MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
Comparte esta nota

Maquillar cifras es cosa del pasado, ahora lo que está de moda es maquillar a las senadoras que no quieren subir como “recién despertadas” a defender un discurso de austeridad con las brochas de Avon o Jafra. Su alcurnia se los impide

Nuestro querido Tlaxcala, donde la austeridad republicana se mide en selfies con el gobernante y los contratos se firman con tinta invisible, ha aparecido un nuevo capítulo de comedia política que ni Cantinflas hubiera imaginado: el salón de belleza del Senado.

Ese oasis de lujo cosmético en medio del discurso de la 4T, surtido por una empresa tlaxcalteca que opera desde lo que parece la casa de la tía soltera en San Sebastián Atlahapa.

Hablamos de la Comercializadora Áureo, cuyo domicilio fiscal en Calle La Laguna número 65 (o 53, o 85, según el humor del día) es una modesta vivienda rodeada de predios baldíos, sin rótulos, sin bodegas, sin un solo estante de MAC a la vista.

Google Maps la muestra como el lugar perfecto para guardar bicicletas o criar gallinas, pero no para mover cientos de miles de pesos en labiales de 683 pesos la pieza, polvos traslúcidos a casi 900 cada uno y paletas de sombras que cuestan más que el salario mínimo mensual de varios tlaxcaltecos juntos.

El genio detrás de esta operación es Gustavo Nava Muñoz, un empresario que empezó suministrando papelería y alimentos por migajas en 2018 y, como buen mago del PRI local, escaló hasta proveer al Senado cosméticos premium con sobrecostos de hasta cuatro veces el precio de mercado.

Mientras en el Senado clausuraban discretamente el salón tras el escándalo —porque nada grita “austeridad” como gastar 194 mil pesos en maquillaje para que las senadoras luzcan impecables al defender la austeridad—, en Tlaxcala la empresa sigue apareciendo en padrones oficiales.

COEPRIST y el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, contratos por 750 mil pesos en material de oficina y baterías recargables. Todo desde una casa que, si tuviera personalidad, se sonrojaría al verse descrita como “domicilio fantasma”.

La ironía es deliciosa: un estado que se jacta de ser humilde y trabajador, proveedor estrella de lujo para los que nos representan en la capital. Y no es solo el senado: ayuntamientos y gobierno estatal le daban su moche por igual.

Mientras los tlaxcaltecos batallan con el transporte público que parece de la época prehispánica y pagan impuestos para que el erario compre brochas a mil pesos la unidad, un militante priista local convierte su domicilio particular en el puente dorado hacia los contratos federales.

¿Y las autoridades? Silencio sepulcral. Ni el Senado ni el gobierno estatal han explicado cómo una empresa sin infraestructura visible gana licitaciones directas una y otra vez.

Pero tranquilos, que la transparencia llega… cuando ya no quede nada que transparentar, ¿o será que la oficialia mayor nos cuente cómo es que un joven tricolor se adjudicaba esos centavos?

En Tlaxcala, parece que la verdadera belleza no está en el maquillaje MAC, sino en la habilidad para hacer que una casa de campo parezca multinacional.

Mientras tanto, el resto seguimos aplicándonos base barata y esperando que algún día la austeridad también llegue a los bolsillos de los de a pie.

Porque, como dice el refrán local: “En política, el que no se embellece con el erario público, al menos se disfraza de honesto”. Y Gustavo Nava Muñoz, al parecer, se ha disfrazado de ambos. El PRI en pleno senado ganando como siempre.