El exrector de la Universidad Politécnica de Tlaxcala (UPTx), Narciso Xicohténcatl Rojas, ha vuelto al escrutinió luego de una amplia entrevista ofrecida al portal SINEMBARGO, donde se le cuestionó por la Estafa Maestra. Quien haya visto el material confirmará que el izquierdista se presenta como una víctima inocente atrapada en las redes de ese conflicto, un esquema masivo de triangulación de recursos federales que involucró a universidades públicas para desviar millones de pesos. Más de 170.
Según su relato, la institución bajo su mando firmó convenios en medio de una precariedad presupuestal crónica, creyendo inicialmente que participaría en “trabajos académicos reales” —como investigaciones, estudios de campo o encuestas—, pero terminó recibiendo solo un porcentaje mínimo (alrededor del 3%) por autorizar documentos prefabricados, mientras otros ejecutaban las tareas.
Xicohténcatl Rojas insiste frente a los periodistas que lo entrevistaron, que advirtió los riesgos, que se opuso cuando le informaron que ya tenían personal asignado y que, pese a ello, quedó envuelto en observaciones millonarias de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), con irregularidades que rondaron los 170-178 millones de pesos en trabajos no realizados.
Sin embargo, esta narrativa de “chamaco” o de académico perseguido por no cooperar con corruptos mayores resulta altamente cuestionable cuando se revisa su historial durante la rectoría.
Lejos de ser un funcionario intachable dedicado exclusivamente a la academia, enfrentó múltiples señalamientos y procedimientos legales que revelan un patrón de prácticas irregulares y conflictos de interés, particularmente en relaciones con la iniciativa privada.
Durante su gestión, fue detenido en noviembre de 2015 por agentes ministeriales, acusado de fraude genérico en agravio de una empresa privada (Corporativo Elvan de México), que lo denunció por incumplir un contrato y no entregar servicios o trabajos comprometidos, pese a haber recibido pagos. Esa información la tuve en las manos en mi paso por el portal e-consulta
Aunque fue liberado rápidamente (en cuestión de horas según algunos relatos), la empresa apeló el auto de libertad, lo que evidencia que no se trató de un asunto menor o infundado.
Este episodio no fue aislado: corporativos y empresarios de la zona lo acusaron de ofrecer asesorías, servicios técnicos o trabajos cobrados a precios elevados, aprovechando el cargo y los recursos o el prestigio institucional para generar ingresos personales o paralelos, en un contexto donde la universidad pública debería priorizar su misión educativa y de investigación sin incurrir en negocios opacos con el sector privado.
Estos antecedentes locales —reportados en medios locales tanto impresos como digitales desde 2015-2016— muestran que su administración no fue precisamente un ejemplo de transparencia o pulcritud.
Al contrario, generaron desconfianza entre proveedores y actores económicos de la región sur de Tlaxcala, donde la institución tiene presencia.
Las acusaciones de corrupción institucionalizada o de “negocios al amparo” de la rectoría no surgieron de la nada, sino de experiencias concretas de incumplimientos contractuales y cobros cuestionables que, según críticos, formaban parte de un modus operandi para complementar ingresos en detrimento de la ética pública.
Que ahora se victimice, destaque la impunidad de operadores de alto nivel y califique a los verdaderos responsables como “ladrones rascándose la panza” mientras él gasta en abogados y procesos desde hace nueve años, suena a una estrategia para curarse en salud. Pero en la izquierda (donde nació), y en la derecha más burda ya conocen de qué pie cojea Narciso.
Su molestia parece radicar menos en la indignación por la corrupción sistémica y más en haber quedado marginado de los beneficios mayores del esquema, o en que su propia reputación —ya manchada por señalamientos previos— termine asociada irremediablemente a uno de los mayores escándalos de desvío en México.
El exrector no encaja del todo en el rol de “académico inocente” que persigue. Su trayectoria incluye detenciones, demandas por fraude, apelaciones empresariales y críticas recurrentes por presuntos abusos en tratos con la iniciativa privada.
Pretender victimizarse plenamente ignora convenientemente ese historial turbio, que da peso a la idea de que su participación en convenios cuestionables no fue un error ingenuo, sino parte de una forma de operar que ya había generado conflictos y observaciones mucho antes de que la ASF destapara la red mayor.
La verdadera crítica no es solo a la impunidad de los poderosos, sino a cómo figuras como él usan el discurso anticorrupción para limpiar su propia imagen, cuando los hechos locales cuentan una historia muy distinta.
Personalmente opino, igual que muchos, que la gente de Rosario Robles buscó perfiles tan sucios como el del tlaxcalteca, justamente sabiendo que no se enfadaría con la propuesta de hacer negocios indebidos. El problema fue que al ser encarcelada y comenzar una cacería de brujas en su contra acabó por afectar a los mandos medios y bajos entre ellos el tlaxcalteca que se dice inocente, aún cuando sus antecedentes nos dicen todo lo contrario.

