Éste día los tlaxcaltecas tendrán que guardar sus carteras, esconder pertenencias de valor y sobre todo, hacer caso nulo del discurso hipócrita que se escuchará desde Palacio de Gobierno de parte de Kenneth Lee Salazar (Ken Salazar), un hombre de tez blanca pero alma negra. Ese gringo con sombrero es el embajador de Estados Unidos en México.
No es gratuito que Andrés Manuel López Obrador -de manera histriónica- finja saber a veces, y otros días saber un poco menos, de la información que circula desde los Estados Unidos de Norte América en torno a la detención, secuestro, entrega o intercambio de Ismael “El Mayo” Zambada. Los gringos dicen que ellos no sabían nada, pero si deslizaron la idea de que todo se trató de una traición, sabiendo que eso desencadenaría una guerra interna en Sinaloa, inicialmente.
Este hombre que se maneja como amigo de México y aliado de nuestra cultura, es el mismo que conoce de la entrega del dinero a grupos como “Mexicanos contra la Corrupción”, asociación que desestabiliza la política y democracia en este país, tal y como le gusta a los gringos hacer en los países so pretexto de apoyar la “democratización”.
Apenas el viernes pasado Ken Salazar salió a fortalecer esa vocación hipócrita con una declaración que pareció anecdótica, casual e incluso poco maliciosa, pero hacerla dos semanas después de la detención con absurdos como el presunto desconocimiento de una aeronave por territorio estadounidense en la que les llegaron dos de los más buscados, es simplemente una payasada. De ese nivel es su respeto.
La mentira de los gringos pareciera -todavía- es en respuesta a la lamentable desaparición de uno de sus agentes de la DEA, Kiki Camarena, que desafortunadamente perdió la vida en nuestro territorio a manos de un cártel y los “Ken Salazar” que trabajaban para la agencia en México en 1985 se encargaron de buscar culpables y no les importó aplastar derechos humanos o negociar con todo lo que tenían a la mano. Hicieron de todo con tal de obtener información.
El resultado fue un médico mexicano (Humberto Álvarez Machain) secuestrado y llevado a territorio estadounidense, pues se le acusaba de haber mantenido con vida a su agente para ser víctima de tortura. Solo ellos saben si tuvieron la certeza de eso, pero lo que fue de dominio público fue el daño que se le hizo a la familia del médico y al propio galeno que fue tomado como chivo expiatorio. Nadie puede olvidar ese episodio vivido en México.
Es probable que Ken Salazar venga en “buen plan”, a probar pulque, a visitar las luciérnagas, a “aprobar” la designación del gabinete de Claudia Sheinbaum Pardo. O quizá venga a hablar de los presidentes municipales y autoridades que están coludidos con el trafico de indocumentados. Las notas sobre bodegas y policías municipales utilizados para su resguardo en territorio tlaxcalteca ahí están.
Pero será importante recordarle que en Tlaxcala aunque se le tratará con respeto y diplomacia conocemos el historial de los golpes de Estado, el amor que tiene por el intervencionismo, la desinformación, la desestabilización y las operaciones encubiertas que realizan.
Rápido y Furioso fue de los episodios más sonados y conocidos que tuvieron con Felipe Calderón, pero con seguridad no será el último. Así que estimado Ken, nosotros como usted sabemos jugar a la diplomacia, pero también tenemos nuestra propia historia y le convendría investigar cómo llegamos hasta el norte del país, las Filipinas y para mayor referencia puede investigarnos con algunos Samuráis. Bienvenido a Tlaxcallan Ken Salazar.
Las tres de ley… 1- La noche que nadie duerme se adelantó y se realizó una primera edición el 13 de agosto, de eso quedó constancia en una invitación girada desde palacio de gobierno a los funcionarios consentidos para reunirse en Casa Huamantla.
2- Para este acto no todos fueron convocados, pues se trató de un acto cerrado para celebrar los primeros 20 años de trayectoria de Carlos Rivera Guerra, el huamantleco que saltó a la fama en “La Academia” y que merece todos los festejos, incluyendo a los miembros de la Iniciativa Privada.
3- Quizá la única observación es que el dinero desviado para invitaciones, llamadas telefónicas, o el mínimo gasto que se haya realizado para el acto -porque seguramente dirán que todo corrió a cargo de Rivera Guerra- pudo usarse para patrullas, arreglar las calles de la capital o incentivar a deportistas que tienen que andar pidiendo regalado para competir. Así no se puede
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