Menudo fin de semana se tuvo en Tlaxcala. A pesar de las cifras alegres, que tratan de minimizar la creciente violencia que se apodera del estado, la terca realidad vuelve a poner en su sitio a los negacionistas.
La cosecha de cuerpos sin vida crece sin parar. Y este fue un domingo particularmente sangriento.
Primero, se encontró el cuerpo de un hombre en el barrio del Cristo, en San Pablo del Monte, que ocupa el primer lugar como tiradero de cadáveres, y aunque el municipio es casi una morgue a cielo abierto, al ex presidente municipal Cutberto Benito Cano se le premió con la dirección del Instituto Tlaxcalteca de Infraestructura Física Educativa.
Por si fuera poco, el ex alcalde tiene una enorme cola que le pisen, luego de las observaciones hechas por el Órgano de Fiscalización Superior, por poco más de 38 millones de pesos.
Seguramente estuvo buena la mochada para llegar al cargo y, de facto, evitar ir al bote por ese millonario desvío de recursos públicos
En Nativitas, otro de los puntos calientes de la geografía de la delincuencia, sea organizada, común o como le quieran llamar las autoridades, fue encontrado el cuerpo destazado de otro individuo.
Los restos se encontraban en varias bolsas negras, de esas que se usan para guardar la basura.
El macabro hallazgo fue hecho en el ejido San Joaquín, de una demarcación que desde hace años padece el azote de los criminales, principalmente del guachigás, que ordeña los ductos que pasan por Nativitas. Hasta ahora, ningún operativo ha frenado ese delito.
La tercera víctima mortal fue una mujer, encontrada con visibles huellas de violencia; el cuerpo fue hallado en Popocatla, del municipio de Ixtacuixtla, que poco a poco ha ido apareciendo en los registros de muertes violentas, situación atribuida a la vecindad con San Martín Texmelucan, uno de los municipios más violentos e inseguros del país.
En el caso de este municipio, varios delincuentes han hecho de las suyas aprovechando la intensa actividad comercial de Texmelucan.
Últimamente se han dado varios casos de personas a las que se ha despojado de dinero o automóviles, precisamente porque los maleantes han escogido a Ixtacuixtla para atraer a incautos, supuestamente para vender o comprar coches.
Una vez enganchados, los desvalijan de las unidades o del dinero que llevan.
Sangrientos fines de semana como este se están convirtiendo en la norma, sin que haya una respuesta adecuada ni coordinada por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno. Y luego se molestan cuando se les cuestionan las cifras alegres.


