MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Hay una palabra que mata movimientos, que corroe ideologías y que convierte la esperanza en cálculo frío: pragmatismo. Lo de ayer en la Plaza de Toros de Tlaxcala: Antorcha Campesina y Alfonso Sánchez García, es justamente para ponerse como muestra de ese pragmatismo… o quizá de desesperación.

La foto en el 35 aniversario de esa agrupación, Antorcha Campesina, no es un error. No es un desliz. Es la declaración pública de una máxima cínica que hoy gobierna en Tlaxcala: “Los ideales se guardan en el cajón; lo que importa es el dinero, el poder y conseguir votos a cualquier costo”.

Alfonso Sánchez quiere ser gobernador. Sus encuestas a modo lo colocan como uno de los aspirantes más fuertes de Morena rumbo a 2027, pero las reales lo ponen en su realidad y le dan como salida elegante una diputación federal, quizá hasta el senado, pero nada más. Con todo y su cumbia sabe que le tocará bailar con la más fea.

Y sin embargo en esa carrera que ya perdió, aun cuando salió antes que los demás aspirantes, ha decidido que ningún principio es intocable, que ningún adversario histórico es innegociable y que la coherencia ideológica es un lujo que solo se pueden permitir los que no aspiran al poder.

Antorcha Campesina ha dedicado años a descalificar a la Cuarta Transformación. Su eterno líder, Aquiles Córdova Morán, ha escrito paginas enteras para decir que AMLO falló, que la 4T no rompió con el capitalismo, que los programas sociales son clientelismo disfrazado y que Morena es el PRI con otro nombre.

Y sin embargo, ahí está Sánchez García. Sonriente. Cómodo. Abrazando a quienes escupen a diario sobre el legado de López Obrador. ¿Qué explica esta contradicción? Muy simple: el pragmatismo electoral. Antorcha Campesina tiene capacidad de movilización, tiene bases, tiene estructura territorial. Y en el cálculo frío del poder, eso pesa más que cualquier declaración de principios.

No nos dejemos engañar por los maquillajes discursivos. La decisión de Alfonso Sánchez no es “diálogo con todas las fuerzas sociales”. Es una traición directa a la esencia del movimiento que lo llevó al cargo.

Andrés Manuel López Obrador construyó la Cuarta Transformación sobre una premisa irrenunciable: el principio por encima del cálculo. Durante décadas, AMLO criticó con ferocidad al PRI y al PAN por priorizar alianzas pragmáticas sobre la coherencia ideológica. Señaló con dedo acusador a quienes negociaban con corporaciones, con cacicazgos, con estructuras clientelares, solo para mantener cuotas de poder.

Y hoy, en Tlaxcala, un hombre que se dice su heredero político hace exactamente lo contrario. ¿Qué pensaría López Obrador, o la propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, de ver al morenista abrazando a una organización que lo ha llamado fracasado? ¿Qué sentiría al ver que la 4T en Tlaxcala legitima a quienes han sido denunciados por despojo, allanamientos y fraude millonario?

La respuesta es clara: se sentiría traicionado. Porque AMLO no fue perfecto, pero tuvo una virtud innegable: supo quiénes eran sus adversarios y nunca los disfrazó de aliados por conveniencia. Alfonso Sánchez García, en cambio, ha decidido que en Tlaxcala los adversarios de ayer son los amigos de hoy, siempre y cuando sumen votos.

El problema no es solo ético. Es político. Porque cuando un movimiento abandona sus principios en nombre del pragmatismo, deja de ser un movimiento y se convierte en una maquinaria vacía. ¿Qué distingue entonces a Morena Tlaxcala del PRI que tanto criticó? ¿En qué se diferencia el cálculo de Alfonso Sánchez de las viejas prácticas del corporativismo priista?. La respuesta duele: en nada.

El PRI también justificaba sus alianzas con estructuras de poder cuestionables en nombre de la gobernabilidad y la estabilidad. El PRI también priorizaba los números sobre la decencia. El PRI también abrazaba a quienes, en público, le escupían.

Alfonso Sánchez García no está construyendo la Cuarta Transformación en Tlaxcala. Está reciclando el PRI con chamarra guinda. Los tlaxcaltecas no votaron por Morena para que sus gobernantes negocien con el despojo. No le dieron su confianza a Alfonso Sánchez para que anteponga las encuestas a la dignidad.

López Obrador dedicó su vida a construir una alternativa real al viejo régimen. Y parte fundamental de esa alternativa era no negociar con los vicios del pasado, pero en Tlaxcala, el pragmatismo ya ganó. La ideología está en terapia intensiva. Y Andrés Manuel López Obrador, el líder que tanto criticó a los gobernantes sin principios, hoy es el primer traicionado por alguien que dice representarlo.

Las tres de ley… 1- Actuación histórica del ciclismo tlaxcalteca: La delegación de Tlaxcala cerró su participación en la modalidad de ruta de la Olimpiada Nacional CONADE 2026 con 15 medallas (6 de oro, 3 de plata y 5 de bronce), la mejor cifra en la historia de la entidad en esta disciplina.

2- Nada es casualidad, y hay que aceptar que el fichaje de Daniel Moncayo como titular del Instituto del Deporte de Tlaxcala (IDET), le funcionó a Lorena Cuéllar Cisneros pues desde que asumió la dirección del IDET ha impulsado un cambio significativo en el deporte estatal, con énfasis en la planeación, el apoyo integral a los atletas y la profesionalización de los procesos. Julio Anica Becerril, de los eternos del ciclismo estatal, me lo confirmo.

3- No es lo mismo haber sido atleta que encabezar un instituto, por eso el impacto de un hombre de ciencia se notó en poco tiempo. Moncayo, con una amplia trayectoria como metodólogo deportivo (fundador de Moncayo Metodología Deportiva y ex jefe de metodólogos en la CONADE ha aplicado en corto plazo un enfoque basado en planificación científica, estrategia y consistencia que nos regala una histórica cosecha de medallas en el ciclismo. Y la olimpiada todavía es joven, se puede hacer más historia.