose del lado de los nostálgicos del pasado, de aquellos que privilegian a los privilegiados, que condonan miles de millones de dólares en impuestos, en fin, de los embajadores del autoritarismo y de la gandallez.

La reciente admisión de la queja promovida por Acción Nacional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha generado una ola de controversia y preocupación.

Este movimiento, encabezado por la ministra presidenta Norma Piña Hernández, no solo pone en tela de juicio la imparcialidad del máximo tribunal del país, sino que también sienta un precedente peligroso para la estabilidad constitucional de México.

En primer lugar, es fundamental cuestionar la legitimidad de esta queja. La denuncia del PAN argumenta una contradicción de criterios en la asignación de curules, basándose en normas electorales vigentes en diferentes periodos y contextos.

Al respecto, la ministra Lenia Batres Guadarrama ha señalado que la Corte carece de competencia en materia electoral y que este tipo de denuncias deberían ser resueltas por el Tribunal Electoral.

La admisión de esta queja por parte de la SCJN no solo excede sus facultades, sino que también amenaza con desestabilizar el marco legal que rige las elecciones en el país.

Vale la pena recordar el fraude de 2006. En aquella oportunidad, Andrés Manuel López Obrador llamó a la Corte a intervenir, ante la flagrante violación de las reglas electorales, particularmente la guerra sucia pagada en horarios estelares de la radio y la televisión, que bombardearon a la ciudadanía con el cuento de que AMLO era un peligro para el país y que esto se iba a convertir en una nueva Venezuela, o peor, en una Cuba miserable y comunista, que nos iban a expropiar nuestras casas y que tendríamos que aprendernos de memoria el Manifiesto del Partido Comunista. En fin, que esto iba a ser una Unión Soviética tropical y nos tendríamos que llamar camaradas.

Sin embargo, como trágicamente descubrimos, el verdadero peligro fue Felipe Calderón, que desató la estúpida guerra contra el narcotráfico sin una estrategia ni la inteligencia necesaria para hacer frente a los cárteles criminales, lo que acabó en un baño de sangre, que ha costado miles de muertes y de desaparecidos.

Y para acabarla de joder, resultó que esa vez sí hubo un narcogobierno coludido con los delincuentes, como lo demuestra el caso de Genaro García Luna.

Pero volvamos al caso del PAN y de la Suprema Corte. Sin duda, la decisión de la ministra Piña de turnar el caso al ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá, conocido por su postura crítica hacia la Cuarta Transformación, levanta serias dudas sobre la imparcialidad del proceso.

Esta acción podría interpretarse como un intento de influir en el resultado de la queja, lo que socava la confianza pública en la independencia del Poder Judicial. ¿Así o más pruebas para demostrar que clarísima parcialidad de un puñado de ministros vendidos a la mafia nostálgica del poder?

Aquí están los resultados de aquella cena navideña en la que coincidieron la ministra Norma Piña y el dirigente del desahuciado PRI, Alito Moreno.

Ese convivio decembrino nunca fue explicado pero con lo sucedido en las últimas horas quedó clara la estrategia, es una lástima que al ser tan torpes Marko y Alito no hayan podido cuajar el teatro que pretendían montar. Fue una cena navideña que acabó sin postre, sin el “intercambio de regalo” tan ansiado. La 4T se les atravesó.

Ahora que los tricolores están por demás desfondados y con respiración artificial, coqueteando con los morenos de la 4T, son los conservadores del PAN quienes se han apuntado para tratar a la desesperada de frenar la mayoría calificada que obtuvieron las huestes obradoristas el pasado 2 de junio.

Ahora bien, esa mayoría calificada de Morena en el Congreso está fuera de toda discusión y de análisis. Sin embargo, la vía elegida por el PAN y aceptada por la SCJN no es la adecuada.

La Corte debería centrarse en su papel de garante de la Constitución y dejar que el Tribunal Electoral resuelva las disputas electorales.

Al aceptar esta queja, la SCJN no solo se arriesga a politizarse, sino que también abre la puerta a futuras intervenciones judiciales en procesos electorales, lo que podría tener consecuencias desastrosas para la democracia en nuestro país.

La admisión de esta queja por parte de la SCJN es un error grave que pone en riesgo la estabilidad constitucional del país.

Es imperativo que la Corte reconsidere su decisión y permita que el Tribunal Electoral haga su trabajo sin interferencias.

Solo así se podrá garantizar la imparcialidad y la justicia en el sistema electoral mexicano. Queda claro que Piña es una simple marioneta.

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