MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
Comparte esta nota

Miguel Acatzi Luna y Ernestina Carro Roldán han comprobado que Tlaxcala, como entidad y sus municipios han pérdido la batalla ante la delincuencia. No fue de madrugada, en la oscuridad o lejos de la mirada de testigos. El asesinato fue a plena luz del día y con su hijo como testigo, más los vecinos que se acercaron de inmediato.

La víctima fue un abogado de 56 años, identificado como Efrén N. Él fue ejecutado con al menos siete impactos de arma calibre 9 mm dentro de su Volkswagen Jetta azul, en la Privada Ciencias de la Salud, Barrio Guardia en Zacatelco.

Todo ocurrió alrededor de las 8:00 horas cuando salía de su casa para llevar a su hijo a la escuela. En ese momento un sujeto con cubrebocas lo interceptó, vació su arma y huyó. No hay detenidos hasta el momento.

La absurda Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) -para variar- abrió carpeta por homicidio calificado, pero su comunicado es genérico: solo confirma el reporte al 911, la llegada de peritos y que “continuará investigando”. Que sorpresa un comunicado así de Ernestina Carro.

La hipótesis más fuerte que circula es un ajuste de cuentas por conflictos de regularización de terrenos presuntamente apropiados ilegalmente. Todo apunta a un crimen planeado, a plena luz del día, en una zona residencial cercana a la Facultad de Ciencias de la Salud de la UATx. Esto no es un robo común: es una ejecución selectiva contra un litigante.

El municipio, que se autodenomina “Corazón del Sur”, lleva más de un año con la promesa de campaña “Zacatelco fuerte y seguro” y los resultados son un fracaso rotundo.

La inseguridad no solo no ha bajado: ha aumentado de forma visible con robos a comercios, vehículos y casas habitación casi diarios. Este homicidio de un abogado en horario escolar, frente a su propio hijo, es la prueba más cruda de que la estrategia de seguridad municipal es inexistente o ineficaz y el Estado poco ha abonado.

Acatzi Luna, primer respondiente como autortidad municipal, ha tenido que cambiar de director de Seguridad Pública en fechas recientes, reconociendo implícitamente que el anterior no estaba certificado ni cumplía con la normativa.

El gabinete municipal luce improvisado, sin capacidad para coordinar con Policía Estatal, ni para generar inteligencia local. Mientras el alcalde rinde informes de obras y presume calificaciones mediocres a nivel nacional, la ciudadanía vive con miedo.

Este caso no es aislado: es el síntoma de una administración que llegó “gris”, sin proyección y que no ha sabido responder a un municipio conurbado con Puebla, donde los conflictos por tierras son pan de cada día. El lema “fuerte y seguro” hoy suena a burla y es acallado por el sonido de un calibre 9 mm.

El antecedente no es mejor, recordemos al exalcalde Hildeberto N., alias “El Cachorro”, quien en su administración impulsó el modelo de Mando Único Policial en Zacatelco como gran bandera de “modernización” y control de la seguridad. En verdad le impusieron ese modelo, pero no funcionó.

El sistema se presentó como la solución definitiva para acabar con la dispersión de corporaciones y mejorar la respuesta. El resultado, a la vista de los hechos, es que fue un fracaso estrepitoso y más de maquillaje político que de fondo.

Bajo su administración se centralizó el control, pero no se atacaron las causas reales: corrupción en permisos de terrenos, impunidad en litigios agrarios y falta de inteligencia contra grupos que operan ajustes de cuentas.

“El Cachorro” terminó vinculado a proceso por peculado, preso y luego liberado con fianza millonaria; su legado de “mando único” quedó como un cascarón vacío que no impidió que la violencia escalara.

Hoy, con su hijo (“Cachorrito”) ya posicionándose para futuros cargos, queda claro que ese modelo sirvió más para concentrar poder y opacidad que para proteger a la gente. El homicidio de ayer demuestra que el mando único no generó prevención ni disuasión: solo burocracia y continuidad de la misma ineficacia que hoy hereda el actual alcalde.

 Ernestina Carro Roldán no puede seguir presumiendo avances solo en violencia de género (donde reporta sentencias y fiscalías especializadas) mientras el resto de la procuración de justicia se cae a pedazos.

Este homicidio calificado, con móvil probable de disputa de tierras y ejecución pública, ocurre en un estado que históricamente se vendía como seguro y que ahora acumula hechos violentos casi diarios.

El comunicado genérico de la FGJE fue redactado sin nombre de víctima, sin avance en detenciones y sin reconocer el contexto de “ajuste de cuentas”. Eso no es prudencia: es silencio cómplice que genera impunidad.

La sociedad tlaxcalteca está harta de que la fiscal hable de “nueva era” y de miles de años de prisión en feminicidios, pero no resuelva en tiempo real casos como este, donde un litigante es acribillado y la carpeta parece avanzar a paso de tortuga.

La percepción ciudadana es clara: hay “resaca” institucional, falta de resultados concretos y una Fiscalía que reacciona en lugar de prevenir. Mientras no haya detenidos rápidos ni se desarticule la red detrás de estos conflictos de tierras, las palabras de Carro suenan huecas.

Este crimen expone la cadena completa de fallas —municipal ineficaz, legado fallido del mando único anterior y una Fiscalía reactiva—. La indignación social es legítima y crece: la gente ya no cree en discursos ni en cambios de directores. Exige acción inmediata, menos comunicados vacíos.